Grandes Almacenes en España 1 - Origenes

En el transcurso de varias entradas, que intentaremos espaciar para no resultar pesados, vamos a hacer un poco de historia sobre el comercio moderno en España, que empieza con la aparición de los primeros grandes almacenes, como veíamos en nuestra entrada relativa a Los Almacenes Madrid - París, y como va evolucionando hasta finales de los años cincuenta principalmente.

La mayor parte del texto que compone estas entradas proviene de una parte de la tesis llamada “Grandes Almacenes populares en España” realizada por Pilar Toboso Sánchez de la Universidad Autónoma de Madrid y esta disponible en formato PDF poniendo el titulo de la misma en cualquier buscador. Aunque densa y llena de detalles (ocupa unas 140 hojas) es de lectura muy recomendada, para los interesados en el tema.



Conocer la historia y el origen del comercio moderno en España nos parece interesante, entre otras cosas para ver las diferencias que se dan frente al resto de Europa. Aunque a primera vista nos parezca lo contrario el comercio no ha evolucionado demasiado y estos datos siempre nos pueden inspirar ideas o hacer reflexionar partiendo de unos hechos estudiados y probados. Por otro lado, estas entradas serian continuidad de las anteriormente dedicadas a los Grandes Almacenes de Paris y al libro “El Paraíso de las Damas”.



Los grandes almacenes son los primeros comercios que rompen con el concepto de tienda tradicional. Hasta su aparición el comercio detallista se practicaba en pequeños establecimientos familiares, actuaba en un ámbito local reducido y estaba especializado en la venta de mercancías concretas. Los cambios en los locales de venta al público habían sido mínimos durante siglos, generalmente los hijos heredaban las tiendas de los padres, reproduciendo, sin apenas innovaciones, sus prácticas. De manera que, a diferencia del sector industrial, que desde finales del siglo XVIII había entrado en una senda de modernización, en el comercio apenas se habían producido cambios. Esta situación cambia con la aparición de los grandes almacenes. Frente a la inmovilidad de la tienda tradicional, los nuevos centros van a suponer una forma más competitiva, más dinámica y sobre todo más atractiva de vender. Surgieron en un momento en el que la sociedad los demandaba, al abrigo de las transformaciones a las que asistió el mundo en el siglo XIX. Su nacimiento y posterior desarrollo estuvo estrechamente ligado a:

1. El desarrollo de la producción industrial, que hizo posible producir un
volumen de mercancías no conocido hasta entonces. La producción en masa no tiene sentido si no va a acompañada de una comercialización en masa. Se fabrica para vender. Los propios fabricantes presionaron para buscar mecanismos de venta más eficientes.



2. El desarrollo de grandes ciudades, que como consecuencia de la
industrialización, tuvo lugar en los países occidentales, con una concentración de personas no conocida hasta entonces. Sólo una población numerosa compensa la inversión que requiere este tipo de tienda. Por ello los primeros grandes almacenes se construyeron en las capitales y en aquellas ciudades con una población numerosa.

3. El desarrollo de los medios de transporte fue un factor esencial para su consolidación, pues para que los grandes almacenes se desarrollaran era necesario que los vecinos pudieran acceder con facilidad a las zonas comerciales, generalmente situadas en el centro de la ciudad. En este sentido la construcción de una red adecuada de ferrocarriles y de tranvías constituyó un elemento de vital importancia.

En el caso de París, por ejemplo, la inauguración en 1900 de la primera línea del Metropolitano facilitó la expansión de los nuevos establecimientos, al permitir que los ciudadanos que vivían en la periferia se trasladaran al centro con facilidad.



4. Finalmente para su desarrollo fue fundamental la elevación del nivel de vida de la población. La aparición de una clase media, que disfrutaba de un nivel adquisitivo, que le permitía, una vez cubiertas sus necesidades, acceder a un nivel mayor de consumo, fue un elemento esencial. Los grandes almacenes no hubieran podido mantenerse únicamente con la demanda de las clases altas, entre otras razones porque al principio éstas, al menos en Europa, fueron reacias a acudir a los nuevos centros, al rechazar los artículos en serie que ofrecían y decantarse por una oferta más personalizada. Con el paso del tiempo terminaron por acudir también a realizar sus compras en ellos.

Una vez que habían hecho su aparición, a su consolidación y desarrollo
contribuyeron un conjunto de factores ligados al desarrollo técnico y científico al que se asiste en el siglo XIX, como:

a. La invención del ascensor y de las escaleras mecánicas que posibilitó que las nuevas tiendas se instalaran en edificios de varias alturas.



b. El uso de la electricidad como fuente de energía, que permitió abrir los establecimientos durante jornadas amplias y que disfrutaran de una gran iluminación, tanto en el interior como en sus escaparates.

c. El empleo de estructuras de hierro y del hormigón armado en la construcción que posibilitó la edificación de espacios más amplios, entre columnas y mejor iluminados.

d. Finalmente la utilización del vidrio que permitió la apertura de grandes
escaparates, que se convierten en la tarjeta de presentación del establecimiento.



No es casual, por tanto, que sea durante el siglo XIX cuando los establecimientos comerciales de nuevo cuño, hagan su aparición, como tampoco que surjan en aquellas ciudades con un mayor grado de desarrollo, pues el crecimiento de la población urbana, el desarrollo de la industria, el aumento de la capacidad adquisitiva, la aparición de transportes urbanos y la utilización de nuevos materiales y técnicas crearan un marco adecuado para que los nuevos centros de comercio prosperaran. Pero sólo un grupo de comerciantes fueron capaces de darse cuenta de las nuevas posibilidades, entre otras razones porque la inversión que requerían estaba en manos de unos pocos. De manera que en un panorama que siguió dominado por las tiendas tradicionales, a modo de islote fueron apareciendo almacenes más grandes, que ponían a la venta una cantidad de artículos no conocida hasta entonces.



A principios del siglo XX en España los comercios, con excepción de los alimenticios, se concentraban en áreas concretas, generalmente en la zona centro. Las tiendas eran pequeñas y estaban especializadas en la venta de artículos concretos. Eran poco atractivas, por la escasa iluminación y la estrechez de sus dependencias. Las prácticas comerciales eran arcaicas y las relaciones laborales tenían un marcado carácter patriarcal. Al igual que en los talleres en las tiendas los dependientes solían vivir en régimen de internado. El salario bajo se compensaba con la manutención y el alojamiento, lo que les convertía en una especie de sirvientes versátiles, que atendían a la vez el negocio y ciertas tareas domésticas. Las condiciones de alojamiento habitualmente eran deficientes. Era común que los dependientes durmieran en la propia tienda, sobre los mostradores o en habitáculos, sin las mínimas condiciones higiénicas y las jornadas de trabajo se alargaban por encima de las legales, ya que era imposible controlarlas al permanecer el empleado en la casa del dueño, una vez concluida.



En la mayoría de los establecimientos, a excepción de los de alimentación, el precio se cerraba todavía mediante el regateo y la mercancía se guardaba en baúles debajo de los mostradores, pues por ejemplo entre los comerciantes de tejidos estaba extendida la idea de que «el buen paño en el arca se vende». Se consideraba que un artículo, expuesto al público, terminaba por deteriorarse o ser sustraído, por lo que preferían guardarlo bajo llave. Ello hacia que las tiendas fueran lugares poco atractivos, a las que el cliente sólo acudía cuando necesitaba un artículo concreto o para pasar el rato regateando con el comerciante o comentando las habladurías del barrio.

Una situación muy distinta a la de los países europeos más próximos, donde estas prácticas se habían desterrado incluso en las pequeñas tiendas, que ya habían introducido muchas de las innovaciones de los grandes comercios.



El estatismo de las tiendas en España no quiere decir que algunos comerciantes no fueran conscientes de los cambios que se habían producido en el comercio, sobre todo en Francia, pues desde finales del siglo XIX el impacto de los grandes almacenes de París se percibe en el nombre de ciertos establecimientos como El Louvre en la calle Fuencarral o El Bon Marche en Montera, sin embargo habrá que esperar a la segunda década del siglo XX para que la influencia vaya más allá de la simple denominación. La falta de iniciativa de los comerciantes para introducir innovaciones hay que buscarla en la escasa demanda, pues la sociedad española, dado su bajo poder adquisitivo, seguía practicando en gran parte una economía de autoconsumo, fabricando en su propio hogar, muchos de los artículos que necesitaba. De manera que las presiones para que el comercio se modernizara fueron sensiblemente menores que en otros países.



A pesar de ello durante la primera década del siglo se aprecia un incremento del número de comercios y la aparición de los primeros establecimientos con cierta entidad socioeconómica. Aumentan las empresas de carácter capitalista, sobre todo en los comercios de Madrid y Barcelona.

Coincidiendo con la celebración hoy del centenario de la Gran Via Madrileña, muchas de las imágenes con las que acompañamos la entrada de hoy pertenecen a varios locales y edificios, algunos de ellos ya desaparecidos, de esta popular y castiza avenida.

Las primera son de los ya desaparecidos almacenes Rodríguez, derribados en la década de los 70, para dar paso al que es conocido como la oveja negra y edifico mas feo de la Gran Vía y donde hoy tienen su sede los Juzgados de lo Contencioso Administrativo. A continuación os ofrecemos unos dibujos del proyecto para los Grandes almacenes Victoria, que nunca llegaron a construirse, en el solar que posteriormente ocuparía el edificio de la Telefónica. Por ultimo, unas imágenes de unos almacenes, (estos no eran grandes almacenes, sino grandes tiendas conocidas como almacenes), de los muchos que en la época había en Madrid, situados en la confluencia de la Gran Vía esquina con la calle Clavel y otro en el lateral del Palacio del Libro hoy Casa del libro.

2 comentarios:

  1. Qué buen post! Como en cualquier otro tema, la evolución del comercio en España es muy interesante! Un beso.

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  2. CaféOlé, gracias. A veces por cotidianas nos pasan desaperbidas muchas cosas.

    Un saludo.

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