Vuitton meets Kusama



Hace tiempo ya que el “Artchandising”, incluir el arte en las tiendas como punto de atracción para clientes, fusionado o no con los productos, dejo de ser una nueva tendencia en el retail para convertirse en algo frecuente y habitual.


Muchas marcas, sobre todo las de lujo, llevan un tiempo recurriendo al uso del arte como una forma de conseguir atraer a más clientes y conseguir que pasen más tiempo en la tienda a la vez que se consiga una mayor conexión emocional con los mismos. Qué mejor que recurrir al arte o a técnicas sacadas de museos y galerías de arte para convertir la tienda en una atracción artística y con ello una nueva forma de ver la tienda y la marca.


Si en Londres se pueden encontrar camiserías con rincones de exposición de fotografía, o enormes estatuas presidiendo una tienda de bolsos, no digamos en Paris (ya os mostramos por ejemplo una perfumería), Roma o Milán donde directamente algunas marcas se instalan en auténticos edificios históricos.

Ejemplos tenemos a cientos, desde la tienda de Mulberry o la National Geographic en Londres que tienen un espacio dedicado a galería de arte permanente, a la colaboración de Chanel con Zaha Hadid para crear un Museo Chanel Móvil que se ha ido montando en diversas capitales del mundo para crear más atracción por la marca a través de su vinculación al arte. El extremo, marcas como "Clemens en August", que suele exponer sus selectas líneas de moda minimalista en galerías de arte.


Aquí en España tradicionalmente lo hemos podido ver de la mano de Loewe, una firma que se ha inspirado, cuando no ha recurrido al arte mismo, en numerosas ocasiones para la realización de sus escaparates o sus diseños. La ultima, esta misma primavera gracias a las figuras realizadas por el artista Antonio Ballester que han decorado sus escaparates y, sobre todo al rediseño por parte de este mismo artista de una colección de pañuelos característica de esta firma.

Además el vínculo existente entre la mítica firma de marroquinería y el arte contemporáneo se ha hecho aun más fuerte desde la apertura, el pasado 11 de abril del Espacio Loewe en Barcelona, un lugar que además de laboratorio de los productos menos convencionales de la firma es también galería donde mostrar las obras de artistas contemporáneos internacionales.


A un nivel mas popular también marcas como ZARA se unió el pasado verano a esta tendencia al convertir los escaparates de tres de sus mas emblemáticas tiendas, las de Madrid - Gran Vía, Paseo de Gracia – Barcelona y Osford Street – Londres, en “salas de museo” en las que se exhibían obras del diseñador canadiense Aaron Moran. Y ya hace tiempo os hablamos de la instalación de una de sus tiendas en una autentica joya del arte, un antiguo convento del siglo XVIII de la ciudad de Salamanca.


Pero si hay una firma que ama el arte –con permiso de Prada – ésa es Louis Vuitton. Sus colaboraciones con artistas como Stephen Sprouse o Takashi Murakami, de las que ya os hemos hablado en otras entradas, han dado lugar a experimentos insólitos y únicos, que se han materializado en forma de bolsos, pañuelos y demás accesorios, que hoy se consideran piezas de coleccionista y se han extendido a sus conceptos de tiendas, exposiciones, etc.

Desde su creación en 1854, Louis Vuitton ha mantenido una estrecha relación con el mundo del arte. Siguiendo esta tradición, reforzada bajo la Dirección Artística de Marc Jacobs, la ultima en revolucionar la marca ha sido la artista japonesa Yayoi Kusama. Juntos han colaborado (muchos dicen que más que una colaboración ha sido un flechazo) y saltándose el famoso patrón de Louis Vuitton han creado una colección bautizada como ‘Infinitely Kusama’ adoptando el tan obsesivo patrón repetitivo de puntos de Kusama.


Después del patrocinio de la Tate Kusama, exposición celebrada a principios de este año, e inspirado por sus diseños repetitivos, la marca ha creado 64 piezas cargadas de sus colores y sus emblemáticos puntos. Y es que los lunares cubren completamente la ropa de la colección ready-to-wear, los zapatos, relojes, gafas, y las piezas de joyería, y expresan las ilimitadas posibilidades de jugar con las escalas, los colores y las densidades.


El concepto de tienda también está inmerso en los lunares: lámparas perforadas gigantes cuelgan sobre mesas de exhibición, mientras que las paredes, los suelos y las vitrinas están cubiertas de una infinidad de puntos brillantes en varios tamaños.

Escaparates en todas las tiendas de Louis Vuitton de todo el mundo se han dedicado a la colección de Vuitton y Kusama. Todos esos escaparates recogen elementos de la colección, los famosos puntos y otros elementos que recuerdan a las primeras obras de la artista. Desde el buque insignia de Louis Vuitton, su tienda en la Quinta Avenida de Manhattan, hasta Selfridges de Londres.


En total han sido siete tiendas, con la colaboración de Kusama, para su lanzamiento en 2012, aunque, sin duda, la apertura de la de Selfridges ‘fue una de las más esperadas. Los espectáculos de la artista, de 83 años de edad, frente a su nueva colección en el escaparte fue algo especial, toda una performance. Además, en una acción sin precedentes, Selfridges ha dedicado todos sus 24 escaparates a una sola marca. La increíble toma de posesión comenzó el 24 de agosto de 2012 y corre hasta el 19 de octubre 2012.


Todo empezó en el 2006, cuando Jacobs conoció a Kusama en Tokyo. Como coleccionista de arte, es admirador de sus esculturas y pinturas.“El carácter obsesivo y la inocencia de su obra me cautivó’’, declaró el diseñador. La admiración es mutua. Kusama, cuyos trabajos incluyen diversas manifestaciones que examinan la ropa y el cuerpo es admiradora de la creatividad de Jacobs. Una foto de su encuentro está colgada en el estudio de Kusama, en Tokyo.

Jacobs organizó la retrospectiva de su obra de la que hablamos antes que pudo verse en el Museo Reina Sofía, de Madrid, en el Pompidou, de París, en la Tate de Londres y en el Whitney de Nueva York.


La artista, que se describe como obsesiva, ha usado todas las técnicas, desde la escultura, la pintura, la fotografía, el cine y la escritura para transcribir su distorsión de la realidad. Ella concibe su vida como “un lunar perdido entre millones de lunares”. Por eso la colección tiene como protagonistas a los lunares. Infinidad de lunares por todo el mundo para transmitir su mensaje: Love Forever.


La artista nipona nació en 1929, vive en un psiquiátrico, ganó fama en los años 50 por su obra “redes infinitas”, en el ’59 se instaló en Nueva York y participó del universo de Andy Warhol y Donald Judd. En 1973, regresó a Japón, donde vive en un hospital psiquiátrico y asiste a su estudio a diario, en un autobús pintado de puntos rojos, para trabajar en su obra. Yayoi asegura que su obra es producto de alucinaciones, piensa en forma serial y en puntos llamados “polkas”.
De todas maneras, colaboraciones tan increíbles como esta son poco comunes.


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