miércoles, 30 de junio de 2010

Nuevo IVA




A partir de mañana, 1 de Julio, entra en vigor la subida acordada a finales del año pasado de 2 puntos en el IVA general y 1 punto en el reducido. Coincide con la época de rebajas, que en la comunidad de Madrid debido a la crisis empezaron hace una semana en gran parte de los establecimientos y que en el resto de España empezaron este lunes.



Cuando se estableció esta fecha para la subida fue porque se confiaba en que el consumo ya se habría recuperado y al parecer así ha sido durante el primer trimestre y se confía en tasas positivas para el segundo, pero con incertidumbres claras en los próximos tercero y cuarto.



Con las medidas para recortar el gasto por parte del gobierno se supone que el ciudadano medio tendrá menos dinero y más miedo a gastarlo por el clima de incertidumbre que se respira.

Por otro lado los principales clientes de las empresas españolas, Francia, Reino Unido y Alemania también se han lanzado a programas de ajuste, lo que no va a contribuir demasiado a animar la cartera de pedidos.



Nosotros creemos que en el retail no se notara demasiado la subida del impuesto en el tercer trimestre y que ésta será más notoria en el cuarto, a la vuelta de las vacaciones, cuando se exponga la nueva temporada de moda.

Por otro lado y debido a la situación en que nos encontramos tampoco hay que descuidarse y por ello muchas compañías al final para seguir vendiendo asumirán la subida restándola de su beneficio como ya venían haciendo en este último año con descuentos para reactivar la venta. Parece que esto es lo que ha declarado el grupo Inditex (dueño de Zara y Massimo Dutti entre otros establecimientos) que ha anunciado que no trasladara ese encarecimiento del producto o servicio al consumidor.



Desde la asociación de consumidores piden “transparencia” a los comercios que no apliquen esta subida del IVA a sus clientes “para que el consumidor sepa dónde le conviene más comprar”.

La subida del IVA en general influye en la contracción del consumo y en la subida de la inflación, pero ahora la inflación es muy baja y el consumo de 2008 y 2009 ya ha sido muy bajo, así que el efecto del IVA va a ser pequeño.



Si el consumo se deprime de nuevo en los próximos meses se deberá sobre todo a los planes de recortes , a la incertidumbre, y a cierto adelanto de las compras en la primera parte del año en previsión de la subida del impuesto.



El problema es que esta subida añade más leña al fuego, "puede tener un efecto psicológico" en los consumidores. Y, dentro de ese don de la inoportunidad que tiene toda subida de impuestos, el momento actual es especialmente delicado.

Las imagenes que ilustran esta entrada pertenecen a la Peluqueria Centro de Belleza Actualis en Badalona - Barcelona diseñado por cm2 arquitectura e interiorismo.

martes, 29 de junio de 2010

Carolina Herrera




Este pasado fin de semana aparecía en El País Semanal una entrevista de Vicente Verdú a Carolina Herrera, una de las diseñadoras más famosas del mundo, con una estilo “clásico”, tanto en su ropa como en sus formas y en su manera de entender la vida, apegada a valores tradicionales como la religión, la familia y el “Tener clase”.

Como siempre que aparece algún reportaje de este tipo os ofrecemos un resumen, porque creemos que conociendo las historias que hay detrás de la moda esta resulta mucho mas entendible para todos aquellos que no están familiarizados con ella.



Poco a poco, desde que terminó la entrevista con Carolina Herrera en el número 501 de la Séptima Avenida, la Fashion Avenue (avenida de la Moda) de Nueva York, fui entendiendo con quién me había jugado los cuartos. Es decir, caí en la cuenta, por ejemplo, que un piso en ese edificio donde se ocupaban del diseño 80 personas podría valer unos diez millones de dólares. Puede que exagere o me quede corto, pero la impresión sobre el caudal de dinero que significa el imperio de Carolina Herrera fue haciéndose más nítida cuando al recordar la charla reaparecieron los escenarios de su educación, las prestancias de su marido, su suegro o su padre en una atmósfera que enlazaba la riqueza de la aristocracia venezolana (su marido es marqués de Torre Casa) con el corazón de la Forbes patrimonial neoyorquina.



La firma Carolina Herrera fue al comienzo el indicio de un capricho de una alta dama; pero en manos de una personalidad tan vivaz, ambiciosa y potente, la iniciativa de la señora Pacanins, de soltera, no iba a quedar en una anécdota. De hecho, no lo fue el diseño de su traje de boda para Carolina Kennedy, la hija mayor de John Fitzgerald Kennedy, ni años después su medalla de Oro de las Bellas Artes conseguida en España en 2005.

Una cuestión que interesa generalmente a la gente es cómo se lleva ser famosa hasta el punto de que tu nombre propio sea conocido en todos los continentes.

Pues lo llevo de maravilla. Y le voy a decir por qué. Para una diseñadora establecida, como yo, tener un perfume que llega a todas las partes del mundo es un extraordinario privilegio.



¿Más el perfume que su ropa?

Se empieza por la ropa, pero luego hay que tener la gran suerte de que el perfume sea un éxito, porque esto conlleva una incomparable presencia y rentabilidad. Esto sucedió con la primera de nuestras esencias, la que hice hace 22 años y llamé Carolina Herrera, convertida actualmente en un clásico. Después vinieron otras que abrieron más puertas.

… El perfume además te proporciona mucho éxito porque está en todos los aeropuertos, el nombre se da a conocer por todas partes y favorece tu colección de ropa. Hay que verlo todo junto, como la maquinaria de un coche. Además, los perfumes los hacemos con Puig desde el principio y nos va estupendamente. Son, de verdad, una compañía maravillosa. Puig también hace el perfume para Nina Ricci, Antonio Banderas, Paco Rabanne

Pero el perfume es idea suya...

Totalmente mío. Basado en jazmín y nardos, que era lo que yo olía de niña en mi cuarto de dormir en Caracas. Usted sabe que el sentido del olfato es muy fuerte para recordar y ese olor es el que siempre quise para mi perfume. De hecho, cuando de jovencilla empecé a usar perfumes, todos tenían una base de jazmín. Me acuerdo de que mi madre utilizaba Joy de Jean Patou, y yo usé de jovencísima Diorsissimo, siempre con su base de jazmín. Así que cuando los de Puig me preguntaron qué quería, yo les dije que deseaba uno con jazmín. Fuimos probando y mezclando componentes hasta que llegamos al que yo quería.



Comencemos por el principio. ¿Cómo fue su entrada en este complicado negocio de la moda, teniendo usted la vida más que resuelta y viviendo en un holgado ambiente de lujo?

Yo creo que en cada persona hay un momento en la vida en que deseas ser algo diferente; y a mí me llegó ese momento a los 40 años.

¿Influyó la separación de su primer marido?

En absoluto. Yo me casé a los 18 años y el matrimonio duró seis años. Ahí terminó todo.

Y desde esos 24 años separada hasta los 40, ¿qué pasó en su vida?

No pasó nada.



¿Nada?

Pasaron muchas cosas, pero de trabajo no pasó nada.

¿Y qué ocurrió concretamente para aventurarse en la moda?

Primero me dio por diseñar telas y le conté mi proyecto a Diana Vreeland, la directora de Vogue. Pero ella me dijo: "Diseñar telas es aburridísimo, ¿por qué no haces una colección?". Así que ella me dio la idea y ella fue, al cabo, mi mentora. Mi primera colección la hice en Caracas con mi costurero francés en los ochenta.

¿Vivía entonces en Caracas?

Vivía en Caracas, pero veníamos mucho a Nueva York. La familia siempre ha venido mucho a Nueva York, tanto por los negocios de mi segundo marido como por mis padres, que tenían aquí una residencia. Yo en Nueva York me he sentido siempre como en mi casa y los americanos, además, son gente muy generosa que cuando estás empezando algo nuevo te echan una mano, tal como me la echaron a mí. Me acuerdo de que Bill Blass me aconsejó no solo sobre lo que debía hacer, me presentó a las modelos, me indicó el orden de la exposición.



¿No pensó que empezaba demasiado tarde respecto a los demás, que ya estaban establecidos?

¿Tarde? Para nada. Tenía cuatro hijas y un nieto que nació el mismo año en que abrí el negocio. Ahora ya, a mis 71 años, tengo 12. Doce nietos y una bisnieta. El primer desfile lo hice en el Metropolitan Club de Nueva York y fue prácticamente todo el mundo. Fue, lo que se dice, un gran éxito. Todo el mundo quería comprar. Así que decidí formar una compañía y abrí unas oficinas en la calle 57. Por cierto, allí está ahora el edificio de Dior. De 1981 a 1992 se mantuvo nuestra sede social y tuve la suerte de que a las mujeres que veían nuestra colección les gustaba y la compraban. Esta fue la base de mi éxito: compraban. Pero soporté además críticas muy negativas de unos y otros, en los periódicos y por ahí.

…Pero mi colección era glamurosa, glamurosa, glamurosa. Era una colección para una mujer a quien le gustaba sentirse muy chic, verse mejor, más femenina y diferente, no víctima de la moda.

Ha hablado usted varias veces de la conveniencia de tener varios espejos de cuerpo entero por toda la casa para conocerse físicamente y saber vestirse bien.

El espejo es el principal accesorio para las mujeres. Y para los hombres.



Harrison Ford ha hecho quitar todos los espejos de su casa para no verse envejecido...

Pues no lo entiendo. La alternativa a no querer verse viejo es estar muerto. Todos tenemos que aprender a envejecer y a cambiar de edad. No hay nada más triste que un hombre o una mujer pretendiendo tener una edad que no tiene. Por eso hay que mirarse en el espejo: hay que ir al compás del tiempo y con el momento de cada cual.

Pero, en general, los modistos no hacen casi nada pensando en la gente mayor.

¿Cómo que no? Todos hacen adaptaciones de la colección.

Ellos y ellas buscan y no encuentran. O lo encuentran a medias.

Pues que vengan a Carolina Herrera. Yo tengo muchas clientas mayores y ninguna se ha quejado de la falta de modelos.



Bueno, usted se salva siempre con esta seña de identidad de la camisa blanca de la que, según he leído, posee cientos o miles.

Yo no espero que la gente se ponga lo que yo me pongo. Yo lo que busco es que se ponga lo que hago.

Al menos me aceptará que se diseña para la gente joven.

Puedo estar de acuerdo en algo. Por ejemplo, en los zapatos que ahora están de moda y que son una repetición del pasado, aunque vengan con una cuña dos veces más alta que la de antes. Naturalmente, para llevarlos hay que aprender a caminar porque casi cualquiera podría romperse un tobillo. Y, pese a ello, se los ponen tanto las niñas como las personas mayores.



Usted, de todos modos, mantiene muy bien el tipo...

Yo creo que lo más importante de todo no es parecer más joven o tener buena salud, sino sentirse bien con uno mismo. No es fácil, pero hay que tratar de conseguirlo tanto en la relación familiar como en las relaciones de trabajo. Hay que tratar de estar feliz con uno mismo, feliz dentro de ti.

Trabaja sin limitaciones.

Yo no tengo nada que ver, nada en absoluto, con la parte económica. Solo estoy en la parte creativa. Y dentro de ella, en ropa para mujer. Para los hombres tengo en España un buen equipo de diseñadores. Además he crecido en una familia en la que todos los hombres vestían muy bien; mi suegro, mi padre, mi marido. Yo veo a los hombres vestidos con un diseño clásico y un toque chic moderno, distintivo.

En un sector medio alto.

Eso no lo pienso. Pienso en lo que se pueda vender mejor.



¿Les va bien el negocio?

Nos va de maravilla. De maravilla nos va. Ahora estamos abriendo una boutique en Nueva York, en Madison Avenue, entre la 68 y la 69, la boutique Carolina Herrera Nueva York. Tenemos mujer, hombre, niños; es tanto como cubrir toda una forma de vida. Y creo que ya tenemos 130 boutiques en el mundo.

¿También en Asia?

No sé, tendría que mirar la lista.

Un progreso velocísimo, sin contrariedades...

¿Sin contrariedades? Muchas contrariedades, miles de contrariedades, millones de contrariedades.

En España les va muy bien...

España me encanta y voy muy a menudo. Tengo a mi hija Carolina que vive allá y se ocupa del diseño de la colección para niños de CH y, además, de los perfumes que se van creando. Porque tanto la moda como los perfumes nunca tienen fin. La moda se relaciona con la época y no es en absoluto frívola como mucha gente cree. Cada vez que uno se viste está viviendo la historia y creando algo.



¿Cómo explicaría, entonces, que creadores, artistas plásticos, suelan ir tan mal vestidos?

Yo supongo que creen que vistiendo distraídamente dan a entender que están pensando en algo más profundo. Y a otros quizá les guste parecer excéntricos. Aunque quizá la diferencia entre la moda y las artes plásticas es que la moda incluye el movimiento. El cuadro está quieto, pero la moda se concibe como algo en movimiento.

¿Qué me dice de su relación con Andy Warhol?

Éramos amigos. Mi esposo, él y yo éramos buenos amigos. Este retrato que usted está viendo me lo hizo a finales de los setenta. Andy era un tipo muy witty [agudo] y un buen profesional. Para este cuadro hizo hasta 40 polaroids. Cuando veo hoy los cuadros de Andy en las subastas de Christie's adjudicados por 40 o 50 millones de dólares, pienso que él mismo, de saberlo, se habría caído muerto.

¿En qué se fija usted para inspirarse?

¿Que qué es lo que miro para inspirarme? Mi inspiración. Y mi inspiración viene de mi memoria, de una conversación, de un libro que estoy leyendo, de un color que he visto en un cuadro.



Pero, al comienzo, ¿qué modelo tenía en su cabeza?

La primera inspiración fueron las fantásticas actrices de Hollywood de los años cuarenta. Yo, cuando tenía 15 años, quería ser una vampiresa y para nada una diseñadora. Deseaba ser la mejor amazona del mundo, porque adoraba los caballos; y las personas más importantes para mí eran mi petisero, el que cuidaba mi caballo, y mi profesor de equitación. No pensaba para nada en hacer moda, aunque acaso estaba dentro de mí, puesto que siempre estaba metida en ese mundo, conocía a los diseñadores, a los productores Pero no empecé a pensar en ello hasta mucho más tarde. Ni siquiera de pequeña fui de esas chicas que visten a sus muñecas. Nunca he sabido ni pegar un botón.

¿Colabora en el negocio su marido?

Mi marido tiene un ojo fabuloso y un gusto enorme, pero no, no está metido en el negocio. Él trabaja como coeditor de Vanity Fair. Él es mi soporte. Si no aceptara mi profesión, la dejaría; y también la dejaría si no le pareciera bien a mi familia. Pero tengo la suerte de que les parece bien, que están todos encantados. Solo Carolina, que es quien ha hecho la última campaña de la moda y vive en Madrid, colabora con nosotros. Yo tengo cuatro hijas: Mercedes, Ana, Patricia y Carolina. Dos del primer matrimonio y dos del segundo. De las dos primeras, una vive en Venezuela, y la otra, en Argentina. Patricia estaba en el departamento de diseño antes, pero lo dejó porque tiene tres niños, de seis, cuatro y dos años, y, claro está, no tiene tiempo. Pero me encantaba su colaboración porque tiene muy buen ojo, un estilazo y nunca miente cuando no le gusta algo de los vestidos.



¿Son caros sus vestidos?

No lo sé. Yo no me meto en los precios. A mí me educaron muy mal, y según esta educación, nunca se debía hablar de dinero. Todavía si se me pregunta cuánto vale un vestido de estos [dos de organza que había exhibido una modelo durante la charla], me pongo roja como un tomate porque no tengo ni idea.

¿Y cómo se puede llevar una empresa sin entrar en las cuentas?

Porque es así si eres creativa. El negocio hay que dejarlo en manos de otras personas para que tu creatividad se desboque.

Pero la jefa suprema, en todo caso, es usted.

Obviamente.



¿Y el éxito se debe a usted?

Al trabajo duro.

¿Y a la suerte?

La suerte, desde luego, de tener a tantos hombres y mujeres a quienes les gusta lo que hago. Hombres que tienen un gusto por lo clásico con un toque moderno y mujeres que desean gustar a través del glamour. No es un gusto relacionado con las tendencias de la actualidad, porque para mí las tendencias son aburridísimas. Para hacer ropa de tendencias, mejor diseñar uniformes militares que son más iguales.

Las imágenes de una de sus ultimas tiendas abiertas en Nueva York nos sirvió para ilustrar una anterior entrada, las imágenes que acompañan la entrevista que ofrecemos hoy pertenecen a la imagen de las tiendas CH Carolina Herrera. Supervisadas y dirigidas por los Hermanos Domínguez, quienes a raíz de una disputa con Adolfo Domínguez abandonaron la empresa de éste y montaron una nueva empresa con dos firmas punteras como Purificación García y CH Carolina Herrera.

lunes, 28 de junio de 2010

Iniciativas Acertadas




En entradas anteriores hemos hablado de la importancia del personal en la marcha del negocio y de como su actitud puede perjudicar o beneficiar al mismo. Con un personal cualificado y una buena atención conseguiremos ofrecer a nuestros clientes una buena experiencia de compra.



Hace unos días sin ir mas lejos, relatábamos el caso de Mercadona, una empresa que al adoptar ciertas medidas ventajosas para sus empleados ha conseguido ser una empresa con un beneficio medio por empleado muy alto.



Pues bien, la semana pasada en una reunión por motivos de trabajo nos comentaban un hecho que nos ha parecido digno de mención por lo que significa y porque puede ser de ayuda para todos aquellos empresarios que están en estos momentos en situaciones parecidas, sean del sector que sean. La idea que nos ocupa la ha llevado a acabo un empresario de Óptica con unos resultados notables.



En una época de crisis como la que atravesamos el descenso de las ventas ha sido mas que notable en todos los sectores, incluidos el de la óptica y a pesar de que las actividades relacionadas con la salud al considerarse estas como de primera necesidad son de las que menos repercusión están teniendo.



El empresario del que hablamos dispone de varias tiendas repartidas por varias zonas de Madrid. Analizando el descenso de sus ventas se dio cuenta de que le sobraba personal, aproximadamente 1 persona por tienda, y pensó que teniendo un personal que lleva años con el, que ya estaba formado y que merecía la pena conservar y calculando la indemnización que tendría que abonarles con el despido, le podía salir mas rentable poner un nuevo punto de venta en una zona donde todavia no dispone de ella y dotarle con el personal que le sobraba de los otros centros, con el siguiente resultado:



Con el nuevo punto de venta ha conseguido elevar su facturación de años anteriores, pues aunque los demás han bajado un poco con este ha conseguido compensar esa bajada y además superar las ventas totales de la empresa y sin costes adicionales de personal. Además al crear un nuevo punto de venta ha creado una sinergia de empresa mas grande que le ha beneficiado en el sector y el personal de su empresa esta contento y se siente valorado( lo mejor que puede encontrar un empleado es una empresa se preocupe por él). Con lo cual se entrega a su trabajo mejor que antes y se respira un mejor ambiente de trabajo, lo que a su vez hace que se tomen la empresa un poco "como suya" e intenten mejorar su actividad profesional y la atención al público, lo que ha repercutido en elevar las ventas de todas las tiendas.



Esto nos hace ver la importancia que decisiones de este tipo pueden tener para una empresa.
Como ya hemos dicho en otras ocasiones y se ha dicho en distintos medios y foros, las épocas de crisis también pueden ser tiempo oportunidades, cambios e inversiones. Naturalmente decisiones como la de este ejemplo hay que explicarlas bien al personal para que se entiendan y den el resultado adecuado.

Las imagenes que ilustran esta entrada pertenecen a A. Kinney Court Store una mezcla entre Optica y "Boutique de Moda" en Venice - California, diseñada por Ilan Dei Studio.

viernes, 25 de junio de 2010

Pabellón de UK Expo - Sanghai 2010




De los cientos de Pabellones que se presentan en esta Expo Shanghai 2010 el de UK (Reino Unido) es uno de los que posee un aspecto más llamativo. Difícil de concebir si no es en el marco de un evento de este tipo.



El Pabellón ha sido diseñado por Thomas Heatherwick, un reconocido diseñador que posee un prestigioso estudio con base en Londres, que experimenta con volúmenes orgánicos, pieles y texturas; nos ha recordado un poco a Tokujin Yoshioka , pero con una formación y una obra que se desarrolla en todos los ámbitos, desde pequeños elementos u objetos y medianas instalaciones hasta grandes obras de interiorismo y arquitectura.



El truco de Heatherwick es que además de pertenecer al RIBA (The Royal Institute of British Architects) pasó por el Royal College of Art antes de fundar su estudio, en 1994, “para construir proyectos extraordinarios”. Escenógrafo, escultor, sastre y mueblista, además de arquitecto, es capaz de proponer una entrada blanda para el Hospital de St. Thomas de Londres o edificios rocosos como el Centro de Comunicaciones que ha ideado para Hereford. Imaginativo y siempre sorprendente, sus propuestas son de alto riesgo. Algunas veces, como en la estación eléctrica de Teesside, consigue convertir un problema en una atracción. Pero otras, como en el interior de la tienda para Longchamp que firmó en Nueva York, Le Maison Unique, un pliegue complica la vida. Y desdibuja las ideas. “Sólo el que corre riesgos se equivoca”.



El pabellón que nos ocupa fue llamado “The Seed Cathedral” (Catedral de las semillas) debido a las 60,000 fibras ópticas que lo envuelven y que le otorgan su particular aspecto. Cada una de estas fibras almacena en su interior diversas variedades de semillas provenientes de Millennium Seed Bank en Gran Bretaña. (Banco de semillas del milenium).



El proyecto se eleva hasta los 20 metros de altura, en los que se albergan 6 alturas diferentes, todos relacionados con las fibras/cables de 7,5 metros de longitud, las cuales dotan de luz al espacio interior de manera natural por el día y de forma artificial durante la noche.



El concepto del proyecto pretende relacionar la tecnología y la naturaleza en la ciudad ya que el lema de la Expo es “Better Cities, Better Life”. Con esta obra, el Reino Unido ensalza su proyecto de banco de semillas y reivindica ser una de las ciudades con más áreas verdes por km2.



El proyecto ha sido construido in situ por trabajadores locales, y en el momento de su desmontaje, los materiales serán reciclados y sus semillas se plantarán en Shangai.



En el primero de los videos que os ofrecemos a continuación aparece una descripción del concepto que inspiró el pabellón, aunque la idea base de este proviene de una anterior, concretamente de un proyecto efímero llamado Sitooterie II realizado en Essex, UK y que podemos ver en su pagina Web.





jueves, 24 de junio de 2010

El Vientre de Paris - Emile Zola III




Llegamos al final de este repaso que estamos haciendo al libro de Zola con varias descripciones que hemos entresacado por su interes desde el punto de vista comercial.

Por un lado la descripción de la carnicería (pequeño comercio) que abre el hermano del protagonista gracias a su mujer que ve la oportunidad de trasladar la vieja tienda que tenían y abrir una nueva, con todo lujo, enfrente del mercado. El mercado no es aquí competencia sino punto de atracción que sirve para que aumente la clientela.

A Gavard eso le pareció divertidísimo; se rió mucho le informo de que su hermano Quenu se había mudado y había abierto una nueva salchichería a dos pasos, en la calle Rambuteau, frente al Mercado …. Era una alegría para la vista. Reía, toda clara, con toques de colores vivos que cantaban en medio de la blancura de sus mármoles.



La muestra donde el apellido QUENU – GRADELLE brillaba en gruesas letras de oro, encuadrada en ramas y hojas, dibujando sobre un fondo suave, estaba hechas de una pintura recubierta por un cristal. Los dos paneles laterales del escaparate también estaban pintados y cubiertos de cristal, representaban amorcillos mofletudos, jugando en medio de cabezas, de chuletas de cerdo, de guirnaldas de salchichas y aquellas naturalezas muertas adornadas con volutas y rosetones, tenían tal suavidad de acuarela, que las carnes crudas adquirían rosados tonos de mermelada.

Luego en este amable marco, ascendía el escaparate. Estaba colocado sobre un lecho de finos recortes de papel azul; en algunos sitios, hojas de helecho delicadamente alineadas mudaban ciertos platos en ramilletes rodeados de verdor. Era un mundo de cosas buenas, de cosas untosas y fundentes. En primer lugar, abajo del todo, junto al cristal, había una fila de tarros de “rillettes” entremezclados con tarros de mostaza. Los codillos deshuesados venían encima con su rica cara redonda, amarilla de pan rallado, el mango rematado por un pompón verde. A continuación llegaban grandes fuentes, las lenguas rellenas de Estrasburgo, rojas y barnizadas, sangrantes al lado de la palidez de las salchichas y las manos de cerdo; las morcillas, negras enrolladas como culebras buenacitas; las “andouilles”, apiladas de dos en dos , reventando de salud; los salchichones semejantes a espinazos de chantre, con sus capas de plata; los pasteles calentitos, llevando las pequeñas banderas de etiquetas; los gruesos jamones, las grandes piezas de ternera y cerdo, glaseadas, cuya gelatina tenia limpieces de azúcar cande…



Lisa era una mujer inteligente que pronto comprendió la tontería de dejar dormir sus noventa y cinco mil francos …. ella tenia otras ambiciones. La calle Pirourette hería su idea de limpieza, su necesidad de aire, de luz de robusta salud. La tienda era una especie de tripa negra, una de esas chacinerias dudosas de los barrios viejos, cuyas baldosas gastadas conservan el fuerte olor de las carnes a pesar de los fregados; y la joven soñaba con una de esas tiendas modernas, de una riqueza de salón, que exhiben la limpidez de sus lunas sobre la acera de una calle ancha. No era por lo demás el deseo mezquino de hacerse la dama detrás de un mostrador; tenía una conciencia muy clara de las necesidades de lujo del nuevo comercio. Quenu quedo aterrado, la primera vez, cuando ella le hablo de mudarse y gastar parte de su dinero en decorar una tienda. Ella se encogió dulcemente de hombros sonriendo.



Ella se había ocupado, sin decir nada, de la nueva tienda; había encontrado una a dos pasos de la calle Rumbuteau maravillosamente situada. El Mercado central que estaban construyendo enfrente multiplicaría la clientela, daría a conocer la casa en todos los rincones de Paris. Quenu se dejo arrastrar a unos gastos locos; metió mas de treinta mil francos en mármoles, espejos y dorados. Lisa se pasaba horas con los obreros , daba su opinión sobre los detalles mas insignificantes . Cuando pudo por fin instalarse detrás de su mostrador, llegaron en procesión a comprarles, únicamente por ver la tienda. El revestimiento de las paredes era todo de mármol blanco, en el techo, un inmenso espejo cuadrado, enmarcado por un ancho artesonado dorado y muy labrado del cual pendían en el medio una araña de cuatro brazos; y detrás del mostrador, ocupando un panel entero y también a la izquierda y al fondo otros espejos, cogidos entre las placas de mármol, ponían lagos de claridad, puertas que hacían abrirse hacia otras salas, hacia el infinito, todas llenas de las carnes exhibidas. El mostrador a la derecha muy grande, fue considerado sobre todo como un bonito trabajo; unos rombos de mármol rosa dibujaban en él medallones simétricos . Las baldosas del suelo eran cuadrados blancos y rosa, alternados, con una greca de un rojo oscuro por el borde. El barrio se enorgullecía de su salchichería.

Posteriormente se describe la zona de vivienda pues hay que recordar que en esa época las tiendas eran una parte de la casa, donde se vivía, cocinaba y se fabricaba parte del producto que en ella se vendía, tanto los dueños como los empleados.



Por otro lado como comentamos en el resumen del libro el protagonista llega al empleo de inspector del mercado y desde su puesto privilegiado nos describe el funcionamiento interno del mismo.

La primera mañana cuando Florent llego a las siete se encontró perdido, los ojos pasmados. Alrededor de los nueves pupitres de subasta rondaban ya las revendedoras mientras que los empleados llegaban con sus registros, y los agentes de los expedidores, con sus escarcelas de cuero colgada al cuello, esperaban su dinero , sentados en sillas tumbadas contra la oficina de venta.

Estaban descargando, desembalando el pescado en el recinto cerrado de los pupitres y hasta en las acera. Había a lo largo del suelo, montones de pequeñas banastas, una afluencia de cajas y cestas, sacos de mejillones apilados que dejaban correr regueros de agua. Los tasadores, muy atareados, saltando sobre las pilas , arrancaban de un tirón la paja de las banastas, las vaciaban, las arrojaban vivamente y sobre grandes canastas redondas, de un manotazo, distribuían los lotes, les daban un aspecto atractivo. Cuando las canastas se exhibieron Florent pudo creer que un banco de peces acababa de varar allí…



Entonces el señor Velarde, ando la vuelta por la acera, lo llevó al recinto de uno de los puestos de subasta. Le explicó los compartimientos y el personal de la gran oficina de madera amarilla, que apestaba a pescado, manchada por las salpicaduras de las canastas. Arriba del todo, en la cabina de vidrio, el agente de la recaudación municipal anotaba las cifras de las pujas. Mas abajo, en sillas altas, con los puños apoyados en estrechos pupitres estaban sentadas las dos mujeres que sostenían las tablillas de venta por cuenta del mayorista. El puesto es doble a cada lado, en un extremo de la mesa de piedra que se extiende delante del escritorio, un subastador depositaba las canastas, ponía precio a los lotes y a las piezas grandes mientras que la tablillista, por encima de él, pluma en ristre esperaba la adjudicación. Y le señalo fuera del recinto, enfrente en otra cabina de madera amarilla a la cajera una anciana enorme, que alineaba pilas de monedas y piezas de cinco francos.

- Hay dos controles –decía- el del ayuntamiento y el de la prefectura de policía. Esta ultima, que designa a los mayoristas, pretende tener a su cargo su vigilancia. La administración de la ciudad, por su parte, exige asistir a la transacciones que grava con un impuesto.



Durante los paseos de inspección de la mercancía del protagonista, nos describe los diferentes puestos y los diversos pabellones

Todos sus días se parecían. … Paseaba entre el barullo y el escándalo de las ventas, seguía los pasillos a pasitos cortos, se detenía delante de las pescaderas cuyos puestos bordeaban la calle Rambuteau. Estas tienen grandes montones rosados de gambas, cestos rojos de langostas cocidas, atadas, con la cola enrollada; mientras que las langostas vivas mueren, achatadas sobre el mármol.. siempre terminaba su inspección en los salazones, las cajas de arenques ahumados, las sardinas de Nantes sobre lechos de hojas, el bacalao enrollado, que se exhibían delante de las gordas vendedoras insulsas, le hacían pensar en una partida, en un viaje entre barriles de salazón. Luego por la tarde el mercado se calmaba, dormía. Se encerraba en su despacho, ponía en limpio sus notas, disfrutaba de sus mejores horas.



Otro aspecto a tener en cuenta es cuando describe los sótanos del mercado, el sitio donde se almacena y se prepara el producto, (no siempre en las mejores condiciones higiénicas) para luego venderlo en los diferentes puestos.

Abajo, el sótano esta muy oscuro; a lo largo de las callejas, los trasteros están revestidos de una tela metálica de finas mallas, por miedo a los incendios; las lámparas de gas, muy escasas, ponen manchas amarillas sin rayos en el vaho nauseabundo, mas pesado aun por el gastamiento de la bóveda. Pero la señora Lecoeur trabajaba la manteca en una de las mesas colocadas a lo largo de la calle Berger. Los tragaluces dejan caer un pálido resplandor, las mesas continuamente lavadas con agua de los grifos tienen blancuras de mesas nuevas, De espaldas a la bomba del fondo, la vendedora masaba las pellas en medio de una caja de roble. Cogia a su lado muestras de las distintas mantequillas, las mezclaba, las corregía con otra, al igual que se procede con los vinos.



Entro en el trastero. Gavard había alquilado dos compartimentos, con los que había hecho un solo gallinero quitando el tabique. En el suelo, entre estiércol, chapoteaban los animales grandes, gansos, pavos, patos; arriba, en las hileras de anaqueles, chatas cajas caladas contenían gallinas y conejos. La alambrada del trastero estaba toda polvorienta, con telaraña, colgantes, hasta el punto de parecer guarnecida de toldos grises; la orina de los conejos corroía los paneles de abajo, los excrementos de las aves manchaban las tablas de salpicaduras blanquecinas….Pero ¿como hacen para comer? Entonces el le explico que las aves no quieren comer sin luz: Los comerciantes se ven obligados a encender una vela y esperar allí, hasta que los animales han terminado.

Esto me divierte-continuo- los alumbro durante horas y horas. Hay que ver los picotazos que se dan. Después cuando, tapo la vela con la mano, se quedan todos con el cuello estirado, como si se hubiera puesto el sol…esta prohibidísimo dejarles la vela e irse. Una vendedora, la tía Palette, usted la conoce, estuvo a punto de quemarlo todo.



Como hemos visto a lo largo de estos tres ultimas entradas dedicadas al libro “El vientre de París” de Emile Zola en muchos aspectos del comercio de los mercados y tiendas se ha producido una mas que notable evolución, sobre todo en temas como seguridad, higiene, manipulación, almacenamiento, controles, etc. mientras que en otros, los procedimientos siguen siendo casi los mismos, sin haber variado a penas a lo largo del tiempo.

Por otro lado como comentabamos en una entrada anterior, hemos comprobado que el tema de la venta de alimentación motiva poco, quizas porque sea un mundo en el que la venta ha evolucionado menos que en el resto del retail o el empresario y el consumidor lo valoran menos y lo ven como casi una obligación para alimentarse

Las imágenes que ilustran esta entrada pertenecen al proyecto ganador de un concurso de ideas para uno de los últimos nuevos mercados que se están construyendo en la comunidad de Madrid, el Mercado de San Chinarro, que tiene prevista su apertura, si la crisis no lo impide, el próximo año aunque parece que todavía no han empezado las obras. Esta diseñado por Mute Arquitectura S.L. y se ha concebido como la transformación del mercado de toda la vida en algo diferente, pero sin convertirse en un centro comercial. Cuenta con 5 plantas, distribuidas en planta sótano donde se encuentran el aparcamiento para empleados, muelles, administración, etc., planta de calle donde se ubica el mercado propiamente dicho, una primera planta dedicada al descanso, con guardería infantil, cafetería y zona de descanso. La segunda planta cuenta con una zona de tiendas y un gimnasio y en la tercera y ultima se sitúa el aparcamiento para clientes .

miércoles, 23 de junio de 2010

El Vientre de Paris - Emile Zola II




Hoy continuamos con esta serie de entradas dedicadas al comercio a través del libro de Zola.

En “El vientre de Paris” el mercado no es el protagonista como tal (contrariamente a lo que ocurría con el gran almacén en “El Paraíso de las Damas”) y sirve como escenario o telón de fondo para el trascurso de la trama. Las conclusiones que sacamos tras su lectura es que el sector de la alimentación y del mercado como tal no ha evolucionado mucho desde la antigüedad como tal, y quizá la evolución mas moderna de ellos son los hipermercados.



Creemos que al ser la mayoría de ellos productos de primera necesidad, con un consumo diario y garantizado, con unos menores márgenes, no han tenido la necesidad de evolucionar para tentar al consumidor.

La novela comienza con la llegada a Paris de Florent quien había sido deportado a Cayena tras las jornadas de diciembre. (Como comentamos en el resumen de la novela). A su llegada se encuentra con unas importantes reformas de la ciudad que, llevadas a cabo bajo el gobierno de Napoleón III, cambian la estética y la forma de entender la gran ciudad, hasta hacerla irreconocible ante sus ojos. Así describe su primera visión del mercado.



Pero lo que le sorprendía era, a los bordes de la calle, unos gigantescos pabellones, cuyos tejados superpuestos le parecían crecer, extenderse, perderse, al fondo de una polvareda de resplandores. Soñaba, con la mente delimitada en una sucesión de palacios, enormes y regulares, de una ligereza de cristal, que encendían sobre sus fachadas las mil rayas de llamas de persianas continuas y sin fin. Entre las finas aristas de los pilares, esas menudas barras amarillas formaban escaleras de luz, que ascendían hasta la línea oscura de los primeros tejados, que escalaban el amontonamiento de los tejados superiores, apoyando la mole de los grandes armazones calados de salas inmensas donde vagaba bajo el amarillo del gas, una confusión de formas grises, borrosas y durmientes.



Una vez dentro un conocido le guía en el laberíntico edificio

… Allí, mire el pabellón que esta a nuestro lado es el pabellón de la fruta y las flores, mas lejos el pabellón del pescado, la volatería y detrás, las hortalizas, la mantequilla y el queso… Hay seis pabellones por ese lado; después al otro lado enfrente hay cuatro mas; carne; casquerías, el Valle… Es muy grande pero hace un frío terrible en invierno. Dicen que van a construir dos pabellones más derribando las casas, alrededor del mercado del trigo.



Y llega el momento en que se pone en marcha esa gran maquinaria de alimentación y empieza su primera visita iniciática en el mismo.

Una gran campana empezó a sonar por encima de la cabeza de Florent, en la esquina del pabellón de la fruta.

En el mercado los montones descargados se extendían hasta la calzada, entre montón y montón, los hortelanos disponían un estrecho sendero para que la gente pudiera circular. Toda la ancha acera, cubierta de una punta a otra, se alargaba, con los montículos oscuros de las verduras. Solo se veía aun, en la claridad brusca y cambiante de los faroles, la plenitud carnosa de un atado de alcachofas, los verdes delicados de las lechugas, el coral rosado de las zanahorias, el marfil mate de los nabos; y esos relámpagos de colores intensos corrían a lo largo de montones, con los faroles. La acera se había poblado; el gentío despertaba, marchaba entre las mercancías: deteniéndose, charlando, llamando…



Entraron en una de las calles cubiertas entre el pabellón del pescado y el pabellón de la volatería. Florent alzaba los ojos, miraba la alta bóveda, cuyo maderamen interior relucía entre los encajes negros de las armaduras de hierro colado. Cuando desemboco en la gran calle central pensó en alguna ciudad extraña , paseos y sus carreteras, sus plazas y sus cruces, metida por entero bajo un cobertizo, un dia de lluvia, por algún gigantesco capricho. Las sombras que dormitaban en los huecos de la techumbre, multiplicaban el bosque de pilares, ensanchaban al infinito las delicadas nervaduras, las galerías recortadas las persianas transparentes; y había por encima de la ciudad hasta en el fondo de las tinieblas, toda una vegetación, toda una floración, monstruoso despliegue de metal , cuyos tallos que ascendían como cohetes, cuyas ramas que se retorcían y anudaban cubrían un mundo con la levedad del follaje de un hosquedad secular.



Algunos barrios dormían aun, encerrados tras sus verjas. Los pabellones de la mantequilla y de la volatería alineaban sus tiendecitas enrejadas, alargaban sus callejuelas desiertas bajo las hileras de faroles de gas. El pabellón del pescado acaba de abrirse; unas mujeres cruzaban las filas de piedras blancas, marcadas por la sombra de los cestos y los trapos olvidados. En las hortalizas, en las flores y en la fruta crecía el alboroto. Poco a poco la ciudad iba despertando, desde el barrio populoso donde las coles se apilaban desde las cuatro de la madrugada, al barrio perezoso y rico que solo cuelga en sus cas capones y faisanes hacia las ocho.



Pero en las grandes calles cubiertas la vida afluía. A lo largo de las aceras, en los bordes había aun hortelanos, pequeños cultivadores llegados desde de las cercanías de Paris, desplegando sobre cestas su cosecha de la tarde anterior, manojos de verduras, puñados de frutas, Entre el incesante vaivén del gentío, los carros entraban bajo las bóvedas, aflojando el trote resonante de sus caballos.



Llegaba el pescado, se sucedían los camiones (carros para cargas pesadas) acarreando las altas jaulas de madera llenas de banastas que los ferrocarriles traían muy cargadas desde el océano.

Estaban en medio del mercado de las flores frescas. En los puestos, a la derecha e izquierda, mujeres sentadas tenían ante si canastillas cuadradas llenas de manojos de rosas, violetas, de dalias, de margaritas. Los manojos se oscurecían semejantes a manchas de sangre, o palidecían suavemente con grises plateados de gran delicadeza.



Florent miraba el gran mercado salir de la sombra, salir del sueño en los cuales lo había visto , alargando al infinito sus palacios calados, se solidificaba, de un gris verdoso, mas gigantesco aun, con su prodigiosa arboladura que soportaba los lienzos sin fin de sus tejados. El mercado amontonaba sus masas geométricas, y cuando se apagaron todas las claridades interiores, cuando se baño en el día naciente, cuadrado, uniforme, apareció como una maquina moderna sin ninguna medida, una maquina de vapor una caldera destinada a la digestión de un pueblo, gigantesco vientre de metal, sujeto con pernos, remachado, hecho de madera, de vidrio y de hierro colado de una elegancia y una potencia de motor mecánico, funcionando allí con el calor del calentamiento, el aturdimiento, el bamboleo furioso de las ruedas.

Las imagenes que ilustran esta entrada corresponden al Antiguo Mercado de la Cebada de Madrid, que junto al de Mostenses derribado en los años 50 para la ampliacion de la Gran Via son los mas influidos por la arquitectura del Gran Mercado de Les Halles de Paris.