Calvin Klein




Al final del año pasado ya dedicamos una entrada a la filial joven de la marca, Clavin Klein Jeans, con motivo de la apertura de varias tiendas en Madrid. Una línea con un estilo desenfadado, joven y mas económico que pretende continuar lo que ya consiguió en su día, ser el punto de referencia de los denominados “Vaqueros Pijos” y “la colonia unisex”. Hoy gracias a la publicación de un articulo firmado por Andrea Aguilar en el suplemento dominical del diario El País la pasada semana vamos a repasar un poco de la historia de la marca madre, que fue y sigue siendo uno de los pilares del diseño minimalista en el vestir, y ver como afronta su futuro, sin el diseñador que la creó al frente, y bajo la dirección desde hace 12 años de Kevin Carrigan.



A continuación os ofrecemos un resumen de dicho articulo:

Un día mientras se encontraba en Studio 54, (ya se había labrado un nombre con sus abrigos de líneas depuradas), se encontró en la pista de baile con un tipo que le preguntó si le gustaría poner su nombre a unos vaqueros y, de paso, ganar un millón de dólares. Corría el año 1977. Cinco después, las ventas de vaqueros Calvin Klein rozaban los 500 millones de dólares al año. Una jovencísima Brooke Shields proclamaba desde las vallas publicitarias que nada se interponía entre su gentil cuerpo y sus tejanos. “Los vaqueros me dieron la oportunidad de transmitir mi mensaje a las masas. Me permitieron crear de una manera distinta”, explicó el diseñador años después.



El universo Klein se expandía; sus prendas reafirmaban un estilo de vida que rebasaba las costuras. Pero eran los tormentosos años ochenta, y junto a los grandes éxitos también llegaron los graves problemas financieros y una sonada estancia en una clínica de desintoxicación. Los noventa trajeron aires nuevos. La hija del diseñador, Marci, comentó a su padre que su ropa era demasiado cara. Aquello fue el germen de la exitosa CK, una línea joven a precio asequible con la que Calvin Klein reconcilió conceptos opuestos. Lo simple mutó en sofisticado, y millones de mujeres encontraron en sus prendas la definición exacta de la elegancia urbana y moderna. La comodidad no tenía por qué estar reñida con la belleza. Lo chic podía ser práctico. Y el estilo Calvin Klein podía estar al alcance del gran público.



El mantra minimalista quedó sintetizado en la primera tienda de la marca: un edificio de estilo neoclásico en la avenida Madison, y después muchas otras en las principales ciudades del mundo realizadas por su arquitecto fetiche que mejor transmite su idea del minimalismo John Pawson.

Hoy, Kevin Carrigan es el director creativo global de Calvin Klein Jeans, CK y Calvin Klein. Es el tercer hombre en el triunvirato que el americano estableció cuando en diciembre de 2002 vendió su compañía. Francisco Costa e Italo Zucchelli son los diseñadores que nombró para las colecciones de costura de mujer y hombre, respectivamente. En las manos de Carrigan dejó todo lo demás, es decir, desde vaqueros y la línea juvenil hasta toallas o gafas, pasando por la ropa interior.



Tras haber trabajado con Nicole Farhi en Francia y Max Mara en Italia, Carrigan llegó a las oficinas de Calvin Klein en 1998, recomendado por un editor de Vogue. (aquí notamos la influencia de la mano de Anna Wintour que ya veíamos en el documental The September Issue y que ya comentamos). Sintió que los diseños destilaban una potente correlación con la ciudad: la eficacia y velocidad de las líneas depuradas se alejaban de cualquier tono nostálgico retro. Con el fundador de las marcas que ahora dirige, Kevin Carrigan comparte mucho más que las mismas iniciales en orden inverso. ”Yo no estudié en Saint Martins, sino en una escuela que formaba a arquitectos y diseñadores industriales”, subraya sentado en una sala de la sede central neoyorquina. “Su visión de la marca encajaba con mi propia filosofía, la estrecha relación que sus diseños establecían entre forma, función y belleza era algo con lo que me identificaba”.



Situadas en el corazón del puñado de calles donde antaño se concentraban talleres textiles y de confección y tiendas al por mayor –el llamado Garment District de Manhattan–, las oficinas se ajustan a la sobria elegancia de la casa. Paredes blancas, sofás de cuero y una orquídea en el centro de la mesa. Las asistentes de Carrigan pasean con altos tacones desde primera hora de la mañana. Ni un solo estampado enturbia el ambiente. Todo parece funcionar con la exactitud de un reloj, y Carrigan, vestido en tonos pizarra, marca el ajustado compás. Trabaja con cerca de 50 diseñadores y especialistas en tejidos. “Cuando empecé, colaboraba muy cerca de Calvin en la selección de telas y colores”, recuerda. “Luego él empezó a delegar y yo fui tomando las riendas poco a poco”.



Hoy su territorio está a pie de calle y se extiende por Latinoamérica, Europa y Asia. Maneja 500 tiendas y escaparates en todo el mundo. “Seas escritor, arquitecto o diseñador de moda, siempre quieres que tus productos estén en el ambiente perfecto. Es muy importante controlar (y no me gusta mucho esta palabra) el ambiente en el que vendes tu producto. Como consumidor, a mí me gusta saber dónde estoy”, explica.



El hechizo de los diseños de Klein sigue cautivándole y a menudo regresa al archivo de polaroids de las colecciones de los ochenta y noventa. “Kate Moss con una chaqueta de lino blanco impoluta es algo que sigue siendo moderno. Calvin cambió nuestro look y nuestra percepción de lo cool”, afirma. Pero una revolución exitosa casi siempre acaba por convertirse en un clásico. Lo que para una generación fue novedad, para la siguiente es pasado. El salto al mercado de masas puede acabar con el elemento de novedad que en un primer lugar alzó a la cumbre de la popularidad un estilo. Es un territorio delicado, por el que Carrigan y su equipo caminan armados de los nuevos medios que la tecnología de las comunicaciones ofrece. El inglés dice que en la interacción con el público es donde está la clave. Hay que conocer al consumidor, y el suyo es joven. “La mejor herramienta para estar al día son las redes sociales. Te hacen más fuerte como diseñador”, asegura.



Carrigan declara su admiración por Zara y mira con atención los productos de sus competidores, muchos de los cuales han seguido una senda parecida a la de Calvin Klein, pero a la inversa. Jil Sander en Uniqlo, Stella McCartney en H&M o Kate Moss en Topshop son sólo algunos ejemplos de colecciones que marcas asequibles encargan a diseñadores. En el caso de Calvin Klein, él mismo puso sus diseños al alcance del gran público. La evolución en función del mercado, dice Carrigan, es lo que mantiene la relevancia de una marca. Y en tiempos de recesión, trabajar en líneas asequibles puede ser un filón. “La gente está conteniendo sus gastos y hay un nuevo patrón en las compras, por eso hay que mirar cada pieza y pensar en su valor real”. Atrás quedaron los años en que un par de vaqueros costaban 400 dólares. El nuevo modelo Calvin Klein Body, en el que el equipo de Carrigan ha trabajado más de un año para lograr que se ajuste como un guante a las curvas femeninas, cuesta 79 dólares.



En línea con las campañas de alto contenido sexual con las que se publicitaron los primeros vaqueros Calvin Klein, las vallas de este modelo muestran a la sensual Eva Mendes. Aunque hoy resulte más complicado escandalizar, la marca no renuncia a su tradición sexy. El negocio, sin embargo, ha cambiado su orientación geográfica: hoy, el gran mercado se encuentra en Asia.



Prueba de ello fue el desfile organizado en enero por el triunvirato Carrigan, Costa y Zucchelli, en el que por primera vez desde 1994 se presentaban juntas todas las líneas. Una prisión abandonada en Singapur fue el inquietante escenario. Meses después, en las páginas de The New York Times, una periodista se lamentaba así del rumbo oriental tomado por la marca: “Una vez fuimos el centro de gravedad de su universo estético. Ya no. ¿Quién podría predecir que China se iba a interponer entre Brooke y sus Calvin?”. Carrigan no está de acuerdo. “Calvin Klein siempre será una marca americana. Esa es su esencia. Gracia natural que no requiere esfuerzo”.

Las imagenes que ilustran esta entrada corresponden a la tienda que tiene la firma en Paris, diseñada por John Pawson.

6 comentarios:

  1. El mejor interior de CK es blanco. Me llevo la aparición de la escalera.

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  2. Stultifer, sus tinedas se identifican con el blanco, sus prendas con el negro, grises y el blanco de las camisas.

    Tuya es...

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  3. Tengo que reconocer que hasta hace poco era una marca a la que le tenia mania. Probablemente fuese por envidia de los cuerpazos de los modelos... No, en serio, me dan rabia las marcas supuestamente "exclusivas" con exceso de sub-marcas, franquicias, etc. Sin embargo, hace unos meses, al poco de llegar aqui, me compre en unas rebajas en unos grandes almacenes una chaqueta y me encanta. Me costo dos duros pero esta perfectamente hecha y es preciosa, ponible y relativamente moderna (soy muy clasicorro vistiendo, tengo que admitirlo). Asi que estoy cambiando mi idea respecto a su ropa.

    Eso si, la estetica de las tiendas es un 10 absoluto. Esta por encima de cualquier otra. La tienda de NY, tambien de Pawson, es lo mejor que he visto, y la de Paris que retratais no se queda atras.

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  4. Ardilla, de todas maneras, los precios en USA no son los mismos que para Europa, ya lo sabes y en España puede ser todavia mas cara, aunque la moneda sea la misma el nivel de vida y los sueldos no son equiparables.

    La estetica de las tiendas, aunque ahora se lleve un estilo mas barroco y recargado, a nosotros tambien nos encanta, es un claro ejemplo de lo que es/fue el minimalismo.

    La tienda de N. York fue un hito en su tiempo, tanto para el minimalismo como para la marca Calvin Klein, pero teniamos pocas fotos.

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  5. En su día el artista Dan Flavin hizo una instalación en la tienda de Madison Avenue, parecía que había estado ahí toda la vida.

    El caso es que aquí hay muchas líneas de ropa de Calvin Klein, pero todas van con la misma etiqueta, ya no hacen diferencias como puede hacer Armani. Da la impresión de ser una táctica comercial nueva: el que compra la chaqueta hecha en Italia y se gasta una millonada lleva la misma etiqueta que el que se compra otra por dos duros hecha en China. El nuevo concepto del lujo tiene que ver con "saber" que lo que compras es lujo, aunque haya algo igual y de la misma marca que cueste menos de la mitad. Es un concepto tremendamente snob pero al mismo tiempo interesante.

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  6. Ardilla, esas tiendas minimalistas son un pco galeria de arte/mueseo, espacios neutros para que destaque el producto, por lo que una instalacion artistica en ellas suele encajar bien, esta casi como en su ambito natural y si es de Flavin, que es otro pilar del minimalismo, más. De hecho Pawson tiene en la planta alta de su estudio una obra suya.Asi que en esa ocasion se dio la conjuncion perfecta entre 3 popes del minimalismo.

    En cuanto al lujo, siempre lo asociamos a caro, costoso, pero lo cierto es que es un concepto relativo.Segun nuestra RAE:
    1. m. Demasía en el adorno, en la pompa y en el regalo.
    2. m. Abundancia de cosas no necesarias.
    3. m. Todo aquello que supera los medios normales de alguien para conseguirlo.

    Con lo que segun 1. cualquier hortera u objeto hortera y cursi puede ser un lujo (o un horror, que suele ser lo mas habitual). Segun 2. hoy en dia, al menos en el mundo "occidental" todos nadamos en el lujo, puesto que la mayoria poseemos mas cosas de las necesarias.Y segun 3., que creo es el mas relativo y acertado de todos, y encaja con lo que tu comentas, ya que algo que nos ha costado conseguir es mas apreciado y disfrutado, es considerado para el afortunado como un lujo, independientemente de lo que consideren los demás. Todos nos damos pequeños lujos que quiza para la persona que tenemos al lado no son tales y que no tienen por que ser carisimos.

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