Almacenes El Encanto

Si hablamos del establecimiento comercial que mas ha influido en el comercio moderno de España, éste no estuvo en Francia ni en Estados Unidos sino que estuvo en Cuba y se llamaban Almacenes el Encanto.

Cuba en el último tercio del siglo XIX se había convertido en una colonia más poderosa que la metrópoli, en una república próspera, siendo su capital, La Habana, una gran ciudad, con un enorme potencial económico, con una renta per capita superior a la española y con una población que copió y adoptó los patrones de la sociedad capitalista mucho antes que la española.



La modernización se aprecia en el desarrollo de una economía de mercado, en una progresiva industrialización de los sectores básicos y en la aparición de una sociedad más abierta y dinámica que la española, todavía decimonónica y con escasas perspectivas de cambio. Según contaban a su vuelta los viajeros que visitaban La Habana, era habitual ver automóviles por sus calles, cuando en España eran casi desconocidos y sus tiendas y comercios estaban más próximos a los de cualquier ciudad de Norteamérica, que a los del país que hasta entonces había sido su metrópoli política.



De los cerca de dos millones de habitante que componían su población en el último tercio del siglo XIX, un elevado porcentaje eran emigrantes españoles, sobre todo de la zona noroeste, que habían consolidado su posición, siendo algunos de ellos propietarios de los más importantes comercios de La Habana, pues el pequeño comercio estaba fundamentalmente en manos de españoles. Por ello no es casual que muchos de los recién llegados se iniciaran profesionalmente en este sector, donde sus paisanos les daban empleo. Este hecho y las relaciones establecidas a través del triángulo comercial Norteamérica-Cuba-España hicieron que Cuba se convirtiera en la principal correa de transmisión de las modernas técnicas comerciales entre Estados Unidos y España.



Esto explica que los principales empresarios del comercio español hicieran su aprendizaje en Cuba y que una vez aprendido el oficio, volvieran a España, donde reprodujeron el modelo americano, entre ellos los fundadores de los Almacenes el Siglo en Barcelona Eduardo Conde y Jiménez y su socio Pablo del Puerto en los almacenes que Ramón Herrera, otro emigrante español, tenía en La Habana, asi como los fundadores de Sederías Carretas (Galerías Preciados) y de El Corte Inglés que trabajaron y se formaron en un establecimiento fundado a su vez por asturianos y en el que el modelo de gran almacén norteamericano se había copiado miméticamente, los Almacenes El Encanto.

En El Encanto fueron contratados César Rodríguez, Ramón Areces y Pepín Fernández cuando llegaron a la ciudad. En este establecimiento adquirieron su experiencia comercial, aprendieron técnicas innovadoras y una nueva forma de practicar el comercio y de vender. Para los tres futuros empresarios españoles estos almacenes fueron una escuela de aprendizaje. En ellos adquirieron un bagaje profesional que les permitió convertirse en unos empresarios emprendedores cuando regresaron a España.



Los almacenes El Encanto recogieron y pusieron en práctica gran parte de las técnicas comerciales desarrolladas en los Estados Unidos, basadas en la diversificación y la agresividad.

Las proporciones y las dimensiones que adquirió se reflejan en el número de empleados que llegó a tener. Algunas fuentes mantienen que en la primera década del siglo superaba los mil trabajadores, aunque otras consideran que estas cifras no se alcanzaron hasta la década de los cuarenta pero todas las informaciones coinciden en que a principios de siglo era uno de los comercios más elegantes de la isla, que poco tenía que envidiar a los almacenes más importantes de Norteamérica, ni por dimensiones, ni por artículos vendidos. Un viajero contaba como los españoles se extasiaban ante sus escaparates, que exhibían mercancías inexistentes en esos años en España.



Los comercios cubanos en esta época practicaban una política de corte paternalista. Los trabajadores, salvo excepciones, eran contratados en el escalafón más bajo, como cañoneros (chicos para todo que debían salir como un cañón cuando se les pedía algo). Sin embargo si demostraban valía, fidelidad y ganas de trabajar el ascenso a empleos intermedios estaba garantizado, pudiendo llegar a ocupar puestos superiores y de responsabilidad.

En El Encanto, como en muchos establecimientos del continente americano en esta época, se pagaba anualmente; de manera que una vez terminado el año, el sueldo era fijado por el dueño, con cantidades distintas para cada trabajador. La demora en el pago tenía dos consecuencias para los trabajadores. Por un lado hacía que los empleados vivieran en una situación precaria. Pero por otro tenía la ventaja de fomentar el ahorro, lo que posibilitaba que algunos dependientes, después de unos años de trabajo, o bien volvieron a España con un cierto capital o se establecieran por su cuenta en la isla. Para los comerciantes la ventaja era evidente: permitía la autofinanciación, al contar la empresa con los sueldos.



En estos almacenes, como en muchas empresas comerciales americanas, a los dependientes se les estimulaba con la posibilidad de interesarles en el negocio. Ser interesado implicaba un puesto de responsabilidad y la posibilidad de una participación en los beneficios. El objetivo era incentivar a los trabajadores más eficientes y hacerles sentir la empresa como propia. Igual que ocurría con el sueldo, las cantidades, acumuladas por este concepto, quedaban en depósito. Se entregaban al trabajador, cuando éste las solicitaba para hacer frente a un gasto o cuando abandonaba definitivamente la empresa, con los intereses correspondientes. Era una figura muy extendida en los comercios americanos, pues la venta es una actividad que depende en gran medida del tesón de los dependientes, por ello cuanto más estímulos tengan más esfuerzos harán por vender.



Los tres grandes empresarios del comercio en España: César Rodríguez, Pepín
Fernández y Ramón Areces fueron contratados en El Encanto. El primero en llegar y el que más tiempo permaneció en los almacenes fue César Rodríguez, tío de Ramón Areces. Desembarcó en Cuba en 1896, en 1900 fue contado en El Encanto y tres años después, con veintiún años, fue nombrado socio industrial e interesado en el negocio y a finales de 1906 le nombraron gerente. De manera que a los seis años de haber llegado, con veinticuatro años de edad, pasó a ocupar el puesto de máxima responsabilidad. En 1960 decidió volver a España.



Pepín Fernández fue el segundo en ser contratado. En 1908 había emigrado a Méjico y dos años después se trasladó a Cuba. Al llegar a La Habana contactó con su pariente César Rodríguez, que ya era gerente. Fue acogido primero como parado (suponía ser alojado y mantenido a cambio de ayudar en algunas tareas, pero sin que ello supusiera una relación contractual), después fue contratado como cañonero y unos meses después fue nombrado dependiente. En 1912 fue trasladado a las oficinas, al principio, se encargó de la contabilidad y después del departamento de publicidad, en el que realizó su labor más importante Con veintidós años le nombraron apoderado y le interesaron en el negocio y cinco después, con tan solo veintisiete, ocupó el puesto de gerente. En 1931 decidió volver a España.



Finalmente en 1920 Ramón Areces desembarcó en el puerto de La Habana con quince años. Al día siguiente de su llegada fue contratado también en El Encanto como cañonero. Trabajó en los almacenes diez años, pero no tuvo tanta suerte como sus parientes, pues llegó a Cuba en una etapa de recesión, que afectó a los comercios. Sin embargo con la financiación de su tío César se trasladó a Estados Unidos, donde permaneció cuatro años. La experiencia que adquirió durante este tiempo, fue fundamental para su vida profesional posterior. En estos años aprendió cómo funcionaban y como se trabajaba en los almacenes más desarrollados del mundo.



En 1929 César Rodríguez abandonó El Encanto, pero no se fue con los bolsillos vacíos. Se calcula que había acumulado entre sueldos y beneficios en torno a un millón y medio de pesos de la época, que le fueron entregados, no sin problemas, por parte de la Sociedad. Con el capital reunido emprendió sus propios negocios. Abrió en La Habana los Almacenes Ultra que funcionaron hasta el estallido de la revolución de Castro y en España financió la instalación y expansión de El Corte Inglés, de cuya gestión se encargó su sobrino Ramón Areces que también decidió regresar a España en 1934, pues tío y sobrino, consideraron que, con la llegada de la República el país entraría en la senda de la modernización, por lo que se abría una etapa propicia para instalar un negocio y qué mejor que una tienda, actividad en la que ambos tenían experiencia.



En 1931 Pepín Fernández también tomó la decisión de dejar El Encanto y regresar a España, donde en 1934 abrió con el capital que había acumulado su primera tienda, Sederías Carretas.

El resto es la historia de nuestro comercio moderno de la que os hablaremos en próximas entradas.

Parte del texto que conforma esta entrada esta extraido de la tesis “Grandes Almacenes populares en España” realizada por Pilar Toboso Sanchez de la Universidad Autonoma de Madrid

Los Almacenes El Encanto estuvieron en activo hasta el triunfo de la revolución cubana en 1959, las fotos que ilustran esta entrada pertenecen a los años 50.Completamos esta entradacon un interesante y entrañable video (dividido en 3 partes) realizado por la asociacion de antiguos empleados de dichos almacenes que actualmente viven refugiados en Miami.





4 comentarios:

  1. Impresionante! Muchisimas gracias por la informacion, es fascinante. Creo que ya os comente que mis abuelos conocian a Pepin Fernandez y sabia de la conexion cubana, pero no tenia idea de "El Encanto".

    Que lastima Cuba, y no lo digo (solo) por el actual regimen, sino por como ha sido un juguete en manos de unos y otros, que hemos usado y abusado de la isla todo lo que hemos querido, y no nos cansamos de darles lecciones, en uns entido o en otro. Aqui gana el consumista que hay en mi: ver estas fotos, y comparar con la penuria comercial actual en la Habana es para echarse a llorar.

    Fobuloso documento, muchisimas garcias!

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  2. Genial este post, me ha encantado.
    Sabía de los inicios de estos conocidos nombres en ultramar, pero desconocía que hubieran todos aprendido en el mismo lugar.

    Inevitable, es cierto, comparar con la actualidad económica y social de la isla, para bien y para mal.
    Saludos,

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  3. Ardilla, gracias a ti, un dia tendrias que hablar largo y tendido de esos conocimientos y amistades tuyas y de tu familia.

    Si, con Cuba se ha jugado mucho, y si ahora esta mal la cosa, miedo da el dia en que cambien las cosas y regresen todos los exiliados, entre ellos y la influencia americana (y los dolares) no va a
    reconocer la isla ni su descubridor. Ya me imagino toda la Habana Vieja convertida en un parque tematico de colores con sus McDonalds, sus Starbucks, etc.
    No sabemos como se adptaran los isleños al cambio, pasar de la ausencia extrema al excesos absoluto...

    mcarmen, Nosotros si conociamos el hecho ya que el fundador de Cortefiel trabajo en unos almacenes en Cuba antes de instalarese en España y uno de nosotros trabajo una larga temporada en dicha firma.

    Pero la verdad es que llevamos un tiempo fascinados por la historia del comercio de este pais y lo queremos compartir con vosotros y nos alegra que os guste e interese todo empezo buscando un poco de informacion sobre unos antiguos almacenes en Madrid...

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    1. Cuba ha tenido estrechas relaciones comerciales con los Estados Unidos desde que era colonia y por mas de dos siglos, si en ese tiempo los cubanos que si supimos aprovechar su comercio, su tecnología y tomar lo que nos pareciese de su cultura y al máximo hasta 1959 no nos dejamos convertir en un parque temático pues que le hace pensar que ahora lo permitiremos?. No se que exiliados cubanos conoce usted ni que experiencias tendrá con estos pero los hay de todos tipos e inclusive hasta aristócratas como este servidor y otras casi cuatrocientas familias mas tituladas por la corona Española, Las Sicilias, Alemania y la iglesia católica que regresaremos muy a pesar suyo, no tanto para llenar La Habana de Starbucks y McDonalds como usted comenta pero si para reforzar nuestra herencia española - europea y nuestra verdadera cultura que los cominustas han tratado de minimizar y destruir allí, y si, también abrir empresas y negocios para darle dignos empleos a los cubanos que bajo ese inepto y miserable sistema hasta los médicos y los abogados solo ganan $20.00 mensuales. Por que piensa usted que no vamos a respetar nuestro valores y nuestras ciudades las cuales el comunismo ha llevado a la total ruina y piden a gritos una reconstrucción para que no se pierdan de una vez y por todas? Además no cree que toda persona tiene derecho como lo hicieron los antiguos dueños de El Encanto de radicarse en Cuba, hacer fortuna y grandes obras como ese famoso establecimiento el cual fue arrebatado a sus dueños por estos individuos que si no hubiese sido por el sabotaje sufrido lo hubiesen convertido en una tienda para vender ropas usadas como han hecho con Flogar, Fin de Siglo y otras tiendas de lujo en La Habana, menudo futuro para un establecimiento de tal envergadura en las manos de esos sucios. Tal parece que es que hay muchos comunistas opinando y mis mas fervientes deseos es que algún día tengan la tan deseada oportunidad de vivir bajo ese sistema, ya veremos como se sienten cuando cierren los McDonalds, los Starbucks, los parques temáticos, las tiendas por departamento , en realidad todas las tiendas, los supermercados, tengan que comprar las poquísimas cosas que indica la libretita del gobierno y hacer fila por un par de días para comprar un rollete de papel higiénico con el estomago pegado al espinazo, además mirando como sus casas y sus grandes edificios construidos por el capitalismo se destruyen pues los comunistas ni construyen ni reparan nada cuando no les conviene, todo esto sin poder protestar, que maravilla!. Créame nada de lo que usted piensa va a pasar, tampoco ha pasado en París ni en Roma, yo creo que el miedo es mas a que se compare una Cuba del Futuro a lo que dejaron los comunistas detrás y el gran fiasco y fracaso de los comunistas-socialistas en su ultimo basteon.
      Verdaderamente el que no conoce bien la historia de un país y sus gentes lleva a algunas personas a pecar de ignorante.

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