Alta Costura y Joyería



La venta de complementos ha ido salvando en diferentes épocas a las firmas de alta costura, un negocio que cuesta mucho dinero y no siempre es muy rentable. Las casas han visto los beneficios que puede ser diversificar el negocio, popularizándolo como en el caso de los perfumes
, y dando continuidad y reforzando su estética con los complementos más diversos. Y en la actualidad dándole categoría y exclusividad con la llegada de la alta joyería.


Según leemos en El País S de la pasada semana “Las firmas de moda aumentan las ventas con el segmento más lucrativo del lujo. La Alta Joyería”. en el articulo titulado Alta joyeria bono refugio de la moda

Después de que marcas como Chanel y Dior dieran los primeros pasos, firmas de prêt-à-porter como Gucci, Hermès, Bottega Veneta, Louis Vuitton y, este año, Versace están explorando las posibilidades de crecimiento del arte más sublime, lucrativo e inalcanzable: la joyería.


“Como la alta costura, la alta joyería estaría encantada de dar la bienvenida a estos nuevos participantes, pero no es tan fácil. Esta profesión requiere un savoir-faire, diseñadores especiales, un taller y artesanos con experiencia, además de una sólida financiación porque las piedras son muy caras”, explica a S Moda Thierry Fritsch, presidente de una de las casas de joyería más emblemáticas de Place Vendôme: Chaumet.


De este interesante articulo sobre el tema nos ha parecido destacable el hecho de que la relación de la alta costura y la joyería se remonta a 1932, tras el crac bursátil de 1929, Chanel presentó su primera y única colección de alta joyería.


Transgresora, pero siempre muy femenina, Mademoiselle tenía un gusto muy pronunciado por las joyas y no salía jamás sin sus perlas. En 1924 abría su primer taller de alhajas de fantasía, un concepto que habría de devenir tan inherente a la maison como los zapatos bicolores o la célebre chaqueta.“Me gustan las joyas de fantasía porque carecen de arrogancia en esta época de lujo fácil”, diría.


Sin embargo, en 1932 -cuando lanzó su colección de piezas auténticas- la ligereza de los años 20 había sido barrida por la crisis financiera y se imponía una nueva realidad en la que, según ella, renacía “un deseo instintivo de autenticidad”.


Si hoy en día el nombre de Chanel es una referencia en el mundo de la joyería, entonces estaba lejos de serlo. Su colección fue recibida con entusiasmo por las fashionistas de la época, pero los joyeros tradicionales se mostraron francamente indignados y no dudaron en demostrar su oposición. ¿Quién era esta ‘modista’ que se atrevía a incursionar en una profesión que no era la suya? ¿No era acaso la misma que se ufanaba de sus joyas de fantasía e insistía en pavonearse en sus piedras falsas?


Ya entonces Coco era célebre por su particular estilo. De joven había rechazado los vestidos largos y peinados elaborados tan en boga entonces, optando por camisetas deportivas, sencillos vestidos negros y un corte de pelo a la garçonne. En cuanto a las joyas, las llevaba de una manera completamente nueva, mezclando piedras preciosas con piezas de vestuario y dejando caer amplias cascadas de perlas de imitación sobre sus trajes de tweed. Ella misma definía su atrevido enfoque de la vida y de la moda cuando decía: “¡De cuántas preocupaciones uno se desentiende cuando decide no ser algo, sino alguien…!”.


Este individualismo impresionó al Gremio Internacional de Comerciantes de Diamantes, que durante la Depresión estaba buscando un diseñador para ayudar a la industria del lujo a levantar cabeza en ese período de crisis económica. Decidió entonces dar carta blanca a la innovadora Coco para crear una colección de diamantes y platino: ella era la más pertinente para hacer hablar, dar un empujón a las ventas y crear algo original y novedoso. La colección fue exhibida en su hotel particular de 29 Rue du Faubourg Saint-Honoré del 7 al 19 de noviembre de 1932. El importe recaudado con las entradas a la exposición sería entregado a obras caritativas.


Pero el gesto no enterneció el corazón de los más célebres y tradicionales joyeros de la época como Boucheron, Chaumet, Cartier, Van Cleef, Mauboussin, Mellerio, quienes, considerándose víctimas de ‘competencia desleal’, se reunieron en la Cámara Sindical de Alta Joyería con el fin de imponer sanciones a la atrevida diletante (cabe recordar, por ejemplo, que los Mellerio estaban en el negocio de las joyas desde el siglo XVII y Chaumet desde 1780). ¿El ultimátum? Todas las joyas debían ser desmontadas después de la exposición y debía informarse al público que podían ser fabricadas por los joyeros habituales, es decir, ellos. De más está decir que la rebelde Coco intentó ignorar las exigencias.


La exposición tuvo un éxito fabuloso y recibió más de 30 mil visitantes que se acercaron para admirar esta colección repleta de innovaciones como la pulsera Flecos, compuesta por piezas separadas que se mueven como los flecos de un vestido de flapper; el anillo Cometa, que gira dos veces alrededor del dedo y culmina en un diamante de un quilate en una estrella, o el collar Fontaine, con 405 diamantes con dos colgantes, uno de los cuales se puede convertir en broche. Para su pieza de resistencia, Coco imaginó un collar sin broche de más de 600 diamantes con una estrella con forma irregular que se anudaba alrededor del cuello como un foulard. Así nació el collar Cometa, una pieza que exigió nueve meses de trabajo y el desarrollo de nuevas técnicas y cuya reedición está valuada hoy en día en un millón de dólares. “Quise cubrir a las mujeres de constelaciones, un cometa que brilla sobre un hombro, una lluvia de estrellas cae sobre el pecho”, confió Chanel al presentarla. Y no solo las piezas eran originales, también la manera de exponerlas: un collar sobre la frente de un maniquí, un broche sobre un abrigo de piel (que devino en moda inmediatamente).


La exposición no pudo viajar a Londres e Irlanda como estaba previsto y las piezas fueron desmontadas. Años después, la maison Chanel logró localizar a la única sobreviviente, un broche Estrella con 37 diamantes y uno de 3.14 quilates en el centro, que se cree fue un regalo de los diamanteros a Coco, en agradecimiento.


Mademoiselle no volvió a repetir la experiencia. Diez años después de la llegada de Karl Lagerfeld como director artístico, Chanel inauguró una línea de joyería, en 1993, y cuatro años después se instalaba en el 18 de la place Vendôme, en el hotel Duché des Tournelles, justo frente al hotel Ritz, donde Chanel ocupó una suite desde 1954 hasta su muerte, en 1971. “Cuando lanzamos Chanel Joyería -dice su director, Marc Auclert-, lo más natural era reeditar esta colección original. Pero como la mayoría de las piezas se habían perdido, hubo que basarse en fotografías tomadas por Robert Bresson y André Kertész para la prensa de moda. Volver a crear la colección nos dio una nueva apreciación de cuán revolucionarios eran, y aún son, sus diseños”.

Ahora, la colección ha sido reeditada y reinterpretada y Chanel Joyería celebró este 80 aniversario con ochenta piezas inspiradas en aquella histórica colección.


Esta nueva versión, bautizada con toda lógica “1932”, aborda, como la original, los astros del cielo en platino y diamantes y sus piezas llevan nombres celestiales como Cosmos, Estrella Fugaz, Cometa, Noche de Diamantes…

Coco solía decir: “Quiero ser parte de lo que va a pasar”. Una vez más, lo sigue siendo.

Las imagenes que ilustran esta entrada corresponden a la tienda que ha abierto hace poco Dior en Taipei diseñada por Peter Marino, donde se ve claramente un espacio dedicado a la alta Joyeria, acompaña a esta entrada un video donde se muestra la reedicion de Joyas que Chanel presento en el año 1932.


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