viernes, 29 de enero de 2010

Torres Blancas


La entrada de hoy va a ser más arquitectónica que relacionada con el comercio y vamos a dedicarla a un edificio emblemático de Madrid que el pasado año cumplió su 40 aniversario. Un auténtico ejemplo arquitectónico de como combinar la vanguardia con la funcionalidad y sobre el que se cuentan muchas historias, no todas ellas ciertas: el edifico Torres Blancas de Sáenz de Oiza.



Ya para empezar el nombre nos siembra la duda ¿Por qué se llama así, Torres Blancas, en plural, si sólo hay una y es gris?. Pues porque de todas esas historias que circulan por ahí, esta es de las pocas que es cierta, que el nombre está así, en plural, porque en principio había dos torres proyectadas.



Lo que no es verdad que la segunda se dejase de construir por problemas económicos. "Es uno de los muchos bulos que existen sobre el edificio", explica Javier Sáenz, hijo del arquitecto Sáenz de Oiza. El motivo de que solo se construyera una de las dos torres proyectadas fue por problemas de licencia. Por lo visto al Ayuntamiento le daba miedo esa arquitectura tan arriesgada y puso muchas pegas. "Ahora, para vender un proyecto necesitas una presentación multimedia, pero en los años sesenta lo que se llevaba eran los acuarelistas argentinos". Oiza encontró uno que "camuflase" lo radical del proyecto y así pudo ganar el permiso para edificar la primera torre.



Otro de los bulos mas extendidos asegura que la idea era forrar las torres de mármol blanco o, según la versión que nos cuenten, que el efecto blanco se conseguiría añadiendo polvo de mármol blanco al hormigón. Al contrario, Oiza lo concibió tal y como se aprecia en la actualidad, una mole de hormigón gris y brutal, opuesta a lo que llamó "edificios esqueleto" o de estructura de acero. La estructura del edificio es de hormigón armado, careciendo de pilares y siendo las paredes externas y la estructura vertical interna los elementos que garantizan las funciones de sustentación. "El hormigón visto estuvo siempre en el origen del proyecto, se bautizaron Blancas en honor a las pinturas y el purismo de Le Corbusier", explica también Javier Sáenz.



De Le Corbusier tomo también Oiza la idea del racionalismo de construir viviendas con jardines en altura y de Frank Lloyd Wright las propuestas organicistas de su torre Price, y el resultado fue esta síntesis personal de ambas tendencias, a la que se reconoce generalmente como una de las obras maestras del organicismo.



El edificio Torres Blancas esta situado en la confluencia de las calle Corazón de María con la Avenida de América, en Madrid. El proyecto, firmado por Francisco Javier Sáenz de Oiza, es de 1961, y las obras se prolongaron durante cinco años, desde 1964 hasta 1969. Con este edificio, su primer proyecto internacionalmente conocido, Sáenz de Oiza, que vivió en el edificio hasta su muerte en 2000, ganó el premio de la Excelencia Europea en 1974.



Torres Blancas fue un experimento arquitectónico propiciado por un cliente, Juan Huarte (propietario de la constructora del mismo nombre, Huarte), que se significó en los años sesenta del siglo XX por su apoyo a la vanguardia española, construyendo algunos de los mejores edificios de España en los años sesenta y setenta.



Huarte, se pegó con las administraciones locales para obtener las licencias, y permitió y alimentó las inquietantes ideas de Oíza, invirtiendo más de la cuenta en el edificio, se lo planteó como un mecenazgo. Oiza tuvo total libertad para experimentar: "Huarte tuvo mucha paciencia", dice el hijo del arquitecto, "la obra fue una labor de investigación que nunca se cerraba". La tesis: poner en armonía al hombre con la naturaleza, crear un árbol en el que cada vecino, independientemente de la altura de su piso, viese flores. "Yo sería feliz si las hormigas llegasen hasta arriba" dijo Oíza en una ocasión.



La pretensión de Oiza era construir un edificio de viviendas singular, de gran altura, que creciera orgánicamente, como un árbol, recorrido verticalmente por escaleras, ascensores e instalaciones, como si fueran los vasos leñosos del árbol y con las terrazas curvas agrupadas como si fuesen las hojas de las ramas. Desde la estructura que como ya hemos dicho, no se sujeta en pilares sino en rotundos muros portantes que se clavan en el suelo como raíces, hasta los detalles (maravillosos los rodapiés, los pomos, los radiadores) el arquitecto no tuvo miedo a probar.



El rascacielos, de 71 metros y 22 alturas, destinadas a viviendas y oficinas, en realidad no contiene muchas viviendas. Cuatro por planta como máximo, pero no en todas ellas, pues las hay dúplex y los tamaños varían: de 90, 200 y 300 metros cuadrados. . Una de las plantas intermedias está reservada para las instalaciones generales y en la azotea hay una serpenteante piscina.



Su planta en forma de trébol, o de esvástica, según se observe, es otra de las peculiaridades de la torre, en la que "una planta científica se convierte en una escultórica gracias a los adornos circulares", explica el hijo.



Dentro, desde el rellano hasta las terrazas de las casas, conviven con la arquitectura los elementos esculturales. Nada más entrar nos topamos con una imponente escalera de caracol que recorre la torre de abajo a arriba, a modo de columna vertebral, de grieta de luz. En los rellanos se aprecia el gresite - piezas cerámicas de origen italiano que revisten las paredes - y las formas curvas en techos y paredes.

Para ganar espacio muchos vecinos han cerrado las terrazas, unos con el plan de cerramiento que previó Oiza, otros, a su aire.



El potente gesto de la torre lo aguanta; desde la calle hay que fijarse mucho para notar los desastres. "Con esos precios, el dueño tiene que ser un aficionado, como el que tiene un coche antiguo; salvo si te gastas mucho dinero, todo lo que hagas empeora el original", dice Sáenz.

Oiza quiso recrear en este edifico toda una ciudad, donde sus habitantes pudieran recogerse pero también relacionarse, trabajar e incluso comer gracias al restaurante (hoy oficinas) de la última planta, que se comunica con todas las casas a través de un porta platos equipado con un interfono.



En los sesenta, muchos vecinos eran pilotos (por la cercanía a Barajas), hoy abundan los arquitectos. Y los artistas. Curiosamente, unas casas destinadas en origen al ocio y la vida social de las clases altas -con salones amplios y luminosos-, fueron ocupadas por personajes vinculados al mundo de las Bellas Artes y las letras. Camilo José Cela, entre otros, habitó en una de ellas, diseñadas en forma de L.Jim Jarmusch, enamorado de sus formas, coló al edificio en su último filme, y cuentan que John Malkovich tiene un piso en Torres Blancas - quizá sea otro de esos bulos - pero hijo del arquitecto, que ni lo niega ni lo confirma, cuenta que una vez se lo encontró en el ascensor.

Una parte de esta entrada se ha extraido del curioso articulo del peridodico El Pais titulado "Los bulos del arbol de hormigon " . Por otro lado os dejamos este reportaje emitido recientemente en Telemadrid donde se pueden apreciar muchos de los detalles que comentamos


Torres Blancas cumple cuarenta años.
por kuriosoblog

jueves, 28 de enero de 2010

Loewe Valencia

Como ya comentamos en la entrada sobre Peter Marino, que el grupo LVMH actuales propietarios de la firma de lujo Española Loewe, había encargado a éste la nueva imagen corporativa de la firma.

La primera tienda con esta nueva imagen abrió estas pasadas navidades en la calle Marqués de dos Aguas de Valencia. La tienda dispone de 300 metros2 y según el diseñador su principal fuente de inspiración ha sido la propia historia de Loewe y el lujo que representa.



En realidad, la firma nacional fusiona en un solo espacio los dos establecimientos que tenía en la capital del Turia, concediendo un mayor protagonismo a la moda y los complementos en una boutique para hombre y mujer.



Loewe es conocida en todo el mundo por la sabiduría de sus artesanos, expertos en lujo funcional. La historia de Loewe y su compromiso con la excelencia se manifiestan en la tienda mediante el uso de materiales nobles como la piedra de Madagascar y Tanzania cortada al ácido y el bronce fundido de fachada y muros.



A modo de gran caja de regalo, en homenaje al especial trabajo de la piel que realiza Loewe. El bronce se combina con el albero, ligado a las raíces españolas de la firma. Los suelos, de madera maciza, también están impregnados de color bronce, con acabado en polvo de metal para proporcionar una puesta en escena envolvente.



“Me entusiasma trabajar por primera vez con una marca española. He esperado hasta que ha llegado la oportunidad de hacerlo con una verdadera firma de lujo. He querido trasladar elementos de la cultura y la historia española a la marca, unir la suavidad de la poesía con lo estricto de la arquitectura”, ha manifestado Peter Marino, que en esta tienda transmite el lujo maduro y silencioso que Loewe al tiempo que remarca el rejuvenecimiento de la marca.



El exterior de la tienda es un gran volumen macizo flotante, cubierto con placas de bronce envejecidas. Una imagen elegante que tiene su continuidad en el diseño interior, donde predominan los tonos dorados y los materiales nobles. Desde el bronce a la madera de arce ahumada, pasando por la piedra de Madagascar, aviana, alfombras de lana y seda y vidrios retroiluminados.



Precisamente la iluminación es otro de los detalles a destacar en el interior de la nueva tienda Loewe. La luz varía su intensidad según la zona en la que se encuentre el cliente, desde el área de mujer a la de hombre, zapatos, seda, bolsos o regalos.

El concepto y el mobiliario del establecimiento son obra del estudio de Peter Marino en Nueva York, donde se han firmado proyectos para Chanel, Dior y Louis Vuitton, entre otros.



La firma creada por Juan Loewe en 1846 tiene pensado seguir renovando su imagen en el resto de España, aunque de momento la tienda de Valencia es la única que ha ejecutado el cambio de rumbo.

A nosotros la intervención nos parece magnifica y si algún pero le pondríamos no seria al interior sino a la fachada, pues nos parece que es una actuación muy puntual, tal es así, que al principio cuando vimos la tienda creímos que habían respetado una fachada de la instalación de la firma en Valencia en su primera implantación, pues nos recordaba a fachadas de los años 60 y 70.

miércoles, 27 de enero de 2010

El Paraiso de las Damas III




Concluimos estas entradas que estamos dedicando al libro El Paraíso de las Damas mostrando los nuevos enfoques que se dan al resto de aspectos dentro de la ventas y el gran almacén: aplicación de nuevas tecnologías, publicidad, relaciones del personal, robos, etc.

Fue de gran importancia implantar las ultimas novedades tecnológicas para estar a la ultima, como la instalación de ascensores y luz eléctrica. Recordemos la arquitectura de este tipo de locales, eran muy grandes pero no muy altos, pues al no existir las escaleras mecánicas levantar mas de 3 alturas comerciales no era acertado, (las plantas superiores se dejaban para oficinas y usos de empleados, comedores, etc.) por otro lado la electricidad estaba en sus inicios, es más al principio existía luz de gas, y había que tener mucho cuidado con los incendios.



La luz era un elemento importante, pero venia del exterior por lo que eran necesarios grandes escaparates y lucernarios pora que entrara, pero también lo hacían el sol y el calor, que en verano era muy agobiante. Hay dos inventos que revolucionan el comercio y sobre todo el gran almacén, pero no se generalizan hasta los años 20 como son las escaleras mecánicas y posteriormente el aire acondicionado. Estos inventos cambian la arquitectura de los grandes almacenes.



Mouret tenía como única pasión la de imponerse a la mujer. Quería que fuera la reina de su casa, le había construido aquel templo para tenerla a su merced en él. En eso consistía su táctica, en embriagarla con galantes atenciones para poder traficar con sus deseos y explotar sus febriles impulsos.

Cavilaba, pues, noche y día para dar con nuevos hallazgos.

Había instalado, hacía tiempo, dos ascensores tapizados de terciopelo acolchado para evitar a las damas delicadas el cansancio de subir de piso en piso. Acababa de abrir ahora un ambigú en donde se servían gratuitamente refrescos y bizcochos, y un salón de lectura, una monumental galería decorada con abrumadora suntuosidad, en la que se atrevía incluso a organizar exposiciones de pintura. Pero su idea más alambicada apuntaba a las mujeres que no fueran presumidas, y consistía en conquistar a la madre por mediación del hijo. No desperdiciaba fuerza alguna, no había sentimiento con el que no especulase; creaba departamentos para muchachitos y chiquillas y conseguía que las madres se detuvieran brindando a los pequeños estampas y globos.



Como se enfoca el tema de la publicidad, las rebajas y las devoluciones

El poder máximo era la publicidad. Mouret gastaba en ella trescientos mil francos, que se invertían en catálogos, anuncios y carteles. Para la venta de novedades de verano, había enviado doscientos mil catálogos, de los cuales cincuenta mil habían viajado al extranjero, traducidos a todas las lenguas. Ahora, los ilustraba con grabados e, incluso, adjuntaba, a título de muestra, retales pegados a las hojas. Era como una desbordante y crecida exhibición. El Paraíso de las Damas se mostraba a los ojos del mundo entero, invadía las paredes, los periódicos y hasta los telones de los teatros. Mouret profesaba la teoría de que la mujer pierde las fuerzas ante la propaganda y acaba, fatalmente, por acudir a los lugares que dan que hablar. Le tendía, por otra parte, las más elaboradas trampas, tras haberla analizado con talento de avezado moralista.



Había descubierto, por ejemplo, que no es capaz de resistir a una ganga y compra sin necesidad cuando piensa que está realizando un negocio ventajoso. Basaba en aquellas observaciones su sistema de rebajas. Iba bajando progresivamente el precio de los artículos que no se vendían, pues, fiel al principio de la renovación rápida de la mercancía, prefería, antes que quedarse con ellos, venderlos con pérdida. Ahondando aún más en el corazón de la mujer, acababa de implantar las devoluciones, una obra maestra de seducción jesuítica. «Llévese el artículo sin temor, señora; ya nos lo devolverá si no le agrada.,» La mujer propensa a oponer resistencia hallaba en aquel argumento una postrera excusa, la posibilidad de arrepentirse de una locura: y compraba con la conciencia tranquila. Ahora, las devoluciones y las rebajas formaban parte del funcionamiento habitual del comercio moderno.



O como distribuir los departamentos y los recorridos de los clientes.

Sólo a él se le había ocurrido que había que aposentar en la segunda planta los departamentos de alfombras y muebles, a los que acudían menos clientes y cuya presencia en la planta baja habría creado espacios desiertos y fríos. Si tal cosa hubiera estado en su mano, habría hecho que la calle cruzase por su establecimiento.

¿No se da cuenta de que estaba permitiendo que la gente se orientase? Entra una mujer, va en derechura a donde quiere ir, pasa de la enagua al vestido, del vestido al abrigo y luego se marcha, sin haberse extraviado ni un poquito... ¡Ni una habría visto los almacenes enteros!

… si quieren un forro después de haber comprado el vestido, tendrán que cruzar de punta a punta los almacenes, esos desplazamientos harán que el local les parezca tres veces mayor; además, no les quedará más remedio que pasar por departamentos a los que, de otro modo, no habrían ido; las tentaciones irán surgiendo, según pasan, y sucumbirán a ellas; ...



Podemos leer como, desde siempre, uno de los problemas que mas preocupan a cualquier comerciante son los robos.

Os deben de robar una barbaridad -susurró Vallagnosc, a quien le parecía ver entre el gentío muchas caras de delincuentes. Mouret abrió los brazos de par en par.
Amigo mío, mucho más de lo que puedas imaginarte.

Citaba, en primer lugar, a las mecheras profesionales, que eran las menos dañinas, porque la policía sabía quiénes eran casi todas. Venían, luego, las maniáticas, que padecían una perversión del deseo, un nuevo tipo de neurosis que había descrito un alienista, comprobando que se trataba de la consecuencia aguda de las tentaciones de los grandes almacenes. Y estaban, por fin, las mujeres encintas, que se especializaban en determinados robos; en casa de una de ellas, por ejemplo, el comisario de policía había encontrado doscientos cuarenta y ocho pares de guantes rosa, robados en todos los establecimientos de París.



Y como deshacerse del genero que no se ha vendido

Volvió a llamar a la señora Aurélie. Se enfadó por el remanente de tapados, dijo que habría que rebajarlos y seguir rebajándolos hasta dar salida a todos. Era la norma de la casa: había que liquidarlo todo cada año; valía más vender con un sesenta por ciento de pérdidas que quedarse con un modelo antiguo o una tela ajada.



Se habla también del por qué del mal trato del personal a cierta clientela (por el que muchas veces nos hemos preguntado)

Ante los mostradores, había enfrentamientos sangrantes; las mujeres se devoraban entre sí en cruentas luchas por el dinero y la belleza. Las dependientes sentían una hosca envidia hacia las clientes bien vestidas, aquellas señoras cuyo aspecto y comportamiento se esforzaban en remedar; y más agria aún era la envidia de las clientes modestas, de las pequeñas burguesas, ante las dependientes, aquellas muchachas vestidas de seda, de las que, sólo por una compra de cincuenta céntimos, pretendían obtener una humildad de sirvientas.



O de como va incrementando la venta a distancia o por catalogo, (lo que que hoy podría compararse a la venta por Internet).

En la segunda planta, visitaba el servicio de expedición, buscaba motivos de enfado, se exasperaba sordamente contra la ordenada perfección de la máquina que él mismo había regulado. Aquel servicio era el que experimentaba, de día en día, mayor crecimiento: requería ahora doscientos empleados, de los cuales, unos abrían las cartas que llegaban de provincias y del extranjero, las leían y las clasificaban, mientras otros colocaban en las casillas las mercancías que solicitaban los firmantes de dichas cartas. Y llegaban tantas que ya no las contaban, sino que las pesaban; se recibían a diario más de cien libras.

Afluían los pedidos desde toda Europa; Correos había tenido que habilitar unos carruajes especiales para traer la correspondencia.



O como se zancadillean entre el personal para ascender de puestos y así ganar mas dinero.

Por fin, un día, acabó por descargar la tormenta sobre la cabeza del mismísimo Hutin. Favier, que ahora era segundo encargado, le iba minando a éste el terreno para hacerle perder el puesto. Era la táctica habitual: insidiosos informes enviados a la dirección, ocasiones cogidas al vuelo para dejar mal al encargado del departamento.



Lo mal visto que estaba el embarazo entre las empleadas.

La dirección no toleraba accidentes de esa categoría; la maternidad quedaba suprimida por indecente y engorrosa. Se toleraba, si no quedaba más remedio, el matrimonio, pero los hijos estaban prohibidos.

Se realizaban también acciones de inauguración de temporada, con un decorado en todos el almacén a base de blancos que nos recordaba el que hizo Selfriedges en amarillo a raíz de su centenario y que ya comentamos en una entrada anterior.



Y como final, el resumen o conclusión que hace el propio protagonista

Y era él quien las había poseído así, quien las tenía a su merced con aquel continuo agolpamiento de mercancías, aquellas rebajas y aquellas devoluciones, con su galantería y su propaganda. Había conquistado incluso a las madres, reinaba sobre todas las mujeres con la brutalidad de un déspota, cuyo capricho llevaba la ruina a los hogares. Aquella creación suya instauraba una religión nueva; la fe tambaleante iba dejando desiertas, poco a poco, las iglesias, y su bazar las sustituía en las almas, ahora desocupadas. La mujer acudía a su establecimiento a pasar las horas ociosas, las horas estremecidas e inquietas que antes vivía en lo hondo de las capillas: necesario desgaste de pasión nerviosa; renacida lucha de un dios que oponer al marido; incesante renovación del culto al cuerpo con un más allá divino de belleza.



Fotografias de los grandes almacenes La Samaritaine, En 2001 fue adquirido por el grupo LVMH que poco antes también se había hecho con Le Bon Marché. El 15 de junio de 2005 el gran almacén fue cerrado. La razón oficial fue la necesidad de adecuar el edificio a la normativo vigente en materia de seguridad. En junio de 2008, casi tres años después del cierre, LVMH hizo publico un proyecto que pretendía la remodelación del edificio creando un hotel, comercios, oficinas y locales sociales. El proyecto choca sin embargo tanto con los propietarios históricos del gran almacén que aun conservan el 40,6 % del capital de la empresa como con el Ayuntamiento de París que ve con malos ojos la posible transformación de un edificio catalogado como Monumento Histórico.

martes, 26 de enero de 2010

El Paraiso de las Damas II




Como comentamos en nuestra entrada anterior vamos a dedicar algunas entradas al libro "El Paraíso de las Damas", podríamos extendernos bastante, pero vamos a intentar resumir los puntos que nos han parecido mas importantes o nos han llamado más la atención.

La novela nos cuenta la vida de Denise que llega a Paris a los 20 años, huerfana y con dos hermanos a cuestas. Va a casa de su tío que tiene una antigua pañería en el centro de la ciudad y que en una ocasión le ofreció trabajo, pero con el pequeño comercio en crisis, amenazado por los grandes almacenes, tiene que emplearse en un gran almacén propiedad de Octave Mouret, (el despótico monarca de la moda) llamado El Paraíso de las Damas. De sus aventuras y desventuras, y de cómo transcurre la vida dentro de los grandes almacenes en plena expansión, cotilleos y demás, sazonado con historias de amor es la trama general del libro, pero lo que nos ha llamado la atención son los textos y las frases que pronuncian sus protagonistas, si dejamos de lado el aspecto temporal (de cuando ocurre la trama) ,anecdótico de alguna de ellas y las sacamos de contexto, podría perfectamente pronunciarlas el comerciante de la esquina esta semana o la pasada. No hay que olvidar que el libro esta escrito en el año 1883.



Zola relata así cuando la protagonista ve por primera vez el gran almacén:

Denise asintió con la cabeza. …
aquellos almacenes con los que se topaba inesperadamente, aquel comercio que tan grande se le antojaba, le henchían el corazón y la atraían, aislándola de cuanto la rodeaba, presa de una emoción y una curiosidad intensas. En el chaflán que daba a la plaza de Gaillon se abría, hasta la altura de la entreplanta, la puerta principal, completamente acristalada; la enmarcaba una caprichosa ornamentación rebosante de oropeles. Dos figuras alegóricas, dos mujeres cuyo torso desnudo henchía la risa, desplegaban un rótulo que rezaba: El Paraíso de las Damas. A ambos lados, los escaparates se internaban por las calles de la Michodiére y Neuve-Saint- Augustin, en las que ocupaban cuatro edificios recientemente adquiridos y reformados.

Denise seguía absorta ante los tenderetes de la puerta principal, colocados al aire libre, en plena acera: un cúmulo de oportunidades para tentar a las clientes, para que las gangas las hicieran detenerse al pasar.



La sensación que le produce la vieja tienda que su tío tiene enfrente:

A ambos lados de la puerta, en un marco de madera del mismo verde botella del rótulo, que el tiempo había teñido de ocre y hollín, se abrían dos hondos escaparates, oscuros y polvorientos, en los que apenas se distinguían las piezas de paño que en ellos se amontonaban. La puerta, abierta de par en par, parecía la boca de un húmedo y tenebroso sótano.

En la tienda seguía habiendo un olor a viejo y una semipenumbra que eran como el llanto con que penaba por su abandono todo el comercio tradicional, bonachón y sencillo.



O las palabras del viejo tío comerciante en contra del gran empresario:

¡Siempre está inventando algo; un liante de lo más peligroso, que pondrá el barrio patas arriba si nadie se lo impide!

Pero ¿dónde se había visto una tienda de novedades en la que vendieran de todo? ¡Aquello no era más que un bazar! ¡Y el personal tampoco se quedaba atrás: una panda de jovenzuelos que más parecían mozos de estación, que baqueteaban la mercancía y a la clientela como si fueran fardos, que se despedían o se dejaban despedir por un quítame allá esas pajas, sin el menor cariño por la casa, sin tradición ni arte!



Ya habrás visto el escaparate, ¿no? Siempre coloca ahí las mejores confecciones, y, de telón de fondo, pone piezas de paño, un auténtico desfile de saltimbanquis para seducir a las mujeres fáciles... ¡A un hombre honrado se le caería la cara de vergüenza antes que recurrir a semejantes artimañas! El Viejo Elbeuf es famoso desde hace casi cien años y nunca tuvo necesidad de recurrir a semejantes engañabobos. ¡Mientras yo viva, la tienda seguirá estando tal y como la heredé, con sus cuatro piezas de muestra, a izquierda y derecha, ni una más ni una menos!



Y las teorías del nuevo comerciante:

Se había fijado éste en que la clientela arramblaba con los artículos pasados de moda, los «trastos viejos», con tanta mayor rapidez cuanto más alta era la comisión que llevaban en ellos los dependientes, y había basado en aquella observación un nuevo sistema de venta. Ahora daba participación a todos los dependientes en la venta de cualesquiera artículos y les concedía un tanto por ciento sobre el retal más pequeño, el objeto más nimio que vendiesen: era éste un sistema que había revolucionado el comercio de novedades y enfrentaba a los dependientes en una lucha por la existencia de la que se beneficiaban los patronos.



O como bajar el precio de alguna mercancía como gancho del resto de productos:

Si la ponemos a cinco sesenta, es como si perdiéramos dinero, porque tendremos que descontar los gastos, que son muy elevados... En cualquier otro sitio la marcarían a siete francos.

Perderemos unos pocos céntimos en este artículo, lo reconozco. ¿Y qué? ¿Dónde está el daño si atraemos a todas las mujeres, si las tenemos así a nuestra merced y conseguimos que pierdan el seso ante nuestras montañas de mercancías y vacíen los monederos sin llevar cuenta? Lo que hace falta, querido amigo, es encandilarlas; y para eso necesitamos un artículo que encuentre su punto flaco, que haga época. Luego ya podemos vender los demás artículos tan caros como en cualquier otra parte, porque estarán convencidas de que nosotros se los damos más baratos.



Las negociaciones con los fabricantes:

Si Gaujean no entra en razón -contestó-, Gaujean se quedará al margen... ¿De qué se quejan? Pagamos al contado, nos llevamos todo lo que fabrican; lo menos que pueden hacer es trabajar más barato... Y, además, basta con que le aproveche al público.

Por lo demás, los fabricantes no podían ya vivir sin los grandes almacenes, pues en cuanto uno de ellos dejaba de tenerlos por clientes, la quiebra era inevitable.



Y su explicación de cómo funciona el negocio de los almacenes:

Le explicaba cómo funcionaba ahora el negocio de las novedades, basado, en la actualidad, en la renovación rápida e ininterrumpida del capital, que era menester convertir en género el mayor número posible de veces dentro de un mismo año. Así era como, aquel año, su capital, que ascendía tan sólo a quinientos mil francos, había circulado por los almacenes cuatro veces, arrojando una recaudación de dos millones. Una miseria, por cierto, que no tardaría en incrementar, pues estaba seguro de que por determinados departamentos el capital podía pasar diez e, incluso, veinte veces.



Tal era el fin último al que todo se encaminaba: la continua renovación del capital; la acumulación de mercancías; la tentación de lo barato; los precios marcados, que inspiran confianza. Por lo que peleaban y competían los almacenes era por la mujer, a la que hacían caer una y otra vez en la tendida trampa de los saldos, tras aturdirla con los escaparates. Despertaban en ella nuevas apetencias; eran una tentación gigantesca antela que ella sucumbía fatalmente.



¿es o no una narración de plena actualidad? En la próxima entrada seguiremos mostrándoos como era el comercio de la época y lo poco que parece han cambiado las cosas desde entonces.

Las imagenes que ilustran esta entrada son grabados de los desaparecidos Grands Magasins du Louvre, uno de los dos en los que se inspira el libro y las hemos tomado prestadas de la curiosa pagina Web Bibliottheque National de France en su apartado dedicado a Zola

lunes, 25 de enero de 2010

El Paraiso de las Damas I




Cuando recopilábamos datos para la entrada Grandes Almacenes: Los Pioneros leímos sobre un libro que posteriormente, en un comentario, también nos mencionaba nuestro colaborador y amigo Ardilla: "El Paraíso de las Damas" (1883) de Émile Zola, en el que se plasma muy descriptivamente como surge la transformación del comercio a mediados del siglo XIX.



Hemos estado leyendo el libro en cuestión durante esta semana y nos ha asombrando por su actualidad. Documento de una época e ilustrativo de muchas de las cosas que comentamos en este blog, tanto es así que con el trasfondo del libro vamos recordar algunos aspectos y tocar otros nuevos que aparecen en "El Paraíso de las Damas" divididos en varias entradas, una novela imprescindible para todos aquellos a los que les interesa el tema del comercio. Ahí lo tenemos todo, en el contexto del París del último cuarto del siglo XIX: la pugna entre el pequeño y el gran comercio textil y de complementos; marketing; publicidad; escaparatismo; logística; el punto de vista empresarial, el del personal, el de los fabricantes y proveedores, el de los clientes; el sector de distribución, todo, en fin, aparece analizado desde una óptica que sorprende por su modernidad y actualidad.



Como ya comentamos en la entrada de Grandes Almacenes: Los Pioneros, entre 1852 y 1869 se inauguraron en París los grandes almacenes, Le Bon Marche, Les Magasin du Louvre, Le Printemps, La Belle Jardinere y La Samaritaine. Algunos de ellos aparecen en la novela junto con el de ficción que es el protagonista de la novela “El Paraiso de las Damas”.



Según nos hemos informado desde 1869 sintió Zola la tentación de escribir una novela sobre la influencia de estos nuevos comercios en la clientela femenina de la burguesía y empezó a recoger documentación para ello. A ese propósito sumó el de dejar constancia de la lucha entre el gran comercio y los pequeños comerciantes que representaba para él a la sazón el enfrentamiento entre dos conceptos diferentes de la vida. Y quiso también que la novela fuese un canto al progreso y una exposición del papel de la banca en el florecimiento de una nueva economía.



La novela esta basada en dos hechos reales, por un lado el matrimonio de Cognac, fundador de La Samaritaine con una de sus empleadas de la sección de lencería y por otro lado, el caso de Auguste Hériot, un hábil comerciante que en menos de 20 años pasó de montar Les Galeries du Louvre en el sótano del Hôtel du Louvre a adquirir todo el inmueble y convertirlo en los Grands Magasins du Louvre.



También hemos sabido que trató el tema del comercio anteriormente en otros dos libros (estos todavía no los hemos leído) "Naná" (1880) donde nos describe las galerías comerciales parisinas de "El Pasaje de los Panoramas", con sus escaparates y tiendas de todo tipo: bisutería, modistas, confitería, chocolatería, papelería, frutería, perfumista, restaurantes, etc. Y sobretodo en "El Vientre de Paris" (1873), donde el protagonista es el Mercado Central de París (Les Halles). El comercio al detalle y el comercio mayorista; las tiendas y los puestos; las subastas y el regateo; los colores, olores y ruidos del mercado; sus pabellones, instalaciones, galerías e iluminación; los clientes y los vendedores; el abastecimiento y el transporte; los horarios; en fin, todo lo concerniente a la actividad del comercio en sus sectores de flores, fruta, lácteos, aves, carne y pescado, en los que el autor se recrea.



Tanto "El Vientre de Paris" como "El Paraíso de las Damas" remiten a dos elementos fundamentales en la configuración del espacio urbano: el mercado de abastos y el almacén de novedades, que de siempre articulan la ciudad, sea antigua, medieval o moderna. Y su nueva arquitectura de hierro y cristal que contrasta con las anteriores de madera, ladrillo y piedra y marcan una nueva forma e construir, una revolución también, que se perfila como una construcción moderna, con grandes escaparates, mucha luz, espejos y cristal en contraposición con el paisaje urbano tradicional oscuro y pesado.

Las imagenes que ilustran esta entrada corresponden a fotos historicas de los Almacenes Printemps en Boulevard Haussman Paris, de los que hace unos dias os mostramos su nueva imagen.