Hacia un Mundo Basura I



La semana pasada buscando el sueño oíamos en la radio por casualidad una entrevista al filósofo español José Luis Pardo que presentaba su libro “Nunca fue tan hermosa la basura”. Las ideas que plantea en el mismo son para no dejar indiferente a nadie, con puntos de vista atrayentes y razonados, con muchos puntos irónicos sobre el consumismo y la acumulación de nuestra época y con las cada vez mas cosas “basura” que nos esta llevando a un “mundo basura”.

Os ofrecemos a continuación un resumen de un articulo del mismo autor en el que habla precisamente de todos esos conceptos e ideas que ahora desarrolla en su libro. Debido a su interés y extensión nos ha sido imposible recortarlo más por lo que os lo ofrecemos en dos entregas.


Entre otras cosas comenta que la sociedad capitalista en la que vivimos se presenta como una sociedad de consumo que nos incita a una inmensa acumulación de mercancías. Y esto conlleva a deshacernos de otras, con lo que resulta que nos encontrarnos ante una inmensa acumulación de basuras.

Ninguna otra forma de sociedad anterior a la moderna ha producido basuras en una cantidad, calidad y velocidad comparables a las de las nuestras. Es decir, hasta el punto en el que la basura ha llegado a convertirse en una amenaza para la propia sociedad.


Y no es que las sociedades pre-industriales no generasen desperdicios, pero sus basuras eran predominantemente orgánicas, y la naturaleza, los animales urbanos y los vagabundos las hacían desaparecer - las reciclaban o las digerían- a un ritmo razonable. Las ciudades industriales modernas, en cambio, se caracterizan por una acumulación sin precedentes de población y por la aparición masiva de un nuevo tipo de residuos, de carácter industrial, y ambos factores constituyen la obsolescencia de los modos tradicionales, casi inconscientes, de tratamiento de las basuras.

Sí, la basura es un síntoma de riqueza. Porque riqueza significa despilfarro, derroche, excedente (y, al contrario, las sociedades sin basura revelan una economía de subsistencia, de escasez, en la cual nada sobra y todo se aprovecha).


Precisamente por eso en las sociedades modernas la basura crece más rápidamente que los medios para reciclarla de modo tradicional, necesitan disponer de tierras baldías, vertederos y escombreras (no-lugares) en donde depositar las basuras para quitarlas de en medio y poder seguir viviendo, seguir desperdiciando sin ahogarse entre sus propios residuos.

Y junto a estos no-lugares urbanos es preciso también disponer de no-lugares sociales a los que pueda trasladarse la población sobrante que los sistemas productivos y consuntivos no pueden absorber (suburbios, chabolas, favelas, guetos, campamentos, etc.). "Basura" es lo que no tiene lugar, lo que no está en su sitio y, por tanto, lo que hay que trasladar a otro sitio con la esperanza de que allí pueda desaparecer como basura, reactivarse, reciclarse, extinguirse: lo que busca otro lugar para poder progresar.


La sociedad moderna, no menos que la sociedad tradicional o pre-industrial, también quiere "imitar a la naturaleza" (en la cual, según decían los clásicos, "nada se hace en vano", es decir, todo tiene una finalidad y, por tanto, nada se desaprovecha, no hay basura propiamente dicha) .
Es la modernidad la que ha pensado en la naturaleza como una máquina (una máquina perfecta, en la cual cada pieza cumple una función ,no hay deterioro y no deja residuos.

Esta no es únicamente una idea de ingeniero sino también una idea de contable: la bestia negra del empresario es justamente el desgaste, el comprobar cómo en cada ciclo productivo el activo se convierte en pasivo, en deuda, en carga, en números negativos que es preciso compensar con las ganancias y que requieren nuevas inversiones, y por lo tanto su ideal es el de un negocio sin pérdidas, el de un balance de resultados siempre equilibrado; y es también la pesadilla del consumidor, que experimenta cómo todo lo que compra comienza a perder valor desde el momento preciso en que es adquirido, a perder actualidad, a pasar de moda y a exigir ser rápidamente sustituido por una nueva adquisición que comenzará a descender por la pendiente de la obsolescencia en cuanto pase del escaparate a sus manos...


La entrada en crisis de este modelo, el despertar de este sueño, fue por tanto ese momento en el cual llegamos a pensar que la basura acabaría devorándonos. Fue cuando empezamos a temer que moriríamos asfixiados entre nuestros propios desperdicios.

El genio de la especie humana es, sin embargo, prodigioso. Alguien dijo de ella que sólo se plantea aquellos problemas que es capaz de resolver. Y alguien más dijo también que, cuando un problema no puede resolverse, entonces deja de ser un problema. Y que la manera de quitarse de encima los problemas irresolubles no consiste en desfallecer luchando por resolverlos, sino más simplemente en disolverlos. "Nunca fue tan hermosa la basura"... No sé a quién se le ocurrió primero la idea, pero fue una ocurrencia verdaderamente ingeniosa. Y, como todas las grandes invenciones, una vez hallada parece extremadamente simple, y consiste en lo siguiente: ¿y si lo que llamamos basura no lo fuera en realidad? Entonces no tendríamos que preocuparnos porque nos devorase, no nos sentiríamos asfixiados por los desperdicios si dejásemos de experimentarlos como desperdicios y los viviéramos como un nuevo paisaje urbano que podríamos denominar “no lugar”.


El tipo de hoteles y de restaurantes que habría en esos no-lugares podrían perfectamente definirse, en un sentido más particular, como no-hoteles y como no-restaurantes, ya que constituyen, en una medida nada desdeñable, la negación completa y acabada de la noción de "hotel" o de "restaurante" que les precedió en el tiempo. Las aludidas cadenas de comida rápida, que no están atendidas por camareros y en las cuales quienes preparan la comida no son cocineros, en las que los alimentos dispensados no son en sentido estricto "platos", así como sus mesas no son mesas propiamente dichas ni sus cartas verdaderamente cartas.

Asimismo –y yendo ahora en el sentido de la generalización–, estas cadenas de restauración se caracterizan por estar a menudo situadas en grandes superficies comerciales asociadas a zonas de crecimiento de la periferia urbana posindustrial, y muchas de las características de su "estilo" y de su "personalidad" se explican por el régimen laboral de subempleo –contratación precaria y a tiempo parcial– que prevalece en ellas, régimen que, por estar cada vez más generalizado en el nuevo mercado de trabajo (y en todas las escalas salariales), muy bien podría denominarse, por contraste con las formas laborales consolidadas en la segunda mitad del Siglo XX como no-empleo proporcionado por no-empresas.


De la misma manera, los centros comerciales que rodean estos locales se dejarían describir, por los mismos motivos, como no-tiendas –en donde, por ejemplo, se venden no-muebles (módulos y paquetes funcionales más o menos abstractos para armar y desmontar), y los habitáculos que crecen en estas conurbaciones (las llamadas "ciudades-dormitorio", que no sería exagerado rebautizar como "ciudades-basura") como no-casas (decoradas, sin duda, mediante aquellos no-muebles).


Ni que decir tiene que esta aplicación podría continuar hasta permitirnos hablar, por ejemplo, de ciertas agrupaciones de personas, especialmente emergentes en nuestra época, que podrían caer bajo el concepto de no-familias o de no-matrimonios, de ciertos programas televisivos de entretenimiento que sólo podrían calificarse como no-programas, de un cierto tipo de productos culturales cada vez más extendidos a los cuales les vendría como anillo al dedo el rótulo de no-libros, no-discos o no-cuadros (y ello tanto en la franja de la alta cultura como en la de la cultura popular o de masas), de ciertos males originales de nuestro tiempo que funcionan como no-enfermedades tratadas mediante no-medicamentos y, en última instancia, hasta de no-universidades (escuelas móviles de formación permanente) en donde se estudian no-carreras (programas de actualización profesional continua) impartidas por no-profesores (expertos en reciclaje), y de no-estados (alianzas coyunturales de regiones) gobernados por no-políticos (administradores) y cuyo sujeto legítimo es un no-ciudadano.

Las imagenes que ilustran esta entrada corresponden a la nueva tienda de Comme des garçons en Hong-Kong diseñada por Rei Kawakubo.

5 comentarios:

  1. Uno de mis lectores, Polo, denomina el intercambio de comentarios que hay en mi blog el "no-chat", porque parece un chat en tiempo real pero no lo es...

    Una de mi obsesiones, en mi empeño por ser mejor ciudadano, es reducir la cantidad de basura que produzco. Reciclo todo lo que puedo, pero me da la impresión de que produzco cada vez más basura. Os podéis imaginar lo que es este país... Absolutamente todo viene empaquetado en 25 envoltorios distintos, casi todos de plástico, la mayoría no reciclable. Y reciclar, salvo lo muy obvio (botellas) tampoco es que sea la panacea.

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  2. No acumulo basura. Soy la antítesis del síndrome de Diógenes. Ni siquiera guardo escaleras. Solo las robo.

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  3. Ardilla, ya se sabe que USA es un pais de excesos y despilfarros, aun en estos tiempos de crisis lo que para ellos son ajustes para otros son autenticos despilfarros.

    Muchas veces por mucha conciencia que toma uno se lo ponen tan dificil que dan ganas de tirar la toalla.

    Stultifer, a mi a veces tambien me dan ganas de deshacerme de todo. Ahora que volvemos a estar en año Jacobeo recuerdo lo facil que fue subsistir con 4 cosas mientras hacia el Camino de Santiago hace algunos años. En esas ocasiones te das cuenta de lo realmente poco que hace falta para vivir.

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  4. Ya lo dijo Buda, la felicidad está en no poseer. Algo bastante difícil de conseguir si vives inmerso en una sociedad consumista... aunque de verdad, me encantaría.
    Respecto al reciclaje, procuro separar todo lo que puedo, aunque siempre tengo dudas sobre si realmente sirve para algo.
    Saludos,

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  5. mcarmen, es una clave que han repetido muchos grandes a lo largo de la historia, tambien Mies dijo lo de "menos es mas",(auqmue el se referia a la arquitectura y diseño es extrapolable a casi todos los ambitos), pero parece que nos cuesta aprenderlo.

    En esa incertidumbre nos movemos todos.

    Un saludo

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