Redes Sociales




La entrada de hoy viene motivada por la lectura de un “post” del blog Hoteles 2.0 en la cual se hace una curiosa similitud entre la participacion de una empresa en redes sociales con la evolución e historia reciente del escaparatismo durante el siglo XX, tema este ultimo sobre el que ya publicamos nosotros una entrada hace tiempo y que utiliza como comparativa.

En esta entrada menciona un texto de Oscar Buanchi titulado “¿Mi empresa en redes sociales? Ni loco”, en la que cuenta a modo de anécdota que su familia, que era propietaria de un negocio, no supo ver la importancia que tenían los escaparates para la buena marcha del mismo hasta que casi era ya demasiado tarde.



Hoy en día, los escaparates para las empresas son las redes sociales, y no hay que quedarse atrás pues son el escaparate en el que presentar mi producto y así poder vender más. Buanchi se pregunta el porqué si actualmente cuando se abre un negocio nadie se plantea si poner o no escaparates, ¿por qué entonces nos planteamos si estar presentes o no en redes sociales?

Mas adelante Buanchi nos hace una reflexión y un análisis sobre los clientes a los que pretendemos dirigirnos, sobre como utilizar las redes sociales y como interactuar con ellos.



El negocio del retail, es como un gran pastel limitado – y ahora con la crisis más pequeño- y no se divide equitativamente para todos. Los que están mejor situados se promocionan mejor de una manera u otra, los que ofrecen algo más, tienen mas posibilidades al final de conseguir un trozo mayor, mientras que los que no hacen nada o no lo hacen correctamente van perdiendo parte de su pedazo, hasta quedarse sin nada.

Por otro lado, leíamos ayer en el suplemento dominical de El País un artículo de Javier Marías titulado “Red de Pardillos”, en él, el autor arremetía contra aquellas personas que tienen tal afán de protagonismo que quieren sobresalir del resto mediante el uso excesivo y notorio de las redes sociales, para así tener su momento de gloria en la red, y nos habla también del peligro que ello comporta, dice el autor en una parte de su artículo:



Lo más preocupante de este afán generalizado por estirar el cuello y estar presente, por gozar cualquier grado de fama (así sea limitada y efímera), por exhibirse e informar al resto de los propios pasos, actividades, opiniones y gustos, es que quienes lo padecen, abren perfiles en Facebook o alimentan Twitter con sus notitas por fuerza triviales, parecen haber perdido cierto instinto de conservación que a lo largo de siglos ha hecho saber a la gente que no convenía dar demasiada información acerca de si misma y que hacerlo entrañaba peligro, porque cuanto uno revela puede acabar utilizándose en su contra; puede deformarse y tergiversarse, ser objeto de burlas y chanzas, ser empleado por superiores, sus empleadores, la policía, la a veces abusiva Hacienda, el estado.

Para quien contamos cierta edad, una de las escasísimas ventajas de haber vivido años bajo una dictadura es que aprendimos muy pronto el riesgo de que se supiera mucho de nosotros, y a no dejar algunos rastros. Hoy vivimos en un régimen supuestamente democrático, pero demasiada gente no se ha percatado aún de que nuestras actuales democracias se asemejan cada vez más a estados totalitarios, que se meten en todo y lo controlan y averiguan y espían todo, y no vacilan en aprovecharse de ello, en utilizarlo, eso sí con más o menos disimulo e hipocresía.



¿Entonces en qué quedamos? Creemos que los tiempos están cambiando la forma de ver las cosas pero lo que puede ser bueno para las empresas, puede no serlo tanto para los particulares.

En el caso de las empresas, cuando uno se muestra públicamente puede motivar a un colectivo de personas, que en su caso son su publico objetivo, y además, de como se comporte esa empresa con sus clientes y en la red dependerá que esa presencia en las redes sociales pueda ser beneficiosa o perjudicial para la misma. Pero como decía alguien “lo importante es que se hable de uno, aunque sea mal, que pasar desapercibido”.



Nosotros somos más bien tímidos y nos da un cierto pudor personalizar y mostrar públicamente ya sea nuestro trabajo o nuestras facetas personales, pero nos hemos convencido de que si no lo hacemos así, no podremos llegar al posible cliente que requiera nuestros servicios. Y ocurre lo mismo con el individuo, que cada vez se vende más como personaje único y marca personal.

Nuestra experiencia en este blog con más de dos años de vida, nos ha dado ciertas satisfacciones morales, que no económicas. La verdad es que nos supone a veces un trabajo extra que se hace duro de vez en cuando, pero estamos apostando por ello, porque como leímos el otro día, y esperemos sea verdad, “acumula visitas y lectores y no dinero que a la larga será un beneficio para la empresa”.



Una experiencia más reciente en el tiempo es el uso de Twitter, como comentamos hace unos días, vemos bien comentar hechos importantes que van sucediendo dentro de un cierto ámbito, como puede ser el profesional, pues a veces es imposible estar en todo y así hace que se te recuerde, o bien conozcas aspectos importantes de otros, incluso intercalar a veces algún hecho o comentario personal o privado, pero no entendemos a algunos personajes que trasmiten su vida en directo cada 15 minutos, contando lo que están haciendo a cada momento y que no tiene, bajo nuestro punto de vista, ningún interés publico. Quizá estos casos son de los que habla Marías y para ellos seria mejor tener dos perfiles, uno profesional y otro privado.

Concluyendo, creemos que hay que hay que cambiar la forma de pensar que expone Julián Marías en su artículo si eres empresario y tienes algo que vender, porque el futuro no está en los anuncios, ni en revistas ni periódicos, sino en una buena presencia en la red.



Creemos que resume el asunto de hoy un tweet de Jesús Encinar, Ceo de Idealista.com que publico en su cuenta de Twitter la semana pasada:¿Tiene sentido llamar “anunciante” a Zara y “Medio de comunicación” a Telecinco cuando Zara tiene 5.000.000 de fans en Facebook y Telecinco no llega ni a 100.000?

Las imagenes que ilutran esta entrada corresponden a la tienda delicatessen - cafeteria Dean & Delucca en Roppongi - Tokio - Japon diseñada por el estudio Wonderwall.

2 comentarios:

  1. El miedo a lo desconocido siempre cierra puertas. Hay empresas que no ven con buenos ojos estar en las redes sociales, desconociendo que una red social es el listado de teléfonos en las Páginas amarillas, o la inserción de un recuadro de publicidad en una revista. A algunas empresas e instituciones, lo de las Nuevas tecnologías les pilla como muy lejos. Es más, pondré un ejemplo: Hay instituciones que han definido sus actividades en Facebook pero limitan en sus dependencias el acceso. Tiempo... como todo, tiempo.

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  2. Stultifer,tienes mucha razon, lo argumentas y ejemplificas muy bien. Como dices, el tiempo dara la razon a unos u otros, lo malo es que algunos se quedaran en el camino.

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