Prada


Este fin de semana en "El Pais Semanal" publica una entrevista con Patrizio Bertelli, “el señor de Prada”. Se trata de una amplia entrevista a un personaje que no concede entrevistas e intenta pasar desapercibido y de la que os ofrecemos un estracto con lo que nos ha parecido mas interesante.


Patrizio Bertelli es la mitad de Prada. El hombre que lleva las riendas con mano de hierro. unió su destino a Miuccia, la heredera del negocio, hace 30 años. Juntos han hecho de la firma un mito del lujo que vale millones.

La Toscana es territorio Bertelli. El que domina. Nació muy cerca de aquí, en Arezzo, bajo los Apeninos coronados de nieve, en 1946. Y aquí empezó a labrarse su leyenda empresarial. Bertelli es el sumo pontífice de Prada; el hombre que transformó una exquisita y caduca firma milanesa de artículos de piel, que hasta 1983 sólo contaba con una tienda, en la primera marca global del lujo a través de 220 tiendas propias, ventas en 2007 de 1.600 millones de euros y una influencia en el mundo de la moda que nunca antes se había visto.

En 1977 Bertelli conoció a Miuccia Prada, la heredera del negocio. Ambos estaban en la treintena. Inteligente, extravagante, de belleza atípica; licenciada en Políticas, feminista, adicta al mimo, Miuccia militaba en el Partido Comunista, leía filosofía y vestía de Saint Laurent. El perfecto exponente de la izquierda divina. Quería que Prada diese un paso adelante. No sabía cómo. Bertelli era apenas uno de sus proveedores. Un segundón. Dueño de varios talleres de marroquinería que trabajaban para Prada. Eficaz y ambicioso. Había tenido problemas con Miuccia por fusilar algunos de sus diseños. Pero era listo y arrogante. Y con una inmensa seguridad en sí mismo. Lo que ella necesitaba.

Unieron sus intereses económicos y sentimentales. Fusionaron sus empresas. Cada uno de ellos cuenta hoy con un tercio del capital de Prada (el otro tercio se reparte entre la familia y el Banco Sanpaolo). Se fueron a vivir juntos sin casarse. Iban a enseñar a los ricos del mundo a vestirse con un nuevo minimalismo elegante y de calidad. Convirtieron una mochila de nailon negro en el anhelado y caro símbolo de una época y pulieron la marca Prada hasta convertirla en un referente que valía más de 3.000 millones de euros. Desde 1989, Miuccia dictaría lo que se iba a llevar. Sus tiendas del Soho neoyorquino y Tokio dejarían de ser tiendas para convertirse en espectaculares centros de cultura, arte y comunicación firmados por los arquitectos más mediáticos: Rem Koolhaas y Herzog & De Meuron. Prada era el mito. Bertelli dirigía con mano de hierro. Y Miuccia, liberada de la gestión, aportaba silenciosa una creatividad arrolladora. Eran dos caracteres imposibles. Pero el tándem funcionaba. Ganaron mucho dinero. Y apostaron por ser los árbitros del lujo mundial.


Hoy, con una crisis económica global sobre sus cabezas y la imposibilidad de salir a Bolsa, su futuro no está claro. Como en todo el sector del lujo.

Pero Miuccia y Bertelli aún son otra cosa. Ricos pero discretos. Al margen. El mejor ejemplo de vida del distante universo Prada. O más bien Prada sea el reflejo de su estilo de vida. Son los últimos indies. Presumen de ello. Bertelli apenas concede entrevistas. No sale en televisión. No posa con famosos. No vende el nombre de Prada a coches ni hoteles. No tiene mansiones. Colecciona arte contemporáneo, pero pocos han visto su colección. Navega, pero pocos han subido a bordo de su velero Ulysse. Le gusta cocinar para los íntimos; es un erudito del cine y la literatura, y rara vez sale de noche. Y no conoce a Berlusconi. Poco más se sabe de Bertelli. La vida del matrimonio y sus dos hijos es de una opacidad absoluta.


Imagine que yo soy un extraterrestre y no conozco Prada. ¿Cómo me explicaría lo que es?

Una casa histórica cuya marca siempre ha sido propiedad de la misma familia, pero que en la última generación decidió hacer un desarrollo empresarial en el sector de la moda. Desde el primer momento pensamos que la distribución de nuestros productos debía hacerse a través de nuestro propio canal de ventas y, además, decidimos completar nuestra identidad con iniciativas como la fundación y el velero Luna Rossa, que aportan unos elementos que hacen de Prada una marca actual. Cuando una persona compra un producto de Prada, compra la pertenencia a un estilo de vida.

¿Cómo han logrado conjugar tradición y modernidad?

El problema de las marcas es cómo ser progresistas y, al mismo tiempo, no desvincularte de tu historia, de la calidad del producto, la coherencia de los diseñadores y la capacidad, incluso en un producto pobre, de ofrecer una identidad clara. El concepto del lujo a menudo se considera un problema de precio. Para mí, un bolso de cocodrilo no es de lujo porque sea caro; el lujo ha de aplicarse también a conceptos más sencillos. Es su identidad lo que hace que un producto sea realmente de lujo.


¿Cuál ha sido la clave del éxito de Prada?

Trabajo, calidad, no pensar en el dinero, sino en hacer un producto bien hecho y considerar que la competencia no es tonta; hay que mirar siempre lo que hacen los otros? Dentro de cada realidad siempre existe algo positivo.

¿La cuestión no era ganar dinero?

La cuestión era durar. Si uno sabe durar en el tiempo, tarde o temprano habrá repercusiones positivas en el ámbito económico. La gran cuestión es decidir si quieres durar en el tiempo, como nosotros, o resistir al tiempo con una conducta pasiva.
Cuando un producto de Prada lo tienen millones de personas, ¿no deja de ser exclusivo?
La exclusividad no consiste en ser el único propietario de un objeto.


……..

Para tomar el pulso a Prada hay que ir un poco más allá de los fríos espacios de la Vía Bérgamo donde reinan Miuccia y Bertelli. Es necesario visitar la mítica tienda de la Galleria Vittorio Emanuele, en Milán, donde todo empezó en 1913. Aquí está el ADN de la firma. Bajo estas arcadas emplomadas se conserva la elegancia ajedrezada de entreguerras hoy animada por pantallas de vídeo y música dance de pasarela. Todo brilla. Hay pocos clientes. Los precios son caros. La crisis aprieta.

El otro polo de la firma en Milán es la Fundación Prada. El camino entre uno y otro supone cruzar la ciudad desde la optimista belle époque de la galleria a un nebuloso neorrealismo de posguerra. La antigua fábrica de licores del Largo Isarco donde está situada la fundación limita con la vieja estación de ferrocarril, entre vías y almacenes, en un ambiente desolado. Miuccia y Bertelli quieren convertir este espacio en el referente cultural de la ciudad. En su Guggenheim. Su arquitecto de cabecera, Rem Koolhaas, ha imaginado un proyecto con tres edificios y una torre de 60 metros que albergará exposiciones temporales, instalaciones de nuevos artistas, espacios para cine experimental y obras audiovisuales. ?Lo que nunca será es un museo construido para mostrar nuestra colección de arte como han hecho otros. La fundación es una forma de evasión sin salir del trabajo?, aclara Bertelli. Miuccia y él son diferentes.


El tercer polo de Prada son las fábricas. A tres horas de Milán. Aquí nadie discute las órdenes de Bertelli. Conoce a muchos trabajadores por su nombre. Algunos llevan a su lado desde 1978. Los más viejos relatan aquellos primeros años en que Bertelli metía mano en todo. No había ordenadores. Y sobre la vieja mesa de dibujo controlaba la estructura, el volumen, el logotipo, los materiales y hasta la calidad de cada hilo de algodón. Uno de los artesanos muestra el prototipo número uno de la era Miuccia / Bertelli realizado en cartulina rosa: una pequeña mochila de lona negra con un logotipo triangular. Una reliquia.
………



Esos mismos gurús dicen que la crisis económica no tiene por qué afectar directamente a la industria del lujo.


Eso es una bobada. A nosotros, la recuperación nos llegará antes porque somos más rápidos, cambiamos más rápido que el resto. Damos cada seis meses una nueva visión del mundo. Y los otros van detrás. Pero el problema es otro: esta crisis es de posicionamiento. Es como si usted cogiera un ascensor para subir al piso noveno y antes de llegar arriba alguien pulsa el botón y para en el quinto. Es un ascensor muy grande donde caben muchas personas: pocas han conseguido salir en el noveno y la mayoría se han tenido que bajar en el quinto.

¿Al mundo del lujo también se le bajarán los humos? Usted ya abrió el debate de fabricar en China.

Prada tiene que ser hecho en Italia en cuanto a marca. Nosotros no producimos en China, producimos semiacabados en el extranjero. Es nuestra forma de trabajar. Y es muy probable que de aquí a 20 años las plantillas de las fábricas italianas estén formadas por extracomunitarios. Lo absurdo es que alguien diga: ?Yo tengo una fábrica en Italia en la que el 60% del personal está compuesto por africanos??. Y entonces, ¿qué es lo made in Italy, el diseño, el producto, la fábrica, la mano de obra? Habrá que aclararlo. Esto es made in international, no fabricado en Italia.


Pais Semanal 1 de Marzo 2009 (pulsar para leer entrevista completa)

Fotos : Tienda Prada Tokio - Diseño Herzog & De Meuron

2 comentarios:

  1. El futuro ya está aquí: ais Semanal 1 de Mayo 2009.
    Te robo la escalera.

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  2. Perdon por el error, ya lo he corregido, Gracias

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