Bar Velódromo - Barcelona



En nuestra última visita a Barcelona entramos por casualidad a un local cercano a nuestro hotel que nos llamó poderosamente la atención. Se trataba de un local que en principio nos pareció un antiguo café, pero que mirándolo más detenidamente nos dimos cuenta de que era o había sido algo mas
y no cualquier cosa. Se veía que era un local de un cierto nivel y con historia, - no se encuentra una escalera como esa en cualquier sitio -, y que había conocido tiempos mejores. Era obvio también que el local había pasado por varias épocas y transformaciones y todas ellas habían dejado en él su huella, la citada escalera, el billar, las barras, se notaba una mezcla de elementos, pero no una mezcla cualquiera y una puesta al dia brillante. Así que a nuestra vuelta nos pusimos a investigar un poco y aquí esta lo que encontramos: el pasado y presente del Bar Velódromo de Barcelona.


El local fue abierto el año 1933 por Manuel Pastor, su afición por el ciclismo y la cercanía del “Parque de los Sports”, un velódromo que había existido hacia 1909, proyectado por el arquitecto Raspall y que no duró demasiado tiempo, dieron nombre al Bar Velódromo.


Fue decorado con una mezcla de estilos que aunaba el estilo clásico y el art- decó. Estaba distribuido de manera que el entresuelo le otorgaba encanto y evitaba que se descubriera todo en un solo vistazo. El acceso a la planta superior era una escalera de caoba situada en el centro del local. Según los que vivieron la experiencia, el Bar Velódromo tenía un punto de misterio y era agradable, hospitalario y cómodo.


El establecimiento estaba abierto prácticamente siempre y lo frecuentaba gente de una cierta categoría. Ofrecía calidad, un trato familiar y un rincón para todo el mundo. Incluso había billares, un juego con mucha tradición en la Barcelona de la época, obra del reconocido maestro ebanista Monforte.


La Guerra Civil Española afectó al funcionamiento del Bar Velódromo. A pesar de no posicionarse en ninguno de los dos bandos, Manuel Pastor Boné fue acusado de republicano, y esto le obligó a cerrar el bar durante tres meses. Fue sometido a interrogatorios e, incluso, llegó a ingresar en el calabozo de Vía Laietana, lugar del que fue liberado posteriormente gracias a un vecino militar que declaró en su favor. Todos estos acontecimientos llevaron a Manuel a modificar algunos aspectos del bar, como el horario, dejando de estar abierto noche y día, y eliminando el servicio de restaurante, pero siempre manteniendo el estilo que caracterizaba el local. Sus muros acogieron durante los convulsos años de la Guerra Civil y el Franquismo episodios de gran trascendencia histórica: en la Guerra Civil, se reunieron en él los miembros del Gobierno de la República que se exiliaron en Barcelona y en 1951 acogió al Comité organizador de la Huelga de Tranvías que sufrió la ciudad.


Durante décadas acogió a amantes de las tertulias, políticos e intelectuales, hasta el punto que la izquierda barcelonesa lo convirtió en uno de sus feudos. En 1977 las mesas del Velódromo vieron nacer la revista L’Avenç.


Con el tiempo, el Bar Velódromo tenía un abanico de clientes fieles a su “café Manolín”, a los que se iban añadiendo las nuevas generaciones. De este modo, sin renunciar en ningún momento a su estilo, el local supo afrontar las modas, plantando cara a la competencia, los cambios de usos y costumbres y el paso del tiempo. En los 80 y los 90 el Velódromo se consolidó como uno de los locales de ocio nocturno de moda de la zona alta de Barcelona.


En el año 2000 se jubilaba el hijo del fundador y fue cuando cervecera Moritz se interesó por el mítico bar y decidió adquirirlo para su restauración.


Y seis años de laboriosos trabajos fueron necesarios para que este mítico local del Ensanche Izquierdo de Barcelona volviera a abrir sus puertas en 2009. El local fue remodelado íntegramente por el equipo del estudio Pilar Líbano, ampliando su superficie, creando nuevos espacios, dotándolo de nuevas tecnologías de climatización, acústica, iluminación y ambientación. La reforma intento respetar los valores de las distintas épocas de la evolución del espacio, restaurando los elementos más visibles y característicos del diseño original de 1933: la escalera y las barandillas de caoba, las cornisas teñidas por la nicotina, los estantes de espejo de la barra, el billar original de los años 30 y gran parte del mobiliario.


La cervecera tuvo desde el principio la intención de recuperar el aspecto original art-déco para convertirlo en punto de encuentro del mundo cultural barcelonés, como ya fue en el pasado, mediante su oferta gastronómica y diversas actividades culturales y artísticas. La finalidad de esta rehabilitación no fue cambiar su aspecto, ya que siempre se pretendió que el emblemático establecimiento mantuviese su autenticidad y volumetría. No obstante, incluyeron toques de modernidad para reforzarlo.


De los años 80 y 90 se conservaron la barra principal de formica y acero cromado y la fachada de la entrada de acero con el emblemático grafismo del pop y algunas frases sobre el cristal de los ventanales, como “bocadillos calientes”.


Los colores originales, marrón y verde, se mantuvieron, potenciándolos con verde claro agua y gris oscuro, para proporcionar un ambiente de frescor y calidez. La iluminación indirecta contrasta con los nuevos apliques de los pilares y las cinco luces de globo de vidrio que recuerdan a los antiguos casinos. Los pavimentos de mármol de enorme formato de color gris, negro y verde contrastan con los pavimentos de acero del altillo.


Como novedad la nueva barra de acero y mármol para cócteles. El mobiliario recuperado del siglo pasado se tapizo con los nuevos colores verde agua y rojo.


El equipo que trabaja en el local está formado por 60 personas. Al frente del proyecto se encuentra el reputado chef Carles Abellán, formado en el Bulli y propietario de diversos establecimientos gastronómicos en la ciudad (es especialmente reconocido por el exitoso Comerç 24, que ostenta una estrella Michelin). La oferta del Velódromo ofrece propuestas para todas las horas del día y para todos los bolsillos. Desde desayunos de tenedor a las 6 de la mañana para aquellos que han alargado la noche o se han levantado muy temprano, a vermuts familiares los domingos o cenas a la una de la madrugada. Abellán ofrece además, una carta de platos de cocina catalana que arrancará desde primera hora de la mañana hasta la última de la madrugada.


Así que como veis, si que se trataba de un establecimiento mítico, con mucha historia, que se ha rehabilitado para conservar lo mejor pero, al mismo tiempo, adecuándolo a nuestros tiempos. Y aunque el público y la ciudad han cambiado, el Velódromo parece intacto, manteniendo su esencia original, marcada por su decoración y oferta de café-bar-restaurante. Un interesante ejemplo de reinvención para otros de similares caracteristicas en diversas ciudades



2 comentarios:

  1. Lo descubrí cuando se volvió a abrir hace un par de años y no dejo de pasarme cuando paso por Barcelona. Me contaron que también fué lugar de encuentro de aquella gauche divine barcelonesa.
    Estupenda y completísima reseña como siempre.

    Un saludo

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  2. Uno,

    Como decimos, nosotros lo descubrimos por casualidad y tomamos nota para futuras visistas.
    Como ves en la entrada ha sido lugar de encuentro para mucha gente y efectivamente tambien para esa Gauche Divine.

    Gracias por tus elogios y por comentar.

    Un saludo.

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