La entrada de hoy va a ser más arquitectónica que relacionada con el comercio y vamos a dedicarla a un edificio emblemático de Madrid que el pasado año cumplió su 40 aniversario. Un auténtico ejemplo arquitectónico de como combinar la vanguardia con la funcionalidad y sobre el que se cuentan muchas historias, no todas ellas ciertas: el edifico Torres Blancas de Sáenz de Oiza.
Ya para empezar el nombre nos siembra la duda ¿Por qué se llama así, Torres Blancas, en plural, si sólo hay una y es gris?. Pues porque de todas esas historias que circulan por ahí, esta es de las pocas que es cierta, que el nombre está así, en plural, porque en principio había dos torres proyectadas.
Lo que no es verdad que la segunda se dejase de construir por problemas económicos. "Es uno de los muchos bulos que existen sobre el edificio", explica Javier Sáenz, hijo del arquitecto Sáenz de Oiza. El motivo de que solo se construyera una de las dos torres proyectadas fue por problemas de licencia. Por lo visto al Ayuntamiento le daba miedo esa arquitectura tan arriesgada y puso muchas pegas. "Ahora, para vender un proyecto necesitas una presentación multimedia, pero en los años sesenta lo que se llevaba eran los acuarelistas argentinos". Oiza encontró uno que "camuflase" lo radical del proyecto y así pudo ganar el permiso para edificar la primera torre.
Otro de los bulos mas extendidos asegura que la idea era forrar las torres de mármol blanco o, según la versión que nos cuenten, que el efecto blanco se conseguiría añadiendo polvo de mármol blanco al hormigón. Al contrario, Oiza lo concibió tal y como se aprecia en la actualidad, una mole de hormigón gris y brutal, opuesta a lo que llamó "edificios esqueleto" o de estructura de acero. La estructura del edificio es de hormigón armado, careciendo de pilares y siendo las paredes externas y la estructura vertical interna los elementos que garantizan las funciones de sustentación. "El hormigón visto estuvo siempre en el origen del proyecto, se bautizaron Blancas en honor a las pinturas y el purismo de Le Corbusier", explica también Javier Sáenz.
De Le Corbusier tomo también Oiza la idea del racionalismo de construir viviendas con jardines en altura y de Frank Lloyd Wright las propuestas organicistas de su torre Price, y el resultado fue esta síntesis personal de ambas tendencias, a la que se reconoce generalmente como una de las obras maestras del organicismo.
El edificio Torres Blancas esta situado en la confluencia de las calle Corazón de María con la Avenida de América, en Madrid. El proyecto, firmado por Francisco Javier Sáenz de Oiza, es de 1961, y las obras se prolongaron durante cinco años, desde 1964 hasta 1969. Con este edificio, su primer proyecto internacionalmente conocido, Sáenz de Oiza, que vivió en el edificio hasta su muerte en 2000, ganó el premio de la Excelencia Europea en 1974.
Torres Blancas fue un experimento arquitectónico propiciado por un cliente, Juan Huarte (propietario de la constructora del mismo nombre, Huarte), que se significó en los años sesenta del siglo XX por su apoyo a la vanguardia española, construyendo algunos de los mejores edificios de España en los años sesenta y setenta.
Huarte, se pegó con las administraciones locales para obtener las licencias, y permitió y alimentó las inquietantes ideas de Oíza, invirtiendo más de la cuenta en el edificio, se lo planteó como un mecenazgo. Oiza tuvo total libertad para experimentar: "Huarte tuvo mucha paciencia", dice el hijo del arquitecto, "la obra fue una labor de investigación que nunca se cerraba". La tesis: poner en armonía al hombre con la naturaleza, crear un árbol en el que cada vecino, independientemente de la altura de su piso, viese flores. "Yo sería feliz si las hormigas llegasen hasta arriba" dijo Oíza en una ocasión.
La pretensión de Oiza era construir un edificio de viviendas singular, de gran altura, que creciera orgánicamente, como un árbol, recorrido verticalmente por escaleras, ascensores e instalaciones, como si fueran los vasos leñosos del árbol y con las terrazas curvas agrupadas como si fuesen las hojas de las ramas. Desde la estructura que como ya hemos dicho, no se sujeta en pilares sino en rotundos muros portantes que se clavan en el suelo como raíces, hasta los detalles (maravillosos los rodapiés, los pomos, los radiadores) el arquitecto no tuvo miedo a probar.
El rascacielos, de 71 metros y 22 alturas, destinadas a viviendas y oficinas, en realidad no contiene muchas viviendas. Cuatro por planta como máximo, pero no en todas ellas, pues las hay dúplex y los tamaños varían: de 90, 200 y 300 metros cuadrados. . Una de las plantas intermedias está reservada para las instalaciones generales y en la azotea hay una serpenteante piscina.
Su planta en forma de trébol, o de esvástica, según se observe, es otra de las peculiaridades de la torre, en la que "una planta científica se convierte en una escultórica gracias a los adornos circulares", explica el hijo.
Dentro, desde el rellano hasta las terrazas de las casas, conviven con la arquitectura los elementos esculturales. Nada más entrar nos topamos con una imponente escalera de caracol que recorre la torre de abajo a arriba, a modo de columna vertebral, de grieta de luz. En los rellanos se aprecia el gresite - piezas cerámicas de origen italiano que revisten las paredes - y las formas curvas en techos y paredes.
Para ganar espacio muchos vecinos han cerrado las terrazas, unos con el plan de cerramiento que previó Oiza, otros, a su aire.
El potente gesto de la torre lo aguanta; desde la calle hay que fijarse mucho para notar los desastres. "Con esos precios, el dueño tiene que ser un aficionado, como el que tiene un coche antiguo; salvo si te gastas mucho dinero, todo lo que hagas empeora el original", dice Sáenz.
Oiza quiso recrear en este edifico toda una ciudad, donde sus habitantes pudieran recogerse pero también relacionarse, trabajar e incluso comer gracias al restaurante (hoy oficinas) de la última planta, que se comunica con todas las casas a través de un porta platos equipado con un interfono.
En los sesenta, muchos vecinos eran pilotos (por la cercanía a Barajas), hoy abundan los arquitectos. Y los artistas. Curiosamente, unas casas destinadas en origen al ocio y la vida social de las clases altas -con salones amplios y luminosos-, fueron ocupadas por personajes vinculados al mundo de las Bellas Artes y las letras. Camilo José Cela, entre otros, habitó en una de ellas, diseñadas en forma de L.Jim Jarmusch, enamorado de sus formas, coló al edificio en su último filme, y cuentan que John Malkovich tiene un piso en Torres Blancas - quizá sea otro de esos bulos - pero hijo del arquitecto, que ni lo niega ni lo confirma, cuenta que una vez se lo encontró en el ascensor.
Una parte de esta entrada se ha extraido del curioso articulo del peridodico El Pais titulado "Los bulos del arbol de hormigon " . Por otro lado os dejamos este reportaje emitido recientemente en Telemadrid donde se pueden apreciar muchos de los detalles que comentamos
Torres Blancas cumple cuarenta años.
por kuriosoblog




















































