viernes, 26 de febrero de 2010

Originalidad

Hoy vamos a tratar un tema del que nos gustaría que nos dejarais vuestros comentarios y opiniones: ¿ Es lo mismo copiar que inspirarse?.

El tema surgió a raíz de un párrafo que leímos recientemente y de las últimas experiencias que hemos tenido en un reciente trabajo. El texto que leimos es el siguiente:

Roba de cualquier sitio que te inspire o que alimente tu imaginación. Devora películas antiguas y modernas, música, libros, cuadros, fotografías, poemas, sueños, conversaciones aleatorias, arquitectura, puentes, señales de la calle, árboles, nubes, cuerpos de agua, luces y sombras. Roba sólo cosas que le hablen directamente a tu alma. Si haces eso, tu trabajo (y tus robos) serán auténticos. La autenticidad es muy valiosa, la originalidad no existe. Y no te molestes en disimular tus robos —si te apetece, celébralos. En cualquier caso, recuerda siempre lo que dijo Jean-Luc Godard: “Lo importante no es de dónde sacas las cosas — es a dónde las llevas”.



Dicen que Elvis Presley ocultó a su público que no hacía más que copiar a los bluesmen negros y desconocidos de los años treinta, que John Galliano, estilista de Dior, escondió hace unos meses que en sus campañas copiaba un concepto de William Klein. La lista de genios del siglo XX que, para brillar mejor, no revelan sus fuentes de inspiración seria muy larga pero si hay uno que lo hizo descaradamente y se atrevió a decirlo ese fue Picasso, quien copiaba a los maestros descaradamente para desafiarlos abiertamente, el artista subversivo que todo lo devoraba para mejor recrearlo.

Lo cierto es que los procesos creativos son distintos según las personas.



Hay ocasiones en que las ideas fluyen con naturalidad, pero otras nos encontramos bloqueados y cuanto mas lo pensamos y mas vueltas le damos más nos bloqueamos. Mientras más tiempo le dedica uno a decir "no se me ocurre nada, estoy bloqueado, no me siento creativo"... más pasa. Ante esto recurrimos a algo que nos libere y nos inspire y para ello solemos utiliza dos métodos completamente distintos.



Uno de ellos consiste en huir de todo, despejar nuestra mente y distraernos con algo diferente esperando que con la mente limpia se nos "encienda la bombilla", convencidos de que en el momento más inesperado la solución aparecerá, confiando en que, en algún momento y cuando menos lo pensemos y con lo que menos nos imaginemos ... algo se nos va a "ocurrir".Y así sucede a veces.



Como bien dicen "hay que salirse del problema y verlo con distancia crítica para encontrar la solución".

O bien, el otro método consiste en hacer justamente lo contrario, en vez de huir y distraernos recurrimos a libros, imágenes, obras premiadas o señaladas de otros autores o artistas que nos inspiren, que nos hagan ver por donde puede ir el camino, bien por transformación - como Picasso - , o en el peor de los casos por similitud.
Lo difícil de este segundo método es llegar a una solución inteligente y novedosa, y la mayoría de los casos se acaban copiando las ideas y adaptándolas.



Hace unos días, en uno de los blogs que solemos leer, una artista contaba como ella recurría a ese primer método, y una de sus vías de escape y distracción eran los supermercados, y justo allí, en uno de ellos, viendo todos los yogures idénticamente colocados, excepto uno de ellos que estaba dado la vuelta, le vino la vino la inspiración. Siempre que hay algo "que no encaja" llama mucho más nuestra atención que el resto de las situaciones, productos o cosas. Para bien, o para mal, la llama.

Pero, ¿que ocurre cuando es el propio cliente el que te pide una copia?, el típico cliente pesado que quiere “algo igual, igual a lo de ...”, pues hala, te lo hago igual!, o parecido como contábamos en una de nuestras entradas anteriores, en ese caso en particular era “algo rollito tipo Zara



Recientemente una colega y amiga se ha encontrado con el desengaño de que después de que un cliente fuera a buscarla para que les realizara el proyecto del stand de feria de su empresa (una feria totalmente para profesionales de esas en que la originalidad brilla por su ausencia) precisamente para que les realizara algo distinto y original, más escenografico como suelen ser los que ella realiza; el día antes de la inauguración, cuando ya estaba todo hecho, tal y como se había reflejado en el proyecto que habia presentado y aprobado, el director general de la empresa pidió que le pusieran mas luz y le añadieran algunos logotipos en vinilo “porque no destacaba, no se veía tanto como los demás “, cuando precisamente el concepto del proyecto habia sido ese, conseguir un espacio mas intimo, con menos luz y con logos proyectados, que destacara por si mismo y atrajera al visitante por su diferencia, que invitase a entrar por su misterio, no otro “flashazo” mas de luz con grandes logos que dijera ¡aquí estoy yo!.



A nosotros nos ha ocurrido algo parecido con nuestro ultimo proyecto; lo que en un principio iba a ser un cambio total de la imagen y concepto de una empresa y su establecimiento, al final por miedo a diferenciarse demasiado han optado por que sea una evolución de su imagen actual, -algo conservadora-, sin arriesgar demasiado para ir sobre seguro.



Todos nos inspiramos en mayor o menor medida en ciertos trabajos que vemos, en una imagen, en algo que nos llama la atención, etc. Pero no eso no lo mismo que trabajar con un libro de diseño abierto delante, como si se estuviera copiando al dictado o no se tuvieran recursos mentales creativos suficientes como para recordar todas aquellas cosas que pueden servir de inspiración. Así salen luego montones de diseños iguales, no "inspirados ", sino iguales.



¿Donde queda la originalidad? ¿O es que la presión del día a día no nos permite ser capaces de crear desde cero sin tener que recurrir a los santos "libros de inspiración" que tan bien se venden en la FNAC?

Las imagenes que ilustran esta entrada corresponden a la tienda V2K Designer en Estambul

miércoles, 24 de febrero de 2010

Diferencias

Que no somos iguales hombres y mujeres ante las compras es una realidad que hay que tener muy en cuenta a la hora de montar un negocio. Hoy vamos a resumiros un interesante estudio que se hizo al respecto y que sigue siendo vigente pese a haber pasado ya un par de años desde su realización, aunque también es verdad que como dice Bob Dylan en su canción, los tiempos están cambiando y los hombres cada vez se preocupan más por las compras y emplean cada vez más tiempo en ello.



Según este estudio En lo que se refiere a las compras, las mujeres son de Venus y los hombres de Marte. Las mujeres son felices rebuscando entre las colecciones de accesorios y ropa o dándose una vuelta por la sección de calzado. Les gusta subirse en ascensores de cristal mientras escuchan música clásica o rociarse con la muestra de un perfume antes de, por ejemplo, comprar otra cosa. Sin embargo, los hombres consideran que comprar es más bien una misión. Salen con el objeto de comprar determinado bien y tan pronto como lo hacen quieren abandonar rápidamente la tienda.

Sin embargo, las reacciones de los hombres están más relacionadas con aspectos utilitarios relacionados con la compra, como tener espacio para aparcar, que el producto esté disponible en stock o que no haya largas colas para pagar.

“Las mujeres suelen estar más involucradas en toda la experiencia de ir de compras”, “Los hombres quieren entrar en la tienda, comprar el bien que andan buscando y salir rápidamente”.

El estudio sostiene que el papel de las mujeres como “cuidadoras” persiste a pesar de que sus responsabilidades han aumentado. En su opinión, estas responsabilidades contribuyen a que las mujeres sean más conscientes a la hora de comprar y también tengan mayores expectativas. Por otro lado, tras haber confiado durante varias generaciones dicha tarea a las mujeres, el interés de los hombres en el hecho de ir de compras se ha ido atrofiando.



Sentirse importante versus irse rápidamente

Los clientes de género masculino y femenino también muestran diferentes reacciones ante los dependientes. Para los hombres, que el dependiente muestre interés en ayudarle a encontrar determinado bien es más importante que para las mujeres, seguido por los esfuerzos del dependiente para poder cobrarle rápidamente. Para las mujeres, la lealtad al establecimiento está relacionada con la familiaridad mostrada por los dependientes con los productos de la tienda y su capacidad para determinar qué productos se ajustan más a los gustos y necesidades del cliente. Según el estudio, las mujeres también valoran a los dependientes que les hacen sentirse importantes.




En una entrevista con los investigadores, una mujer cuya edad estaba comprendida entre los 18 y los 35 describía a los empleados de su tienda preferida: “Los dependientes son siempre estupendos. Siempre me enseñan diferentes estilos. También me muestran cosas nuevas que acaban de entrar”. Mientras, un hombre perteneciente a ese mismo segmento de edad declaraba: “No me relaciono mucho con la mayoría de los dependientes. Realmente no los necesito… excepto para que me cobren en caja”.

Cuando se les preguntó qué problema causaría que nunca volviesen a determinado establecimiento, las mujeres señalaron que “empleados que actuasen como si estuvieses interrumpiendo sus conversaciones personales o haciéndoles perder su tiempo”. Los hombres concedían mayor importancia a que los empleados fuesen “perezosos, es decir, que no comprobasen que determinado bien estuviese disponible en stock o que no te acompañasen hasta el lugar en que estaba el producto que estabas buscando”.




Los comercios minoristas pueden utilizar los resultados de este estudio para ofrecer servicios personalizados a sus clientes y así incrementar sus ventas, “En un mercado altamente competitivo, donde la gente es sensible a los precios y existen cientos de opciones, si puedes sacarte de la manga una nueva estrategia que te conceda cierta ventaja, ¿por qué no vas a hacerlo?”, pregunta. “Si tratamos a los hombres y las mujeres de un modo diferente, entonces tendremos más éxito”.

Aquellos minoristas que quieran resultar atractivos para las mujeres deberían también prestar atención a la variedad de productos que ofrecen, Podría ser muy tentador ofrecer un amplio abanico de productos, sin embargo las investigaciones muestran que las mujeres que deben encontrar cierto equilibrio entre sus múltiples responsabilidades prefieren aquellos establecimientos con una selección limitada. Por último, contratar a mujeres en todas las secciones proporcionará al establecimiento un contacto más directo con las necesidades de las potenciales clientes.



“Debemos remontarnos muy atrás en el tiempo. Las mujeres son recolectoras y los hombres cazadores. Las mujeres entran en una tienda y empiezan a observarlo todo. Los hombres simplemente buscan determinada sección”. Investigaciones científicas muestran que las mujeres tienen mejor visión periférica que los hombres, lo cual les beneficiaría como recolectoras.

El estudio “Men Buy, Women Shop” está basado en una muestra aleatoria nacional de 1.250 consumidores a los que, a través de entrevistas telefónicas realizadas entre el 20 de octubre y el 4 de noviembre de 2007, se les preguntó sobre sus últimas experiencias al ir de compras. En la muestra dominaban los consumidores de género femenino en una proporción de dos a uno.

Las imagenes que ilustran esta entrada pertenecen al stand de Dunhill en la ultima NY Fashion Week

martes, 23 de febrero de 2010

Tiendas de Conveniencia




Gracias a un proyecto en el que hemos estado trabajando estas últimas semanas hemos podido conocer mas ampliamente un tipo de negocio que, aunque cercano a todos, pasa un poco desapercibido al considerarse un negocio “menor”, pero que mueve gran cantidad de dinero. Investigando un poco mas a fondo hemos llegado a la conclusión de que se trata de un buen negocio.



Se llaman tiendas de conveniencia a los establecimientos con menos de 500 m², (con mas superficie no tiene esta denominación) con un horario comercial superior a las 18 horas, un periodo de apertura de 365 días del año. De ahí el nombre popular de 24 horas.

Tienen un amplio surtido de productos, centrado en bebidas, alimentación, productos de bazar, etc. A cambio de la amplitud de horarios y la variedad de productos, sus precios suelen ser ligeramente superiores a los de los supermercados al uso.



Generalmente, se ubican en el centro de las ciudades aunque también se engloban bajo esta denominación otros locales como, por ejemplo: los situados junto a estaciones de servicio o las tiendas situadas en los aeropuertos, que pueden ser o no libres de impuestos (Duty Free).

Este tipo de tiendas es la evolución de la tienda de barrio tipo “colmado” que fundamentalmente vendían productos de alimentación limpieza y hogar, ampliándose posteriormente su oferta. Este tipo de tiendas evolucionó con la apertura de cadenas nacionales e internacionales ofreciendo un aire mas de supermercado, ampliando mas su horario de apertura e incorporando nuevos servicios.



Un subtipo dentro de este tipo de establecimientos, con menos servicios y unas instalaciones de menor calidad son los prósperos bazares orientales de alimentación que se están abriendo de forma paulatina en las calles de ciudades.



Las tiendas de conveniencia, por su tamaño, ofrecen una variedad menor de productos que los supermercados, pero aun considerable por sí sola. Los productos ofrecidos suelen centrarse en bebidas (alcohólicas y no alcohólicas) y alimentos, principalmente snacks (panecillos, frituras, dulces y golosinas), comida rápida, enlatados, congelados, conservas y minoritariamente, productos frescos. Debido a que los clientes suelen ir de paso o con prisa, es frecuente que se venda comida preparada y consumible inmediatamente, como sandwiches refrigerados, perritos calientes y café.



Por necesidades del mercado, muchas tiendas de conveniencia también proveen periódicos, revistas, productos de uso doméstico y para la higiene personal, así como fármacos de venta libre. Es también notorio que en cada país varía la clase de productos y servicios que los clientes tienen disponibles. En países como Japón, es frecuente ver incluso ropa a la venta en dichos establecimientos y servicios como el pago de recibos o el envío de maletas al aeropuerto.



Las leyes sobre el consumo de alcohol también influyen notoriamente en esta clase de tiendas, pues en algunos países solo se permite la venta de alcohol a un monopolio estatal (por ejemplo, en Islandia), durante ciertas horas del día, o está prohibido totalmente (como ocurre en la mayoría de los países islámicos). La venta de tabaco y cigarrillos se encuentra en similar situación, pues algunas legislaciones solo permiten la venta de tabaco en negocios especiales, altamente regulados.



Por comodidad o proximidad y sus amplios horarios, todos recurrimos a ellos en un momento dado, teniendo al parecer incluso adictos incondicionales y publico que lo emplean como supermercado habitual a pesar de sus precios superiores a la media.

Las imagenes que ilustran esta entrada pertenecen a la tienda Fugas Lusas diseñada por Extrastudio arquitectura a medio camino entre restaurante "listo para tomar" y tienda de comida y regalos.

viernes, 19 de febrero de 2010

Centro de Aprendizaje Rolex

Navegando estos días por nuestros blogs de referencia hemos visto las primeras imágenes del Centro de Aprendizaje Rolex -sí, la marca Suiza de relojes de lujo- diseñado por uno de los estudios de arquitectura actuales mas interesantes, poseedores de un estilo sobrio sin grandes estridencias pero que va un paso mas allá con sus obras: SANAA.

Una de sus primeras obras que conocimos fue el proyecto del nuevo Museo de arte contemporáneo de Nueva York, cuando este estaba solo en proyecto. Ese movimiento de los diferentes volúmenes, esa iluminación cenital de las salas nos pareció simplemente genial, mas tarde conocimos el edificio Dior en Omotesando del que os mostramos imágenes, el Pabellón Serpentine y también alguna que otra incursión en el ámbito del interiorismo comercial, además de otras que tenemos previsto publicar próximamente.

Hace un par de años se celebro una exposición sobre este estudio de arquitectura formado por Sejima & Nishizawa en el MUSAC de León y nos desplazamos hasta allí para verla pues presentíamos que merecería como así fue.


Una de los proyectos que se mostraban era este del Centro de aprendizaje Rolex en Lausana, Suiza. Cuando ves un proyecto tan diferente como ése te preguntas como se llevara a la realidad y si el resultado será tan fantástico como el que contemplábamos –algún día hablaremos de como se lleva un proyecto a la practica y los problemas que muchas veces te encuentras, tanto económicos, como de soluciones para que se realice óptimamente - pero a la vista de las primeras imágenes, ya que el edificio esta terminándose en la actualidad, no podemos decir otra cosa que se van a ver cumplidas todas nuestras expectativas.

La Escuela Politécnica Federal de Lausana se encuentra situada a orillas del lago Leman, en un entorno privilegiado frente a los Alpes franceses. Fruto de un concurso convocado en 2004, el llamado Learning Center (centro de aprendizaje) se ha diseñado para dotar a la comunidad universitaria de la infraestructura y los equipamientos necesarios para optimizar el acceso a la información potenciar el intercambio de ideas y mejorar las relaciones entre el ámbito académico y la sociedad.

Concebido como un volumen de baja altura, el proyecto se genera a partir de una cubierta ondulada que acompaña el paisaje de suaves colinas del campus sin ocultar las vistas al lago, generando espacios completamente abiertos que favorecen las relaciones con el entorno y la interacción social entre los residentes de la ciudad y los estudiantes , profesores e investigadores de la universidad.

Sobre la enorme losa de hormigón armado de unos 60 cm. de espesor que conforma la cubierta , se recortan múltiples huecos de forma elíptica de varios tamaños que generan amplios patios hacia el interior , favoreciendo la iluminación natural de todos los espacios. Gracias a los suaves alabeos, la cubierta ofrece una baja resistencia al viento y facilita la circulación transversal del aire a través de los huecos. Su forma y dimensión ha permitido crear un ámbito universitario de unos 195 metros de largo por 145 metros de ancho que contiene todo el programa, sin necesidad de emplear paramentos verticales para dividir el espacio. La separación entre las distintas funciones se establece a partir de la manipulación del plano horizontal, elevándolo o deprimiéndolo sutilmente mediante alabeos que delimitan las distintas áreas.

Todo el programa - que se extiende a lo largo de 14000 metros cuadrados de superficie – se reparte entre la biblioteca, que dispone de un área de recepción, una sala multimedia, un área de descanso y salas de investigación; una zona de equipamientos docentes con sala de conferencias y departamentos; diversas instalaciones culturales como la sala de exposiciones, un espacio de usos múltiples y una librería; espacios comunes que se dividen entre el vestíbulo principal, la cafetería, el restaurante y la tienda; y finalmente, las áreas de servicio que incluyen las oficinas, los archivos, las salas de mantenimiento y un amplio aparcamiento.

Rolex Learning Center from CAB Productions on Vimeo.

jueves, 18 de febrero de 2010

Desarrollo Grandes Almacenes Paris II




Tal como os comentamos en la anterior entrada continuamos con la evolución y desarrollo del Gran Almacen de Paris en el siglo XIX y como fue evolucionando.

La arquitectura del gran almacén viene determinado por los itinerarios de circulación de los diferentes elementos que intervienen en el proceso comercial: El cliente, el dependiente, el obrero, la mercancía entrante, la mercancía saliente... La arquitectura se adapta a la posibilidad de intercambio de relaciones entre estos elementos y como se idean óptimamente las diferentes soluciones.



La circulación de mercancías, no es, desde este punto de vista, menos importante que la de las personas. La mercancía recibida y la mercancía vendida pasan ambas por un proceso de elaboración en cadena. La mercancía recibida es en primer lugar registrada, envasada o desempaquetada, clasificada o expuesta. La mercancía vendida es facturada, embalada, diferenciada según su destino y enviada. Las entregas a domicilio y los envíos fuera de París constituyen un porcentaje muy elevado de las ventas.

La circulación de mercancías es la actividad forjadora del espacio de bastidores y del sótano, El interior del edificio lo constituyen sus calles –galerías-, y sus plazas –halls-. Dentro de esta estructura urbana interior, el movimiento de personas es a menudo circular, en torno al o los halls, y tanto en las plantas altas como en la baja, donde una adecuada posición de la gran escalera y de las cajas estimula la circularidad de los desplazamientos.



Un factor problemático en el diseño de la circulación del público es la posibilidad de que se den grandes afluencias. Curiosamente éstas son a veces toleradas, sobre todo a la entrada del edificio, donde, según Zola, van a situarse expresamente los productos en oferta. La multitud atrae a la multitud. El hall, momento de verticalidad y de luz en el recorrido del edificio, no sólo asegura la visión desde abajo hacia arriba, y el descubrimiento de la mercancía expuesta, sino también la visión desde arriba hacia abajo y el descubrimiento de la multitud desde fuera de ella. La clientela, en movimiento constante, acaba por ser incorporada a los fastos del comercio, formando parte, junto a la abundancia material y a la actividad general, de una atmósfera global de invitación al consumo .



La modernización interior del gran almacén lleva aparejada la reformulación de los dispositivos espaciales que posibilitan la actividad comercial, para adaptarlos a las nuevas variables del momento. Tres son los dispositivos espaciales más importantes: La galería, el hall y la sección o departamento. Para entender su génesis y evolución en el gran almacén moderno es necesario entender el proceso de crecimiento del mismo estudiando un caso hipotético. El gran almacén, comienza siendo una tienda pequeña que experimenta un crecimiento vertiginoso en esta época gracias a su adaptación a los sistemas modernos de venta, caracterizados principalmente por:
-Precio fijo, etiquetado, sin posibilidad de regateo.

-Pago al contado.

-Pequeño beneficio y venta masiva en lugar de gran beneficio y escasa venta.

-Flujo continuo de mercancía. Artículos señuelo a precios de pérdida, etc.



El enriquecido gerente del comercio de tejidos deviene así un magnate del negocio inmobiliario, desencadenando un proceso de crecimiento y de apropiación de suelo urbano que tiene sus ejemplos más consolidados (por tamaño, continuidad histórica e interés arquitectónico) en los casos del Bon Marché, el Louvre, el Printemps, la Belle Jardinière, la Samaritaine o las Galerías Lafayette.

A pesar de ser la esquina, por su mayor superficie de exposición al exterior, el lugar preferido por la actividad comercial, la ampliación de estas pequeñas tiendas originarias, no tan ricas en un primer momento, se hace allí donde el metro cuadrado de terreno es más barato, es decir, hacia el interior de la manzana. Esto produce a veces plantas con desarrollos en profundidad hacia el centro de la manzana y fachadas cortas, lo cual da lugar a configuraciones en corredor, lineales, funcionando como pasajes, que entran por una calle y salen por otra. Esta es la génesis de la utilización de la galería en el gran almacén primitivo.



En su conquista de la manzana, el gran almacén se encuentra con el patio central de manzana. Esta pieza se transforma, se cubre con material transparente y se abren al máximo los espacios interiores que dan a ella. Este es el origen del hall que resulta el momento culminante de la visita al edificio, tras el recorrido lineal de galerías que llevan hasta él. Cuando el edificio se ha hecho con todo el terreno disponible se reconstruye siguiendo las pautas propias de la época, e incluso si el crecimiento continua, como sucede en la mayoría de los casos, se da el salto a la manzana de al lado y se unen ambos edificios mediante un puente o un paso subterráneo.



La galería es un elemento lineal, de sección constante y normalmente simétrica, en el que la división del espacio es muy estricta. Una calle central, “pública”, zona del cliente es flanqueada por dos bandas laterales, zona del vendedor. Entre la zona del cliente y la del vendedor una barrera espacial: El mostrador, plano horizontal donde se produce la transacción. La mercancía queda perfectamente ordenada y clasificada en un plano vertical detrás del vendedor, que se convierte así en el mediador entre cliente y mercancía. La zona pública, espacio servido o zona del cliente se convierte así en una especie de boulevard interior donde se produce el encuentro social, normalmente bajo la luz cenital que cae desde los lucernarios que suelen coronar estos espacios.



En muchos casos a esta zona de la relación social se la da un porte espacial más noble, precisamente por eso mismo, y se la diferencia de las zonas laterales, quedando paradójicamente la actividad comercial, como si se tratase de una actividad más vulgar o grosera que la del encuentro social, en un segundo plano.

Conforme se hace más ancho, el boulevard central acoge una mesa longitudinal de exposición sobre la que se exponen tejidos que comienzan a salir de su rígida clasificación en las estanterías, para desplegarse y transformar el interior del almacén.



Esta mesa central de exposición acaba convirtiéndose en un tercer mostrador a dos caras donde, por no existir el plano vertical de clasificación, se ofrecen pequeños complementos como guantes, cintas, etc. Y en el que la relación entre cliente y dependiente se hace más directa.

De la galería vemos por tanto surgir un tipo especial de hall que llamamos hall-calle (por su uso distinguimos dos tipos de halls en el gran almacén: El hall-calle y el hall-plaza), pero en las distribuciones en galería nace también otro dispositivo espacial importante en el gran almacén como es el departamento o sección. Al principio la articulación interna del edificio se hace a base de galerías. mas tarde los elementos de clasificación, los mostradores, los muebles y objetos que llenan el espacio se han situado perpendicularmente a la dirección de recorrido del visitante, generándose pequeñas células habitables, en las que comprador y vendedor se relacionan sin ningún obstáculo entre ellos.



En cualquier caso el hall no es sólo una superficie de uso, sino un volumen de uso. Independientemente de las funciones técnicas que pueda tener (ventilación e iluminación del edificio) su importancia se la da su tridimensionalidad efectiva. La posibilidad que ofrece de comunicación visual directa entre las diferentes partes del edificio. Su carácter panóptico, su función como dispositivo de observación de la actividad del almacén .

Cuando el tipo arquitectónico se consolida, lo importante ya no es tanto el uso en planta del hall, sino en sección. Lo importante no es su suelo sino sus paredes . El volumen se hace más esbelto, hay una teatralización del espacio. El hall es el teatro del comercio.



Posteriormente, se impondrá la filosofía americana del gran almacén, según la cual la cifra de negocios es proporcional a los m² de la superficie de ventas, y esos halls desaparecerán en la mayoría de los casos bajo nuevos forjados. Ese momento viene a coincidir ya con el final del fenómeno, la posguerra y la aparición de otro concepto espacial diferente de gran almacén.

Las imagenes que ilustran esta entrada corresponden a Galerias Laffayet en Paris, con su gran Hall central, que quiso evocar Jean Nouvell en el edifico que creo para la firma en Berlin a traves de sus grandes conos.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Desarrollo Grandes Almacenes Paris I



Cuando preparábamos las entradas relacionadas con el Paraíso de las Damas y los orígenes de los grandes almacenes encontramos una documentación muy interesante sobre la arquitectura de estos edificios y el porqué de su forma. En su momento no la publicamos para no saturaros con el tema, pero ahora que vamos a estar unos días muy ocupados y sin tiempo para preparar nuevas entradas creemos que puede ser el momento oportuno para ello. Os la ofrecemos en dos entradas y esperamos que os resulte interesante o cuanto menos curiosa.



En la Europa del siglo XIX, el fenómeno de los grandes almacenes, cobra mayor importancia en París que en otras grandes capitales. Algunas especificidades del gran almacén parisino se hacen evidentes al insertar el fenómeno en el contexto de transformaciones urbanas en el que tiene lugar.

Las reformas de París, iniciadas bajo el mandato del barón Haussmann, prefecto de policía del emperador Napoleón III, sientan las bases teóricas y prácticas de lo que hoy conocemos como ciudad moderna.



Una de las características de la nueva metrópoli es la gran importancia que cobra el espacio público por la apertura de boulevards, plazas y grandes espacios, así como por la supresión o rectificación del trazado laberíntico medieval. El espacio público es cedido a la burguesía en detrimento de las clases más populares y de las actividades que éstas desarrollaban antes en la calle, entre otras la actividad comercial. El comercio urbano se aburguesa al abandonar calles y plazas y entra en edificios que va a hacer suyos dando lugar a todo un fenómeno arquitectónico: El desarrollo tipológico del gran almacén parisino.



En general, el gran almacén es una estructura empresarial y arquitectónica, resultante del desarrollo comercial generado por la industria textil, que surge en la gran ciudad europea y norteamericana a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. Desde el punto de vista arquitectónico, el ejemplo parisino es especialmente importante por el número elevado de casos y por el interés de la arquitectura que produce. Los procesos evolutivos de índole espacial y distributiva son más ricos, y se dan con algunos años de adelanto con respecto a otras grandes capitales europeas.



El gran almacén que cuenta con mucha aceptación de la burguesía media y baja no es aceptado con igual talante entre la alta burguesía que siente repulsión a este curioso fenómeno de los grandes almacenes, por ser un sitio lleno de gente y con producto muy masificado y sigue siendo fiel a sus pequeños comerciantes, acostumbrados a sus gustos un poco pasados de moda, y cuyos locales ofrecían mayor intimidad y discreción.



Las consecuencias de las obras del barón Haussmann sobre la distribución de la actividad comercial en la ciudad hace que se sitúen y construyan nuevos almacenes que aumenta la competencia de los ya existentes y que perjudiquen a otros peor situados. Los almacenes del Louvre, inaugurados en 1855 con una situación optima entre el Louvre y las Tullerias van a perjudicar a sus vecinos, los almacenes de Gagne-Petit, Coin de Rue y Pauvre Diable..., que termina acaparando todo el grueso de la clientela del sector.



«Al final del Imperio, el lugar preferido para la construcción de grandes almacenes es el barrio de la Ópera, no lejos de donde se asientan las grandes compañías de seguros y bancos (...) De esta manera, sin disponer de un plan urbano bien definido, los grandes almacenes, como las grandes obras de Haussmann crearon el nuevo centro de la ciudad, acumulando allí población y contribuyendo enormemente a transformar los espacios de circulación en espacios de encuentro. (...) Es la influencia creciente del comercio la que determina la ubicación y los límites del nuevo centro a partir del cual se va a distribuir el resto de barrios de la capital»



El gran almacén parisino se convierte nada menos que en una especie de símbolo representativo de la nueva forma de la ciudad. En los últimos años del siglo XIX, los pequeños comerciantes organizan movilizaciones sociales violentas, culpando a los grandes almacenes del declive de sus negocios.

El pequeño comerciante es de esta forma víctima de una ideología ya presente en la obra de Emilio Zola, que hemos comentado El Paraíso de las Damas, según la cual el gran almacén destruye el pequeño comercio del barrio no es del todo cierto ya que los negocios adyacentes a ellos se benefician de la atracción que tienen los gran almacenes para seguir prosperando a su sombra.



De hecho, la disputa gran almacén-boutique que se producirá en París, sólo cobrará tintes dramáticos en las épocas de crisis general. En 1882, cuando Zola escribe El paraíso de las damas, el comercio entero de París es sacudido por la quiebra de la Union Générale. El gran almacén sirve entonces de cabeza de turco a los boutiquiers, pero ni él mismo consigue escapar de la crisis, como lo demuestra la historia del Bon Marché, que se ve obligado a suspender temporalmente sus créditos.»

«Los motivos del malestar que provocó los disturbios sociales promovidos por los pequeños comerciantes no están en el gran almacén, sino en el cambio de la geografía comercial urbana tras el impacto de la haussmannización.»



La aproximación que se hace a nivel popular entre la forma de la ciudad moderna y el gran almacén ofrece múltiples facetas. Los grandes almacenes, esos edificios «grandes como barrios, poblados como ciudades de provincias, hormigueros de actividad», dan cuenta de las dimensiones de la nueva ciudad moderna al ciudadano que los visita. En ellos es posible reconocer el mismo gigantismo que en la ciudad, el mismo lugar de encuentro de multitudes. El gran almacén es un microcosmos. Una población no escasa trabaja, vive en su interior e incluso recibe una formación. Todo un cuadro integral de vida, tanto para el cliente como para el empleado. Estos “habitantes” del gran almacén reciben del mismo todo lo que necesitan para vivir, incluso el espacio necesario para el ocio y la cultura. Lo que se persigue es el ideal de que ese habitante no tenga apenas necesidad de salir, precisamente lo que propone la urbe moderna al ciudadano: El sueño de la autosuficiencia.



En los grandes almacenes de Printemps, para hacer hincapié en la diversidad de sus departamentos, se les asimila a ciudades diferentes: «...en cada planta se abre una nueva ciudad. Tenemos la ciudad de las lanas, la ciudad de las sedas, la ciudad de la marroquinería...»

A la evolución que la actividad comercial sufre como fuerza urbana en el conjunto de la ciudad corresponde una transformación interna, una reorganización del espacio interior del almacén a escala estrictamente arquitectónica. Esta correspondencia vincula aun más si cabe la evolución de la ciudad y la del tipo arquitectónico del gran almacén parisino.



Las reformas de Haussmann provocan el desplazamiento de los grandes almacenes hacia los nuevos boulevards, espacios más abiertos y concurridos. Durante ese viaje se aprovecha para reformular el interior del edificio, atendiendo a conceptos nuevos sobre el significado de la mercancía en el comercio moderno y el lugar que ésta debe ocupar, transformando esa “ciudad medieval”, laberíntica y desordenada que parece ser el almacén antiguo, en la “ciudad moderna” que es el gran almacén. Si a la escala de la ciudad los comercios se reservan los mejores terrenos, saliendo de las sombrías calles secundarias a la luz de los boulevards, dentro del propio edificio, la lógica distributiva parece responder a la racionalización de los flujos, tanto de público como de mercancía y personal.


Las imagenes que ilustran esta entrada pertenecen a Galerias Lafayette en Berlin diseñado por Jean Nouvell en 1996, os complementamos la documentación de este edificio con el video adjunto.