De Excepcional a Vulgar




Como algunos recordareis, y otros podéis leer ahora, hace poco escribimos una entrada titulada “En Restauración lo importante es la comida”. Pues bien, eso, que parece obvio y se da por supuesto, ha generado un cierto debate entre conocidos.



A la conclusión que hemos llegado es que tanto algunos de ellos como nosotros mismos, empezamos a desconfiar de los restaurantes y “sitios de picoteo” de Madrid con un buen interiorismo pues  parece que en bastantes de estos establecimientos esa calidad que se da por supuesta no está luego a la altura de las expectativas que los clientes teníamos puestas en ellos.



Con honrosas excepciones, algunas de las cuales señalábamos en esa entrada, lo que está ocurriendo en nuestra ciudad es que los restaurante de precio medio también se han dado cuenta de la importancia del ambiente, de contar con un buen interiorismo como reclamo para atraer a la clientela, y esta acude a ese reclamo, claro. Pero luego descubren que es mejor el sitio que la calidad de lo que en él se sirve y que además no vale su precio.



Por ello se está generalizando la opinión de que en un sitio de esas características, y más si pertenece a un grupo de restauración del tamaño que sea, no se va a comer bien, y además te van a cobrar de más, pero eso sí, luego se podrá presumir de haber estado en el último sitio de moda. Por el contrario, si lo que se pretende es comer bien, mejor ir a un establecimiento regentado por un particular ya que allí la cosa cambia y la calidad será mejor, puesto que su sustento está detrás de la calidad de su comida.



Paradójicamente lo que era un buen reclamo para vender más, se está convirtiendo, por la mala praxis de algunos empresarios, en todo lo contrario, en algo que aleja al público. Esto mismo ya ocurrió también hace unos años con los llamados “restaurantes de diseño”. Este tipo de situaciones se reflejaba en “La muerte del bar español y la invasión del plato cuadrado”, que os ofrecíamos en otra entrada titulada “Cuando la comida ya no es suficiente”, y en el que el propietario de un establecimiento “de los de toda la vida” se quejaba de que el mismo producto que él ofrecía, en otro local, por servirlo en un plato cuadrado “de diseño”, se cobraba a mas alto precio.


A pesar de la situación económica que atravesamos el cliente de la restauración sigue saliendo, aunque gaste menos, y lo que busca está claro: calidad a buen precio. El entorno, la decoración, la vajilla, etc., son un valor añadido y no pueden suplir la calidad del producto, ni elevar significativamente el precio a pagar por él.



Hasta no hace mucho Madrid era una ciudad donde el diseño en restauración no se cuidaba en exceso, al menos a nivel medio. Poco a poco la situación ha ido cambiando y hoy ya muchos de estos locales están diseñados por los más afamados interioristas. Esto, que era algo singular y ofrecía al público redondear su experiencia en el establecimiento se está generalizando y parece que ya no es el factor determinante para acudir a un sitio a comer sino que empieza a cobrar su justa medida y se convierte en un factor más, pero no el más importante. Incluso hay personas que directamente huyen de sitios así, catalogándolos a todos por igual debido a alguna mala experiencia en alguno de ellos.



Las imágenes que ilustran esta entrada corresponden a El patio del fisgón, un nuevo restaurante abierto el pasado septiembre en la calle Don Ramon de la cruz que se presenta como un bistro puesto al día y en el que destaca sobre todo el patio que le da nombre.



Y es que tras una discreta fachada y un primer salón sin mucho que reseñar presidido por una barra rodeada de mesas altas donde picar algo y al que se han añadido algunos elementos “antiguos” (apliques, cuadros con partituras), se accede a la verdadera joya del local: el patio del edificio ganado al local y donde se sitúa el comedor principal. Aquí si la estética se ha cuidado con detalle. El espacio se asemeja a una cochera o cobertizo con suelo de baldosas de acera y las clásicas mesitas redondas típicas de un café francés mezcladas con otras de madera y sillas de hierro forjado e iluminadas por farolillos marroquíes.



Destacan también la chimenea, el jardín vertical que aporta un toque de frescor y el cerramiento de cristal con vistas al paso de carruajes de la finca, que deja pasar la luz natural y en verano lo convierte casi en una terraza al aire libre.



Mencionar que merece la pena también visitar el sótano, donde se encuentran los baños, a los que han dado un estilo provenzal, y un reservado para unas doce personas al que llaman "El Clandestino".
El local ha sido diseñado personalmente por sus propietarios con ideas y mobiliario propio de sus estudios Foxium y Abracadabra Store.

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