Conservacion y Actualización

Si repasamos los negocios históricos de Madrid que conservan sus instalaciones originales, al igual que en otras muchas ciudades de España, podemos comprobar que mayoritariamente son de dos tipos los que han sobrevivido: los de hostelería (bares, tabernas, mesones, restaurantes, etc., que aunque ya no pertenezcan a la misma familia que los fundó muchos de los nuevos propietarios si han conservado las instalaciones, decoración, etc., en gran parte porque ahí reside parte de su éxito); y las farmacias.

Las farmacias en nuestro país son un uno de los negocios más preciados, pues si están bien situadas y se han actualizado convenientemente sus ventas son muy importantes y permiten a sus propietarios vivir más que holgadamente. Lo demuestran las desorbitadas cifras que se manejan en los traspasos, ya que su apertura está regulada por el Colegio de Farmacéuticos y sólo se permite un cupo determinado para cada ciudad o zona.

Por ello no es de extrañar que cuando un profesional de este tipo monta un negocio no escatime tanto el dinero como otros y se permita instalaciones más caras y perdurables en el tiempo. Pero ya se sabe que tener dinero no es sinónimo de buen gusto, ni tampoco que por ello se vaya a recurrir a contratar los servicios de un profesional, y de esto tenemos muchos ejemplos en esta ciudad. Vamos a tratar solo dos.

Una de las farmacias mas singulares de nuestra ciudad es La Farmacia de la Reina Madre. Se trata de la farmacia más antigua que tiene Madrid y esta situada en la Calle Mayor número 59. Fue fundada en 1576, aunque se tienen noticias de que antes de este año, el establecimiento ya se dedicaba a la alquimia. El edificio donde se encuentra actualmente fue construido en 1913 por José Carrasco .

Si observamos detenidamente este local vemos que por el lado bueno parece que por él no haya pasado el tiempo y por el lado malo que sí, si que ha pasado y no ha sido para mejorarlo y ello ha sido debido sin duda al dudoso gusto y preocupación por su conservación que muestran sus actuales propietarios.

Se agradece que la fachada, uno de los elementos mas bonitos del local, se haya mantenido tal como se construyo en 1913, pero no así los demás elementos añadidos a ella tanto por parte de la farmacia como por los distintos propietarios y marcas comerciales que han ocupado su piso superior a lo largo del tiempo. Tanto unos como otros han colocado grandes banderolas para que sea bien visibles desde arriba de la calle Mayor, ya que el edificio se encuentra retranqueado de la línea de fachada general. Recordemos que este tipo de distintivos y de estas dimensiones están prohibidos por la ordenanza municipal, pero para lo que sirve….

Quizá seamos un poco extremistas pero lo decimos como lo sentimos, por otro lado creemos que el luminoso del negocio superior no se bebería consentir pues estropea la estética de ese hueco de fachada histórica, pero ahí esta.

Para terminar con el exterior y como muestra de la poca preocupación a la aludíamos antes tenemos la mala colocación de los escaparates, llenos de polvo y con productos de relleno. Una oportunidad perdida para lucir alguno de los bonitos envases antiguos del interior o campañas de algún laboratorio con buen gusto. Es preferible a veces no poner nada antes que tenerlos en ese estado.

En cuanto al interior, estamos de acuerdo en la necesidad de adaptar este tipo de locales a los nuevos productos y sistemas de exposición y venta sin intervenir en la estructura antigua, pero aquí lo único que han hecho ha sido colocar unas inadecuadas luminarias de halogenuro metálico, una antiestética mampara de aluminio (suponemos que como inevitable medida de seguridad ante los atracos que sufrían estos negocios, pero creemos que se podía haber hecho con mas cuidado) y numerosos expositores promocionales de varias marcas que dan una sensación de "ratrillo".

El suelo, el techo y los pilares nos parecen magníficos, así como los azulejos que decoran los laterales, no tanto las vitrinas superiores, ni el mostrador de caja. Este último no sabemos si será el original, pues aunque antiguo y de madera maciza adolece de la gracia que tiene la fachada.

Otro dato que desconocemos es la amplitud de la zona de rebotica, aunque la imaginamos grande, pues en el tiempo que se realizo la instalación las farmacias simplemente dispensaban a través del mostrador los productos que almacenaban y preparaban en el laboratorio de la rebotica. Hoy en dia existen grande armarios clasificadores que permiten tener el genero perfectamente colocado y ocupan muy poco espacio, habiendose reducido ostensiblemente el laboratorios de preparados.

El concepto de farmacia ha cambiado con el paso del tiempo convirtiéndose hoy día en un establecimiento donde se venden un gran numero de productos y gran parte de su beneficio está precisamente en aquellos que no se encuentran detrás del mostrador, siendo aconsejable por tanto acercar el producto al cliente, dejándole tocar, creando zonas diferenciadas de cosméticos, dietética, homeopatía etc., con una exposición ordenada y unos escaparates atractivos.

Estos establecimientos tienen todo a su favor pues, por un lado tienen una afluencia de público asegurada por el medicamento receta, y por el otro se suman las nuevas gamas de productos y tendencias de venta. Esto es algo que deberían tener muy en cuenta los empresarios farmacéuticos.

Como profesionales, y a modo de ejemplo, nosotros propondríamos conseguirlo en esta farmacia en un principio, estudiando la posibilidad de disminuir el espacio de la rebotica para ampliar el de venta. Posteriormente limpiaríamos todo lo accesorio y eliminaríamos las vitrinas laterales y la del fondo, detrás del mostrador, sustituyéndolas por estanterías de cristal a lo largo de las paredes para de esta manera tener todos los productos, como antes comentábamos, ordenados y accesibles. Al ser todas de cristal se dejarían a la vista los azulejos de la parte baja de las paredes y los demás elementos relevantes de la instalación.

A muchos esto les puede parecer descabellado, pero en ciudades como Barcelona se hace con frecuencia, obteniéndose magníficos resultados, incluso con la mezcla de elementos de diseño muy moderno con los tradicionales.

El otro ejemplo del que hablábamos al principio es una experiencia propia y nos ocurrió con una clienta que nos propuso la reforma de la farmacia que acababa de comprar en la Calle del Pez de Madrid. En este caso el interior no valía gran cosa, siendo prácticamente desechable en su totalidad; no así la fachada, que aunque no calificaríamos de histórica, sí de tradicional y estando probablemente calificada como protegida por parte de Patrimonio.

Nuestra propuesta consistía en conservar y restaurar en lo posible dicha fachada y actualizar completamente el interior respetando la esencia del local, pero no fue aceptado nada de nuestro anteproyecto por su conservadurismo y al poco tiempo, tras la oportuna reforma, vimos que habían sustituido la fachada tradicional por una simple en granito pulido con cerrajería en aluminio blanco, reduciendo incluso los huecos existentes para no tener que poner demasiado cristal blindado y todo ello sin el pertinente permiso municipal.

Ante todo esto cabe preguntarse ¿Quién vigila todos estos atropellos? ¿Por qué no llega un día, antes de que se a demasiado tarde en que los ayuntamientos se preocupen seriamente por la conservación del patrimonio comercial de nuestras ciudades?¿Por que mientras algunas marcas o empresarios se esfuerzan por dar una pátina de antigüedad a sus locales, los que realmente la poseen se preocupan tan poco de conservala?
De las imágenes que ilustran esta entrada, las primeras corresponden a la mencionada Farmacia de la Reina Madre y las siguientes al anteproyecto presentado por nosotros para el segundo ejemplo y la reforma final que llevó a cabo la propiedad.

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