Interiorismo Comercial: Mucho más que un Entorno Estético



Volvemos más o menos a la normalidad aunque estemos todavía a finales de Agosto. Muchos de nuestros lectores ya os habéis incorporado al trabajo y como solemos hacer, a principios de semana dedicamos nuestras entradas a algunas reflexiones o comentarios más personales sobre algún tema.
Hoy hacemos una reflexión sobre nuestra profesión y clientes.


La creencia mayoritaria entre el publico, por lo general, es que nuestra labor consiste en recrear espacios estéticamente adecuados para una determinada actividad, y aunque en gran parte así es, esto no es del todo correcto.


Cuando se trata de diseñar un establecimiento comercial, el interiorismo cumple una función específica de vital importancia: la de atraer al cliente y proporcionarle una experiencia positiva del acto de compra por lo que determina una parte de las ventas del local. Un comerciante no debería prescindir de un local realizado según el diseño de un profesional (algo que todavía se hace en muchas ocasiones).


El interiorismo posee una función bien definida: despertar el deseo de compra que se lleva a cabo mediante el reclamo estético. Pero en la mayoría de los casos cuando un cliente nos contrata esta buscando además solucionar sus problemas en muchos otros ámbitos además del meramente estético. El diseño de un mobiliario, una nueva instalación, tienda o imagen corporativa por si solos no van cambiar el concepto que el publico tenga de ese negocio o empresa si esta ya existe, o no va a hacerse idea del mensaje de la empresa, si se trata de uno de nueva creación y no reflejan la filosofía que el cliente quiere mostrar.


En ocasiones nuestra labor requiere ir mucho más allá y cambiar hábitos que han quedado desfasados. Para ello la implicación del cliente en la tarea del cambio es fundamental y no es una tarea fácil, por que solemos toparnos con el “como vamos a enseñarle nosotros que no tenemos ni idea del negocio a alguien que lleva en él un montón de años” o “como nos atrevemos a sugerirle cosas que van mas allá de aquello para lo que nos ha contratado”, pero es que en ocasiones sin esos cambios estructurales las ideas propuestas y el dinero invertido en ellas pueden no servir de nada.


Por ello para la realización de un buen proyecto es fundamental conocer lo mejor posible el negocio y el funcionamiento del mismo. Si conocemos además su problemática o nos damos cuenta de cual es, podremos llegar a solucionarla en gran medida, si no, puede quedar todo en un mero decorado que no servirá nada más que como imagen. Como ya hemos comentado en otras ocasiones, estética sin función no es diseño.


Cuando acude a nosotros el cliente en el fondo espera también otras cosas, tras nuestra actuación quiere que el espacio refleje lo que la firma pretende y que además venda. Al fin y al cabo es para lo que abre o renueva su tienda y nos contrata. Los clientes quieren una tienda con una estética determinada, pero que venda, porque al final de eso se trata, de un negocio para ganar dinero. Para eso tenemos que estar al tanto de su actividad y problemática, y solucionárselos, ello nos exige estar familiarizados con un montón de conceptos como instalaciones técnicas, marketing, merchandising, tendencias estéticas, normativas municipales, etc.


Cuando nos enfrentamos a un proyecto, nuestro objetivo es resolverlo de manera que sea un éxito para nuestro cliente, porque si lo es para él lo será también a la larga para nosotros, no lo valoramos únicamente desde el punto de vista económico, aunque nosotros vivamos de esto y sea lógico que cobremos por desarrollar nuestra labor, que por otro lado puede proporcionar al cliente unos muy buenos resultados.


Por desgracia no siempre es así y en otros casos vemos colegas y empresas intermediarias que no se implican en el proyecto, no miran por el cliente, ni por que el éxito de ese resultado final, sino que su único interés es el dinero que con ello pueden ganar sin ver la importancia que tiene hacer un buen trabajo para el cliente, sólo valoran el resultado económico de la operación.


Las ideas y el trabajo de diseño están la mayoría de las veces poco reconocidos y peor remunerados, llevándose la mayor parte del benéfico intermediarios y empresarios que en la mayoría de los casos cuando tienen éxito creen que el mérito es suyo y realmente muchas veces pertenece a los profesionales que ha contratado y a la manera en que le han asesorado.


Las imágenes que ilustran esta entrada corresponden a una pop up store que estuvo abierta en Madrid durante el pasado mes de junio perteneciente a la empresa “Madrid in love”, dedicada al comercio de piezas vintage o fabricadas con esa apariencia. Este espacio nos parece que podría servir de ejemplo de cómo se podría reanimar la actividad comercial de El Pasaje del Comercio que os mostrábamos la pasada semana.

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